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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A los 49, Sepúlveda se calza otra vez las zapatillas: vuelve al rectángulo para jugar en Plottier

El histórico del básquet argentino, cinco veces ascensorista a la Liga Nacional, sale del retiro tras el pedido de sus hijas y se suma al Torito de Plottier para el Prefederal de Neuquén. Lo mueve la familia, lo sostiene la rutina y lo frena la lógica del físico.

CB
Cristian BustosDeportes · · 5 min de lectura
A los 49, Sepúlveda se calza otra vez las zapatillas: vuelve al rectángulo para jugar en Plottier

Mario Sepúlveda tiene 49 años, cinco ascensos a la Liga Nacional en el lomo y un retiro anunciado en 2023, cuando se le terminaron los minutos en el Federal. Dos años después, el histórico del básquet argentino vuelve a tirarse al parquet: firmó con Centro Español de Plottier, el Torito, para disputar el Prefederal de Neuquén. Y la noticia, claro, sacudió al ambiente.

Porque Sepúlveda no es uno más. Es de esos apellidos que cualquier hincha que pisó una cancha federal en los últimos veinte años reconoce al toque: base con gol, conductor con oficio, que te hacía ganar un partido con un corte y una definición en la pintura. Verlo de nuevo en una planilla, a esta altura de la vida, tiene algo de milagro y algo de sentido común. Lo primero que uno piensa, viéndolo desde afuera, es: ya fue, esto es una despedida simbólica. Pero cuando uno lo escucha hablar, se da cuenta de que no. No es un homenaje: es un contrato, con entrenamientos Sub 21 los lunes, miércoles y viernes, y con el cuerpo respondiendo cada vez un poquito mejor.

Una vuelta que arrancó de casualidad

El propio Sepúlveda lo contó con una frase que define todo: fue sin querer queriendo. Después de colgar las zapatillas, el físico le pedía movimiento y la cabeza le pedía rutina. Iba al gimnasio cuando podía, o sea casi nunca, hasta que un día se prendió a los entrenamientos de los chicos Sub 21 del club. Volvió el hábito. Y con el hábito, el hambre.

“Me propuse jugar la segunda parte del año con los chicos y me encontré que había Prefederal. La responsabilidad y la exigencia escalaron mucho más de lo que pensaba.”Mario Sepúlveda

Ahí entendió que la cosa iba en serio. No era un picadito de viernes con los pibes del club: era un torneo de ascenso, con viajes, con rivales que le van a exigir piernas y pulmones. Por eso mismo aclara, sin vueltas, dónde están sus limitaciones. Sabe que el básquet evolucionó, que la preparación física hoy es otra cosa, y que a los 49 el principal enemigo no es el rival: es el reloj biológico del propio cuerpo.

“El básquet ha evolucionado mucho en la parte física, que es en la que más ventajas voy a dar, sobre todo en la recuperación después de jugar.”Mario Sepúlveda

Las hijas como punto de inflexión

Pero lo que terminó de empujarlo al rectángulo no fue ni el físico ni la nostalgia: fueron sus hijas. Juana, de 17, futbolista en Talleres. Charo, de 14, basquetbolista en el mismo Centro Español. Las dos venían cargando el pedido a domicilio. Y cuando el padre les tiró el anzuelo, medio en chiste, se encontraron con una reacción que no esperaban.

“Cuando les dije en broma que volvía encontré en sus caras una felicidad que no lo podía creer. Se largaron a llorar de la felicidad.”Mario Sepúlveda

Ahí se cayó. No hubo más dudas. También Naty, su compañera de vida, fue parte de ese piso emocional sin el cual ninguna decisión de este tipo se sostiene. Lo dice él, no lo digo yo. Lo aclaro porque a veces uno, desde el comentario, se llena la boca de lugares comunes sobre la familia y termina escribiendo una postal cursi. Acá lo que hay es un tipo que reconoce, con todas las letras, que sin sus hijas y su mujer esto no pasaba.

El básquet argentino, una comunidad que todavía lo abraza

  • 49 años: la edad del retorno, después de un retiro anunciado en 2023 tras su paso por el Federal.
  • Cinco ascensos a la Liga Nacional en el historial: por eso el apellido pesa en cualquier liga del país.
  • Centro Español de Plottier, el Torito, será su nuevo club en el Prefederal de Neuquén.
  • Entrenamientos con la Sub 21 los lunes, miércoles y viernes como método para recuperar ritmo sin quemarse.
  • Juana (17, futbolista en Talleres) y Charo (14, basquetbolista en el club) fueron el motor de la decisión.
  • Naty, su compañera de vida, aparece como el sostén cotidiano que hizo posible pegar la vuelta.

Sepúlveda cuenta, con tono de gratitud genuina, que la noticia fue recibida como una fiesta por la comunidad del básquet argentino. Y uno, que lleva años siguiendo este deporte desde abajo, lo entiende perfectamente: este hombre no es un retirado cualquiera, es un símbolo de los ascensos de los clubes del interior, de esos planteles que armaban temporada a temporada con el bolsillo flaco y el corazón enorme. Verlo de nuevo en una planilla es, para muchos, como ver a un viejo amigo salir a la cancha con la camiseta puesta.

Ahora bien, ¿puede un jugador de casi medio siglo aportar en serio en un torneo de ascenso, o esto es más un cuento emotivo que un proyecto deportivo? La respuesta honesta es: depende del cristal con que se lo mire. Si se le mide por estadísticas, por minutos de calidad y por capacidad de marcar diferencia contra rivales mucho más jóvenes, el margen es finito y el reloj corre. Si se le mide por liderazgo, por experiencia en partidos calientes y por el plus anímico que le da a un plantel, el crédito es infinito. Conociendo a Sepúlveda, va a intentar ambos. Pero el básquet, como él mismo lo dice, cambió mucho. Y el cuerpo, a los 49, no negocia.

Lo concreto: Sepúlveda ya está entrenando con la Sub 21 del Torito y se prepara para la segunda parte del año en el Prefederal neuquino. El próximo rival en la agenda no lo define la AFA, lo define la rutina: lunes, miércoles y viernes con los chicos del club, hasta que llegue el debut oficial y la cancha le diga de qué está hecho a esta altura. Yo, por las dudas, voy a estar mirando.

CB
Cristian BustosDeportes

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