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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Adelgazar de más no es ganar salud: lo que el cuerpo empieza a perder cuando la grasa cae demasiado bajo

Más allá del peso en la balanza, especialistas advierten que llevar las reservas de grasa a niveles muy bajos puede complicar el funcionamiento hormonal, debilitar los músculos y hasta comprometer la respuesta del organismo frente a una infección grave. Especialistas explican por qué no existe un porcentaje ideal único y qué señales conviene atender.

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Marta VillalbaSociedad · · 5 min de lectura
Adelgazar de más no es ganar salud: lo que el cuerpo empieza a perder cuando la grasa cae demasiado bajo

El viento húmedo del Río de la Plata se cuela esta tarde por la ventana de mi escritorio mientras releo los papeles que me llegaron sobre la grasa corporal y me quedo pensando en algo que escuché la semana pasada en un café de San Telmo, donde un vecino al que conozco de toda la vida, Osvaldo, me dijo, mientras revolvía un cortado, que él estaba orgulloso de haber bajado cinco kilos en un mes y medio a fuerza de dejar el pan y las pastas. Le brillaban los ojos. Yo le pregunté si se había controlado algo más que el peso y se quedó callado, con la cuchara suspendida sobre el pocillo, como si la pregunta le hubiera caído encima como un baldazo de agua fría. Esa imagen vuelve ahora, mientras pasan frente a mí las palabras de investigadoras e investigadores que llevan años estudiando qué pasa cuando las reservas de grasa se llevan a niveles demasiado bajos, incluso en personas que entrenan duro.

Porque la grasa corporal, esa que muchas veces miramos como enemiga en el espejo, no es un adorno que el cuerpo carga por descuido: es un tejido que almacena energía y que participa de lleno en la regulación hormonal. Llevar esas reservas a un punto demasiado bajo, coinciden especialistas de distintas universidades, puede alterar funciones del organismo que uno ni se imagina. Y lo más interesante, para mí, es que un número suelto, el famoso porcentaje que aparece en la balanza del gimnasio, no alcanza para decir nada serio sobre la composición real del cuerpo.

Un número no cuenta toda la historia

La edad, el sexo y la forma en que se distribuye el tejido adiposo influyen en cómo hay que leer ese dato. Y las herramientas de medición no son todas iguales ni todas confiables del mismo modo. Una balanza de bioimpedancia, esa que uno se sube con los pies descalzos en el gimnasio, puede dar resultados muy distintos según cuán hidratado esté el cuerpo esa mañana, así que lo que un día marca 14 puede al otro día marcar 18 sin que haya cambiado realmente nada. Los pliegues cutáneos, esos que mide el profesor de educación física con un calibre, sirven para otra cosa, pero no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más preocupa a los médicos.

La densitometría DEXA, en cambio, distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y suele ser costosa, así que no está al alcance de cualquiera. Ese fue, sin embargo, el método que se utilizó en un estudio con más de setecientos deportistas, en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. Los mínimos registrados en ese trabajo fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, muy lejos del uno o dos por ciento que suele mencionarse cuando se habla de definición muscular, esa estética marcada que se ve en las tapas de las revistas y en las redes sociales, como si fuera un ideal al que todos tuviéramos que aspirar.

Qué puede empezar a fallar

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y eso a mí, que tengo un par de amigosEntrenando duro, me preocupa mucho. Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación, o sea, que lo que parece un logro en el espejo puede ser, por dentro, un problema serio para los huesos y para la fuerza.

  • En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir, junto con la energía y el rendimiento físico. En deportistas mujeres, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o falta de menstruación. Disponer de pocas reservas dificulta, según los especialistas, la respuesta del organismo frente a infecciones graves.

Estas consecuencias se entienden mejor si se recuerda lo que cumple el tejido adiposo en el cuerpo. Además de guardar combustible para cuando hace falta, produce leptina, una hormona que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible, una especie de mensaje químico que le dice al organismo si hay margen para gastar o si hay que guardar. Si esa señal cae porque las reservas están en el piso, el cuerpo puede relegar funciones para ahorrar recursos, como si apagara estufas en una casa donde empieza a faltar el gas.

“Cuando las reservas caen demasiado, el organismo empieza a priorizar lo urgente y deja en segundo plano lo que parece menos vital, y eso incluye funciones que uno da por sentadas.”Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford

El exceso también importa, claro que sí, y sobre todo cuando la grasa se concentra alrededor de los órganos, esa que se llama visceral y que los estudios asocian con más riesgo de problemas metabólicos. Pero el punto central de todo esto, el que me llevo a casa después de varias horas de lectura y varias tazas de mate, es que bajar no siempre es mejor, y que un cuerpo con muy poca grasa no es un cuerpo más sano sino, muchas veces, un cuerpo que empieza a fallar en silencio. Pienso en Osvaldo, en su cuchara suspendida sobre el cortado, y me propongo llamarlo mañana para contarle todo esto, sin apuro, con un buen café de por medio y el viento de la tarde entrando por la puerta.

Por Marta Villalba, Sociedad.

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Marta VillalbaSociedad

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