Cuando el ánimo cae y el cuerpo pide cuenta: la propuesta de revisar la mesa antes que el diagnóstico
La psicóloga Kimberley Wilson sugiere que la evaluación de la salud mental contemple la alimentación, el descanso y el movimiento, sin reemplazar la terapia ni los medicamentos. Una conversación con lectores que llevan años cargando cansancio, apatía y bajo estado de ánimo.

La mañana empieza tibia en Lanús, con una brisa que arrastra olor a panadería desde la esquina. En la sala de espera de la psicóloga, Roberto, de 53 años, se acomoda en la silla y me dice, casi en voz baja, que está cansado desde hace meses y que ya no sabe si le pasa algo en la cabeza o en el cuerpo. La escena se repite en consultorios de toda la provincia de Buenos Aires: personas que llegan con fatiga, falta de concentración y un desánimo que no se va, y se encuentran con que el profesional les pregunta, antes que nada, qué comen, cómo duermen y cuánto se mueven.
Esa manera de mirar el padecimiento mental es la que viene difundiendo la psicóloga británica Kimberley Wilson, que plantea incorporar a la evaluación clínica preguntas sobre alimentación, descanso y movimiento, junto con los antecedentes personales y las situaciones de estrés. No se trata de reemplazar la psicoterapia ni la medicación cuando hacen falta, sino de sumar variables que muchas veces quedan afuera de la consulta.
La mesa también habla
Wilson sostiene que el cerebro necesita nutrientes específicos para funcionar, y menciona entre los más relevantes a las vitaminas B3 y B12, el zinc, el selenio y los omega-3. Una deficiencia de estos componentes no genera por sí sola un trastorno mental, aclara, pero puede empeorar síntomas como el cansancio persistente, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo.
- Pescados azules como sardina, salmón y caballa, fuente principal de omega-3, con al menos una porción semanal recomendada.
- Frutos secos, semillas y legumbres, que aportan zinc y selenio.
- Huevos, carnes y lácteos, fuentes de vitamina B12, a revisar en dietas vegetarianas o veganas.
- Verduras de hoja verde y cereales integrales, vinculados al complejo de vitaminas B.
Para quienes siguen una dieta vegetariana o vegana, la especialista británica recomienda consultar con un profesional de la salud sobre las opciones de suplementación, ya que la vitamina B12, por ejemplo, se obtiene casi exclusivamente de productos animales. La idea central es identificar carencias concretas antes de atribuir todos los malestares a un cuadro emocional.
La experiencia en la cárcel de Holloway
Wilson contó que su interés por esta relación se afianzó mientras trabajó en la prisión de mujeres de Holloway, en Londres, donde observó con frecuencia dificultades de regulación emocional vinculadas con carencias alimentarias. También mencionó ensayos clínicos aleatorizados realizados en contextos carcelarios que asociaron la administración de micronutrientes con una disminución de episodios violentos. La especialista aclara, sin embargo, que esa asociación no permite reducir toda la conducta de una persona a su dieta.
El enfoque que propone incluye además el sueño, el sedentarismo, el consumo de sustancias, los conflictos personales y el estrés laboral. Los cambios de hábitos, advierte, pueden tardar meses en percibirse, por lo que pide paciencia y constancia a quienes decidan transitar ese camino.
“Una persona con experiencias traumáticas puede necesitar terapia especializada, mientras que alguien con anemia o una alimentación muy restrictiva podría mejorar parte de sus síntomas al corregir una carencia concreta. La psicoterapia y los medicamentos siguen formando parte de ese abordaje cuando resultan necesarios.”Kimberley Wilson, psicóloga
Afuera, el viento cambió y trae algo de fresco. Roberto se levanta de la silla, paga la sesión y se detiene en la vereda a pensar qué le dijo la profesional sobre la merienda, las legumbres y las horas de sueño. No es un milagro, me dice antes de irse, pero por primera vez en mucho tiempo alguien le preguntó por la mesa antes que por la cabeza.
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