Cuatro variantes con poleas para trabajar el pecho sin perder el control del cuerpo
Una rutina propuesta por el especialista Raúl Notario ordena cuatro ejercicios en los que cambian los apoyos, la postura del tronco y el recorrido del brazo. La clave está en sostener el abdomen firme y repetir cada gesto entre doce y quince veces por lado.

El domingo a la tarde el sol cae sobre el parque y Mercedes, de 48 años, camina con una mochila liviana después de su clase de gimnasia. Me cuenta que hace años entrena el pecho con máquinas y mancuernas, pero que hace poco incorporó poleas a su rutina y quedó sorprendida por lo rápido que sintió el abdomen cuando terminó. Vive en San Fernando y repite, mientras acomoda el pelo detrás de la oreja, que la profesora siempre insiste con lo mismo: sostener el tronco, no dejarse caer, respirar cuando se flexiona y soltar el aire cuando se extiende. Esa frase, que parece menor, es el corazón de la propuesta que armé después de leer con detenimiento el trabajo del licenciado Raúl Notario, graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y máster en Actividad Física y Salud, que reúne cuatro movimientos de pecho con una sola herramienta y una idea muy concreta: si cambia el apoyo del cuerpo, cambia todo el ejercicio, incluso cuando el brazo hace algo parecido.
Una sola pauta para cuatro ejercicios distintos
Antes de meterme en cada movimiento vale la pena detenerme en la arquitectura general de la rutina, porque Notario organiza todo alrededor de un número que se repite: tres series de entre doce y quince repeticiones, siempre contadas por brazo. Esa precisión no es un detalle cosmético, sino una decisión técnica: trabajar un lado y después el otro, con esa cantidad de repeticiones, apunta a que el esfuerzo se reparta de manera pareja entre ambas mitades del cuerpo. Como suelo decirles a los lectores cuando me escriben a la sección, en los ejercicios unilaterales la simetría se entrena justamente porque un lado puede ser más fuerte o más coordinado que el otro y, si sumamos las repeticiones sin pensarlo, esa diferencia se enquista.
Cuatro variantes para entender los apoyos
- Press con zancada: una pierna queda adelantada y permanece fija durante todo el empuje, lo que obliga al abdomen y a la espalda baja a mantener la postura.
- Aperturas de rodillas: el apoyo pasa a las rodillas, con intervención de glúteos, oblicuos, transverso abdominal y zona lumbar durante el movimiento de un solo brazo.
- Elevaciones con polea desde rodillas: la posición de rodillas se mantiene mientras el recorrido del brazo se modifica, con énfasis en abdomen, glúteos y región lumbar.
- Cierre unilateral: el brazo debe cruzar la línea media del abdomen con el tronco firme, trabajando la zona inferior y lateral del pectoral y los músculos del hombro.
Esa enumeración me sirve para contarles algo que a veces se pierde cuando uno lee una rutina en una pantalla chica: lo que cambia entre un ejercicio y otro no es solo el músculo que se ve trabajar desde afuera, sino la cantidad de grupos que se encienden en silencio para sostener el cuerpo. Notario lo explica con un ejemplo que me pareció muy gráfico: en las aperturas de rodillas, mientras un brazo empuja o trae la polea, los glúteos, la espalda baja, los oblicuos y el transverso están haciendo un trabajo invisible para que la postura no se desmorone. Esa es, justamente, la parte que muchas veces los lectores me dicen que no sienten cuando entrenan en máquinas, y que reaparece con las poleas porque el cuerpo deja de tener un respaldo firme y pasa a depender de su propio equilibrio.
Hay otro detalle que me llamó la atención y que vale la pena subrayar: las elevaciones con polea se piensan con los brazos extendidos durante todo el recorrido y ponen el acento en la parte superior del pecho, mientras que el press incluye flexión y extensión completas y lleva una indicación respiratoria precisa, tomar aire al flexionar y expulsarlo al extender. Esa diferencia entre un movimiento que termina con el brazo estirado y otro que termina con el codo cerrado no es menor, porque cambia la zona del pectoral que más trabaja y obliga a coordinar la respiración con el gesto. Visto en conjunto, la propuesta arma un mismo volumen de repeticiones con demandas posturales y recorridos distintos, y deja flotando una pregunta que me parece la más interesante para los lectores que entrenan en gimnasios de barrio o en los boxes que proliferaron en los últimos años en municipios como Vicente López, Tigre y San Isidro: cuánto lugar tienen las poleas, en serio, dentro del entrenamiento de cada uno, y si están dispuestos a sumar un aparato que parece modesto pero que, según la rutina que propone Notario, exige bastante más control del tronco de lo que uno imagina a primera vista.
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