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Martes, 20 de octubre de 2026
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A 13 minutos de Mitaka: la versión oculta de Totoro que solo se ve dentro de un museo

Hayao Miyazaki volvió al universo de su clásico de 1988 con un cortometraje pensado para una sola sala en Tokio. Nunca se editó en DVD ni se subió a ninguna plataforma, y afuera de Japón apenas se proyectó en contadas ocasiones. Una rareza absoluta del Estudio Ghibli.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
A 13 minutos de Mitaka: la versión oculta de Totoro que solo se ve dentro de un museo

Me la imagino corriendo por el pasto con el delantalito celeste, esa nena que en 1988 nos hizo creer que un bosque podía tener un dueño amable y gigante. Casi cuatro décadas después, Mei Kusakabe, la hermana menor de Mi vecino Totoro, sigue ahí, dentro de un universo que su creador, Hayao Miyazaki, eligió mantener lejos de las pantallas hogareñas. Para verla otra vez en movimiento hay que subirse a un avión.

Trece minutos que solo viven en una sala

El corto se llama Mei y el gatitobús y se exhibe desde 2002 en el Museo Ghibli, un parque temático en Mitaka, al oeste de Tokio, levantado como si fuera una villa europea de principios del siglo XX escondida entre árboles. El propio Miyazaki escribió el guion y lo dirigió. La protagonista corre una aventura nocturna junto al hijo menor del gatobús, ese autobús con cara de gato que en la película original atraviesa el bosque como si nada. Y la voz de Mei la vuelve a poner Chika Sakamoto, la misma actriz que la interpretó en el film de 1988. La música, cómo no, es de Joe Hisaishi, el compositor de cabecera del estudio.

  • Duración: 13 minutos, animación tradicional.
  • Protagonista: Mei Kusakabe, la hermana menor de Mi vecino Totoro.
  • Director y guionista: Hayao Miyazaki.
  • Voz de Mei: Chika Sakamoto, la actriz original.
  • Banda sonora: Joe Hisaishi.
  • Año: 2002.
  • Estreno exclusivo: Museo Ghibli, Mitaka, Tokio.
  • Disponible en DVD, streaming o Blu-ray: en ningún formato.

Un museo con reglas estrictas y cero registros caseros

El Museo Ghibli no es un shopping con locales de merchandising. Es un lugar pensado para recorrerse a pie, con escaleras que parecen sacadas de un cuento, un puente de hierro, sótanos que recrean la mesa de trabajo de Miyazaki y, en el piso superior, esa sala donde se proyecta el corto. Adentro no se puede filmar ni sacar fotos: la experiencia se completa al salir, no en una selfie. Y acá viene lo clave: la obra nunca fue editada en DVD, nunca se subió a una plataforma de streaming ni se comercializó en ningún soporte hogareño. La consecuencia es bien concreta y hasta un poco caprichosa: si uno quiere ver Mei y el gatitobús en las condiciones para las que fue creada, tiene que viajar hasta Mitaka.

A lo largo de estos años hubo proyecciones excepcionales fuera de Japón, en muestras y retrospectivas del estudio, pero no se repitieron ni forman parte de un circuito regular. Eso lo vuelve una de las piezas más inaccesibles del catálogo de Ghibli, una rareza que solo circuló de verdad en una sala única, con butacas limitadas y un paisaje de árboles japoneses alrededor.

Volver a Totoro catorce años después

Mi vecino Totoro se estrenó en 1988 y cuenta la historia de Satsuki y Mei, dos hermanas que se mudan al campo japonés mientras su madre pelea internada en un hospital. El film es un punto de inflexión: el lanzamiento que puso al estudio en el mapa global y la obra que todavía sigue apareciendo en cada ranking de animación de todos los tiempos. Cuando Miyazaki volvió a ese mundo en 2002, no eligió hacer una secuela larga, ni una precuela, ni un remake: eligió un relato breve, silencioso, pensado para un lugar puntual. Es una decisión que dice bastante de cómo entiende él el oficio: ciertas historias están hechas para una habitación concreta, no para el mercado.

Me quedo pensando en la cantidad de veces que vi Totoro en VHS, en DVD, en alguna plataforma, con mi hijo chiquito trepado al sillón. Y me quedo pensando en que existe un pedacito de ese universo al que no se puede entrar así nomás. ¿Viajaría yo a Tokio por trece minutos? Les soy honesta: sí, sin dudarlo. Subiría esa escalera, me sentaría en la butaca y dejaría que Mei volviera a correr por el bosque. Aunque dure lo que dura un suspiro.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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