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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Arabella, una noche rota y la apuesta de Michaela Coel que cambió las reglas del juego

La miniserie de doce capítulos que la británica escribió, codirigió y protagonizó para contar, en primera persona, la reconstrucción de una agresión sexual. Un recorrido por su origen autobiográfico, la pelea con Netflix y una pregunta que sigue vigente.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Arabella, una noche rota y la apuesta de Michaela Coel que cambió las reglas del juego

Imaginen la pantalla encendiéndose sobre una mesa desordenada, copas a medio vaciar, luces de neón rebotando en una cara que todavía no sabe lo que pasó. Esa es la imagen que abre Podría destruirte, la miniserie que Michaela Coel estrenó en junio de 2020 y que, capítulo a capítulo, se fue convirtiendo en una de las piezas más comentadas de la televisión reciente. Son doce episodios que arrancan con una salida nocturna entre amigos y terminan, o más bien empiezan de verdad, cuando la protagonista entiende que esa noche no fue como ella la recuerda.

La historia sigue a Arabella, una escritora joven que viene de celebrar el éxito de su primer libro y está entregada a la escritura del segundo. Una noche sale con su grupo de amigos, bebe, se divierte, y a la mañana siguiente se despierta con la sensación de que algo no encaja. Le duele la cabeza, le duelen los recuerdos, le faltan pedazos. Lo que empieza como una resaca y un intento por reconstruir lo ocurrido se transforma, con la ayuda de sus amigos y de un proceso lento y doloroso, en la confirmación de algo tremendo: Arabella fue víctima de una violación.

Una historia escrita desde la propia experiencia

Lo que vuelve a Podría destruirte una serie distinta no es solo el tema, sino de dónde sale. Michaela Coel no se limitó a escribir el guion: también codirigió la serie y se puso en la piel de Arabella. La ficción nació, como ella misma contó en varias entrevistas, de una experiencia autobiográfica. Esa condición atravesó cada decisión del proyecto, incluso las que se toman antes de rodar.

Cuando Netflix mostró interés en producirla, la plataforma planteaba quedarse con la totalidad de los derechos sobre la obra. Coel dijo que no. Su argumento fue tan simple como contundente: no estaba dispuesta a entregar la propiedad de una historia basada en una agresión que ella misma había sufrido. Las conversaciones no prosperaron y el acuerdo nunca se cerró. La serie terminó encontrando su camino por fuera de ese gigante del streaming y se emitió originalmente por la cadena británica BBC, en coproducción con HBO.

Crítica en lo más alto, audiencia de a poco

La recepción fue de esas que dividen aguas. Mientras la crítica especializada la recibió con una valoración ampliamente positiva, las audiencias televisivas tradicionales fueron más bien acotadas, con números modestos para una producción de ese perfil. Lo interesante es lo que pasó después: con el correr de los meses, y empujada por el boca a boca y por la disponibilidad en plataformas de streaming, la serie fue sumando público de manera progresiva y su reconocimiento fue creciendo con el tiempo.

Ese recorrido, sin embargo, no se tradujo en el Emmy a mejor miniserie de 2020: esa noche el premio quedó en manos de Gambito de dama, la producción de Netflix que ese año dominó la conversación global. La ironía quiso que la serie que Coel había rechazado hacer con la plataforma fuera, justamente, la que se llevó el reconocimiento máximo.

Si me dejan cerrar con una opinión, les digo lo siguiente: hay veces que una serie se mira y se comenta, y hay veces que una serie se siente. Podría destruirte pertenece a la segunda categoría. A mí, que la vi ya pasados unos meses de su estreno, me golpeó especialmente ese modo tan suyo de mezclar la fiesta, la risa, el cariño de los amigos y, debajo de todo, el horror de una memoria que se resiste a volver. Entiendo perfecto que no sea una serie fácil ni para cualquier noche: pide atención, pide predisposición, pide quedarse cuando el cuerpo te pide mirar para otro lado. Pero justamente por eso, porque elige incomodar en lugar de entretener sin más, me parece una de las propuestas más valientes que dio la televisión en los últimos años. Y cada vez que alguien me pregunta por dónde empezar a ver series nuevas, la tengo muy presente. ¿A ustedes qué les pesa más a la hora de elegir una miniserie: el tema, el elenco, la crítica o el modo en que llegó al público?

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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