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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando un mensaje corto se vuelve una discusión: por qué el cerebro completa lo que la pareja no dijo

Las psicólogas Karina Carreño y Marina Mammoliti explican cómo los miedos y las experiencias pasadas transforman una respuesta breve en motivo de pelea, y qué herramientas concretas recomiendan para cortar ese circuito antes de que la confianza se resquebraje.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Cuando un mensaje corto se vuelve una discusión: por qué el cerebro completa lo que la pareja no dijo

El teléfono vibra sobre la mesa del living y la pantalla muestra una respuesta seca, apenas tres palabras, sin un emoji ni un signo de pregunta que abra el diálogo. En la casa de Mirta, en Morón, el calefactor sigue soplando aire tibio contra el piso de baldosa y afuera, desde temprano, sopla un viento frío del sudoeste que arrastra hojas secas por la vereda. Mirta me cuenta que ese mensaje, el de ayer a la noche, le arruinó la cena, porque su pareja, en lugar de escribir lo que de verdad pasaba, eligió una fórmula rápida y ella se quedó dando vueltas alrededor de la pantalla hasta convencerse de que algo andaba mal. Esa escena, que se repite en miles de hogares argentinos, es el punto de partida de una conversación que las psicólogas Karina Carreño y Marina Mammoliti quieren ayudar a desarmar antes de que se convierta en una pelea.

Lo primero que ambas especialistas recomiendan es un ejercicio que parece sencillo y que en la práctica se aplica: distinguir lo que efectivamente ocurrió de lo que cada uno le agrega después. La neuropsicóloga Karina Carreño lo explica con un ejemplo bien concreto: que la pareja haya contestado con pocas palabras es un dato verificable; que esté enojada o distante ya es una interpretación, y esa diferencia es la que marca si uno se queda en el hecho o se dispara hacia una historia armada con retazos de experiencias anteriores. "Cuando la información sobre lo que siente el otro no aparece, el cerebro intenta anticiparla", resume Carreño, y para completar ese hueco recurre a viejas inseguridades, a miedos guardados y a escenas que todavía duelen.

El peso de las experiencias pasadas

La psicóloga Marina Mammoliti, por su parte, pone el acento en la emoción que aparece mientras se lee el mensaje. Para ella, antes de intentar descifrar al otro conviene detenerse y preguntarse qué nos está pasando a uno frente a ese silencio, a esa respuesta breve o a esa demora. Un pedido legítimo de estar un rato a solas, señala, puede leerse como indiferencia cuando existe miedo al abandono; una respuesta seca puede parecer desprecio si hay antecedentes de infidelidad o baja autoestima. "Las experiencias dolorosas influyen en cómo leemos las conductas de la pareja", advierte Mammoliti, y agrega que esa lectura condicionada alimenta después la búsqueda de confirmaciones y la pulsión por controlar al otro, dos movimientos que suelen profundizar el conflicto en lugar de resolverlo.

“Que la pareja haya contestado con pocas palabras es algo comprobable; que esté molesta, en cambio, ya es una interpretación, y esa diferencia es la que define si uno se queda en el hecho o se dispara hacia una historia armada con retazos de experiencias anteriores.”Karina Carreño, neuropsicóloga
  • Distinguir el hecho de la interpretación: registrar qué pasó concretamente antes de atribuirle una intención que no fue dicha.
  • Reconocer la emoción propia: identificar si lo que aparece es miedo, enojo o inseguridad, en lugar de focalizar solo en lo que supuestamente siente el otro.
  • Regular la ansiedad: respirar, pausar la respuesta y evitar escribir en caliente, porque la urgencia suele alimentar la lectura catastrófica.
  • Preguntar de manera directa y concreta, en vez de exigir certezas: pedir aclaraciones sin malas intenciones disminuye la incertidumbre y la alerta.
  • Aceptar que no siempre habrá respuesta inmediata: aprender a convivir con la espera sin inventar significados para llenar el vacío.
  • Volver a los hechos antes de reaccionar: cuando la discusión empieza, anclar la conversación en lo observable y no en conjeturas.

El problema aparece, según coinciden las dos profesionales, cuando esas conjeturas empiezan a dirigir las respuestas y se instalan como si fueran datos. Carreño describe discusiones enteras originadas en situaciones imaginadas y pedidos reiterados de seguridad que terminan afectando la confianza de los dos lados de la mesa. Mammoliti insiste, en esa misma línea, en que la comunicación directa es la herramienta que permite obtener información que el análisis de una pantalla nunca va a ofrecer, porque hay tonos, contextos y motivos que un mensaje de texto no alcanza a transmitir. Volver a la escena de Mirta, en su living de Morón con el viento frío todavía golpeando la ventana, sirve para graficarlo: ella podría haber preguntado qué le pasaba, en lugar de completar el silencio con la peor de las hipótesis, y quizá se habría ahorrado una noche en vela y una pelea que no tenía un motivo real, sino el peso de una historia vieja que se coló sin aviso en una conversación de WhatsApp.

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Marta VillalbaSociedad

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