Caminar, dormir y respirar: el plan de tres pasos que una fisioterapeuta recomienda para cuidar la vida sexual sin caer en el exceso
Erika Lydon, especialista en suelo pélvico, propone empezar con caminatas cortas y avanzar de a poco, porque el ejercicio bien dosificado mejora la circulación y el descanso, pero entrenarse de más puede apagar el deseo.

La rutina arranca temprano en Haedo, todavía con la fresca de un lunes de agosto, y Marta se calza las zapatillas a las siete de la mañana para caminar quince minutos por la calle Rosario. Es algo chico, casi insignificante, pero ese tramo diario es el punto de partida que propone Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, cuando alguien le pregunta cómo empezar a moverse sin frustrarse a los dos días, y la recomendación empieza por lo más simple que se puede sostener.
La idea de fondo, según cuenta la especialista, es elegir algo que resulte agradable y posible de mantener en el tiempo, porque la consistencia es la que termina construyendo beneficios que también pueden llegar a la vida sexual, no porque el ejercicio sea una cura directa para el bajo deseo sino porque mejora varias de las patas que la sostienen, desde la circulación hasta el humor, pasando por el sueño.
Una referencia general, no una receta única
Como cifra de referencia para la mayoría de las personas, Lydon menciona sumar 150 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, o 75 minutos si la intensidad es alta, y agregar dos jornadas de trabajo de fuerza. Esa pauta apunta a la salud general, no constituye un tratamiento específico para la falta de libido ni garantiza cambios en el deseo, y la salud y el estado emocional de cada persona siguen pesando en el resultado.
- Antes de sumar ejercicios específicos conviene atender las molestias y consultar a un profesional de salud o de fisioterapia de suelo pélvico si aparece dolor o inquietud por el desempeño sexual, ya que esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, aunque no siempre necesita fortalecerse.
- Los ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros: si los músculos quedan contraídos o les cuesta relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas.
- Entrenar de más, sin alimentarse bien ni descansar lo suficiente, puede terminar afectando el deseo, advierte la especialista, que pide mirar al cuerpo como un sistema completo y no como una sumatoria de músculos aislados.
Por qué moverse puede ayudar
Entre los mecanismos que pueden explicar los beneficios del movimiento aparece, en primer lugar, la circulación. Lydon señala que el trabajo aeróbico cuida al corazón y a los vasos sanguíneos, y facilita que llegue sangre a los órganos sexuales, y ese flujo interviene en la erección y puede colaborar con la excitación y la función sexual femenina.
“La tensión sostenida puede dificultar el interés sexual, mientras que el ejercicio ayuda a mejorar el ánimo y facilita la relajación, y el entrenamiento de fuerza puede colaborar con procesos vinculados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico
Los tiempos, eso sí, no son iguales para todos, y los primeros cambios que se perciben suelen ser dormir mejor o sentirse menos estresado, que pueden aparecer antes que cualquier modificación en la respuesta sexual, que tiende a llegar de manera más lenta y depende también de lo que cada persona atraviese en su vida cotidiana. Por eso, antes de medir resultados en la intimidad, conviene celebrar que esta mañana el viento ya paró, que el asfalto todavía está húmedo y que Marta completó los quince minutos, una vuelta más en el camino de cuidarse.
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