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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A 28 años de su estreno, "Siete años en el Tíbet" sigue despertando el mismo conflicto geopolítico que cuando Pitt se puso en la piel de Harrer

Repaso por la película de Annaud que llevó a Brad Pitt al Himalaya, lo puso frente al Dalai Lama y le valió una prohibición de ingreso a China que duró casi dos décadas.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
A 28 años de su estreno, "Siete años en el Tíbet" sigue despertando el mismo conflicto geopolítico que cuando Pitt se puso en la piel de Harrer

Tengo que confesar algo antes de arrancar: nunca había prestado demasiada atención a "Siete años en el Tíbet" hasta que me puse a revisarla para esta nota. Y la primera imagen que me quedó dando vueltas fue la de esa pantalla gigante en el cine de mi barrio, allá por 1997, cuando todavía creíamos que ir a ver una película de Brad Pitt era, de por sí, un planazo de sábado a la noche. Pero esta vez no estamos hablando de un tanque de Hollywood cualquiera: estamos frente a una de esas películas que nacieron para incomodar, y que terminaron metiéndose en un quilombo diplomático que todavía hoy, casi tres décadas después, sigue dando que hablar.

Una aventura que arranca en 1939 y termina en otro mundo

La película sigue los pasos de Heinrich Harrer, un alpinista de élite que en 1939 se separa de su esposa, que está esperando un hijo, para lanzarse a una expedición por el Himalaya. El arranque suena a clásico de aventuras, y de hecho lo es: hielo, altura, peligro. Pero la Segunda Guerra Mundial le arruina el paisaje. Queda cautivo, la expedición deja de ser el centro de su experiencia y empieza el verdadero viaje, ese que no se mide en kilómetros sino en transformación personal.

Harrer consigue escapar después de años de encierro y su derrotero lo deposita en el lugar donde vive el Dalai Lama. Ahí es donde la narración pega un volantazo: lo que hasta entonces era una historia de supervivencia se convierte en el retrato de una amistad improbable entre un austríaco perdido y un líder espiritual en plena formación. Es, también, el momento en que Pitt deja de ser "el rubio de Hollywood" para meterse en la piel de un tipo que se va desarmando por dentro mientras camina por las montañas más altas del planeta.

Lo que se ve en pantalla y lo que pasó afuera del cine

  • El relato combina dos planos: la aventura personal de Harrer y el contexto político del Tíbet, incluida la preparación china para la invasión que terminó ocurriendo.
  • La película está basada en el libro autobiográfico del propio Harrer, publicado en 1953, y reconstruye con bastante detalle su vínculo con el Dalai Lama, que en ese momento era apenas un adolescente.
  • En 1997, China prohibió todos los estrenos de Sony en su territorio como castigo por el rodaje, una decisión que se mantuvo durante todo ese año.
  • Tanto Brad Pitt como el director Jean-Jacques Annaud fueron incluidos en listas de prohibición de ingreso al país asiático, en un principio de manera indefinida.
  • Las restricciones se fueron aflojando con el tiempo: Annaud pudo entrar en 2012 y hasta llegó a filmar allí "El último lobo"; Pitt recién pudo pisar China en 2014.

Una película que todavía incomoda

A mí lo que más me sigue llamando la atención, cada vez que vuelvo sobre esta historia, es la cantidad de cosas que se cruzaron alrededor de un simple estreno cinematográfico. Estamos hablando de un film de aventuras con estrellas de Hollywood que terminó provocando una crisis diplomática, restricciones comerciales a un estudio entero y prohibiciones de ingreso que tardaron casi veinte años en caer. Annaud, que ya había demostrado con "El nombre de la rosa" y "El oso" que se le da bien meterse en territorios complejos, volvió a jugársela con una historia que sabía que iba a molestar.

Y sin embargo, cuando uno la mira en frío, lo que cuenta es bastante sencillo: un hombre que se pierde físicamente y se encuentra espiritualmente, en uno de los paisajes más impactantes del planeta. Esa combinación de aventura clásica y proceso íntimo es la que la mantiene viva, incluso para los que -como yo hasta hace poco- la teníamos medio olvidada en el rincón de los recuerdos del videoclub. Hoy, a 28 años de su estreno, "Siete años en el Tíbet" sigue siendo esa rareza: una película que incomoda a los gobiernos pero que, en la butaca, sigue funcionando como lo que siempre quiso ser, una invitación a mirar el mundo desde otra altura.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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