Claude se anota como delegado de mesa en las legislativas de Estados Unidos

¿Cuándo un chatbot deja de ser un chatbot y empieza a comportarse como una secretaria de escuela que te recuerda dónde te toca votar? Cuando la empresa detrás del modelo decide meterle datos electorales en la vena. Eso fue lo que acaba de anunciar Anthropic con Claude, el asistente de inteligencia artificial que, dicho en criollo, viene a ser un programa que responde preguntas como si fuera un amigo que sabe de todo, pero que en realidad es una computadora con ínfulas de sabiondo.
La movida es concreta: a partir de ahora, cuando un usuario estadounidense le pregunte dónde vota, qué documento llevar o qué fecha tiene que tener marcada en la heladera con imán, Claude va a responder con datos oficiales extraídos de las bases que mantiene Democracy Works, una organización sin fines de lucro, o sea sin fines de ganar plata, dedicada a juntar información cívica. Lo interesante del asunto es que el usuario no va a tener que salir del chat: no hay link, no hay ventanita nueva, no hay excursión a otro sitio. La respuesta llega ahí mismo, en la misma pantalla donde uno le estaba preguntando cómo hacer un risotto.
¿Qué se le puede preguntar al bot antes de ir a votar?
- Dónde me toca votar según el estado y la dirección registrada.
- Qué documento de identidad me piden para presentar en la mesa.
- Cuáles son las fechas clave del calendario electoral, incluidos los plazos de inscripción anticipada.
- Cómo es el procedimiento para votar por correo o de forma anticipada.
- Resultados provisorios y recuentos oficiales durante la noche del escrutinio.
La sigla IA, que significa inteligencia artificial, viene a ser en el fondo lo mismo que un perito que sabe de todo pero nunca pisó una escuela: puede leer los manuales al revés y al derecho, pero la cocina del comicio la conoce de oídas. En este caso, la cocina se la acerca Democracy Works, que mantiene registros abiertos con la información de cada estado. La sigla API, que significa interfaz de programación de aplicaciones, vendría a ser como el cable que conecta la antena del Estado con el cerebro del chatbot: un enchufe técnico mediante el cual Claude se conecta directo a esas bases oficiales y le devuelve al usuario lo que encuentra, en lugar de mandarlo a Googlear.
¿Cuánta gente le pregunta al bot por la votación?
Anthropic publicó sus números internos y la foto es curiosa. Las consultas explícitas sobre el proceso de votación representan apenas el 0,51% del tráfico total en el segmento de consumo. Para ponerlo en palabras de tranquera: de cada cien personas que usan el servicio, solo media le pregunta algo vinculado a cómo se vota. Las conversaciones sobre política y temas sociales en sentido amplio trepan al 5,75%, y los pedidos de recomendación sobre a quién votar son el 0,01%: un sílbido fino en la estadística. La mayoría de la gente le sigue preguntando al bot, por lo que se ve, cómo se cocina una torta o cómo se redacta un mail al jefe.
La compañía también confirmó haber desactivado cuentas que intentaron usar el modelo para fabricar noticias falsas y armar sitios fraudulentos orientados a cobrar publicidad, o sea plata de avisos en internet. En criollo: había gente intentando pedirle al bot que les escribiera fake news como si fueran medio pelo. Anthropic las bajó en el acto, lo cual no impide hacerse la pregunta obvia: ¿cuántas llegaron a zafar antes de que los agarraran?
El trasfondo de todo esto sigue siendo el mismo de siempre: ¿se puede confiar en que un modelo de lenguaje, es decir un programa que predice palabras como si encajara piezas de un rompecabezas, maneje información electoral sin meter la pata? La propia Anthropic admite que el uso de estas herramientas en períodos electorales abre preguntas abiertas, que es una forma elegante de decir que ni ellos tienen la respuesta. Mientras tanto, la señal sigue sin llegar.
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