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Martes, 20 de octubre de 2026
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Antes de la tos y la fiebre: las señales silenciosas que pueden anticipar una neumonía

El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas pueden aparecer varios días antes que los síntomas clásicos. Especialistas insisten en no subestimarlos, sobre todo en mayores de 65 años y personas con defensas bajas.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Antes de la tos y la fiebre: las señales silenciosas que pueden anticipar una neumonía

Son las siete de la mañana en un barrio cualquiera de la provincia y el aire todavía carga esa frescura húmeda que se queda pegada a la piel después de una noche de tormenta. Mientras camino hacia la parada del colectivo, me cruzo con Marta, una vecina de San Isidro que conozco hace años y que hoy me frena con cara de preocupación. Me cuenta que su marido, Ernesto, lleva casi una semana con un cansancio que no se explica, que se queda sin aire subiendo las escaleras y que apenas come, pero que no tuvo fiebre ni tos hasta ayer a la noche. Me dice, casi en voz baja, que le preocupa que sea algo del pecho. Y mientras le sugiero que vaya a hacerse ver, pienso que el caso de Ernesto no es una excepción: la neumonía suele anunciar su llegada mucho antes de la tos y de la fiebre, y es justamente esa primera señal silenciosa la que puede hacer la diferencia entre un cuadro leve y una internación.

Un cuadro que no siempre arranca como uno se lo imagina

La neumonía es una infección pulmonar que inflama los alvéolos y los llena de líquido o de pus, y por eso cuesta tanto que el oxígeno llegue al resto del cuerpo. Aunque la mayoría de la gente la asocia con la tos con flema y la fiebre alta, lo cierto es que muchas veces la enfermedad empieza con un cansancio profundo y con una respiración más agitada de lo normal, y recién varios días después aparecen los síntomas que todos conocen. La causa puede ser bacteriana, viral o fúngica, y entre las bacterias más frecuentes aparecen el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae, mientras que virus de la gripe o del covid-19 también pueden derivar en este cuadro. La evolución cambia según el germen, la edad y el estado de salud previo, y por eso conviene prestarle atención a esas primeras molestias que parecen un resfrío pero no terminan de resolverse.

“La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos. Si bien la tos es casi universal, algunas personas no tienen mucha fiebre.”Gerald Weinhouse, neumonólogo de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham

A qué hay que prestarle atención antes de que el cuadro se complique

  • Cansancio intenso y persistente que aparece sin causa clara y no mejora con el reposo.
  • Respiración más rápida de lo habitual o sensación de falta de aire ante esfuerzos pequeños.
  • Latidos acelerados, náuseas, falta de apetito y malestar general que se sostienen por varios días.
  • Presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental, como confusión repentina, somnolencia excesiva o desorientación, que requieren consulta médica inmediata.
  • Fiebre persistente de 39 grados o más, dolor en el pecho al respirar, tos que no cede o síntomas que vuelven después de una mejoría inicial.

El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, fue muy claro al describirlo: la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos, y si bien la tos es casi universal, algunas personas no tienen mucha fiebre. En los mayores de 65 años, en personas con las defensas comprometidas y en pacientes con enfermedades crónicas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal, así que la ausencia de fiebre no descarta la enfermedad. Los grupos con mayor vulnerabilidad incluyen a bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores y quienes conviven con problemas cardíacos, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o están bajo tratamientos que bajan las defensas, y entre las complicaciones más temidas figuran la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, bacterias en sangre, abscesos pulmonares e insuficiencia respiratoria que puede terminar en internación.

Cuando termino la nota en mi cabeza, mientras el viento fresco de la mañana empieza a levantar las hojas en la vereda, vuelvo a pensar en Ernesto y en Marta, en esa conversación corta en la puerta de casa donde una vecina preocupada me terminó de confirmar algo que los especialistas vienen repitiendo: que la neumonía suele dar avisos antes de la tos y de la fiebre, y que prestarle atención a esos avisos, por mínimos que parezcan, es la forma más razonable de cuidarse uno y de cuidar a los que uno quiere.

MV
Marta VillalbaSociedad

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