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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Después de casi treinta años, un comprimido nuevo contra el herpes que no responde a los tratamientos clásicos

La FDA aprobó el pritelivir, el primer antiviral oral con un mecanismo inédito frente al virus del herpes simple. Está pensado para adultos con defensas muy bajas, trasplantados, pacientes oncológicos o personas con VIH, en los que los fármacos habituales dejaron de hacer efecto.

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Marta VillalbaSociedad · · 3 min de lectura
Después de casi treinta años, un comprimido nuevo contra el herpes que no responde a los tratamientos clásicos

Viene a mi memoria una tarde de julio en San Pedro, en casa de doña Elsa, una vecina de toda la vida que me vio crecer y que pasó los últimos dos años peleando contra lesiones que no terminaban de cerrar. Ella había recibido un trasplante de riñón y, con el sistema inmune a maltraer, el herpes simple se le hizo crónico. Recuerdo que me decía, mientras le alcanzaba un vaso de agua fresca y el viento del Paraná movía las cortinas, que ya nadie sabía qué darle, que las pastillas de siempre no le hacían más efecto y que la opción que le ofrecieron era internarse para recibir un antiviral por la vena. Esa escena, que me marcó hace ya varios inviernos, es la que vuelve cada vez que aparece una noticia como la de estos días: la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, más conocida por su sigla FDA, aprobó el pritelivir, un comprimido nuevo que llega para ese puñado de pacientes en los que todo lo conocido dejó de funcionar.

Un blanco distinto al de los antivirales clásicos

El pritelivir, que se venderá bajo el nombre comercial HOVILPRI, está autorizado para adultos inmunocomprometidos cuyas lesiones mucocutáneas por herpes simple no respondieron al aciclovir, al valaciclovir ni al famciclovir, los tres antivirales orales de primera línea. Cuando esos fármacos caen, lo que quedaba hasta ahora era recurrir al foscarnet o al cidofovir, dos antivirales que solo se administran por vía intravenosa, en el hospital, con los controles que eso implica. Lo que distingue al pritelivir es su punto de ataque: en lugar de depender de una enzima del propio virus para activarse, como hacen los clásicos, va directo contra un complejo de proteínas llamado helicasa-primasa, que el virus necesita para copiar su material genético. Por eso puede actuar incluso sobre cepas que se volvieron resistentes.

La FDA le otorgó de manera simultánea tres designaciones regulatorias, las llamadas Fast Track, Breakthrough Therapy y Priority Review, que son las herramientas que el organismo reserva para medicamentos que atienden necesidades graves sin solución adecuada. Según la documentación de la compañía desarrolladora, es la primera vez que un fármaco contra el herpes simple recibe las tres categorías al mismo tiempo, un dato que ayuda a dimensionar la expectativa puesta en esta molécula.

Lo que mostró el estudio que respaldó la aprobación

La decisión se apoyó en los resultados del ensayo clínico de fase 3 conocido como PRIOH-1 Parte C, en el que participaron 101 adultos inmunocomprometidos con infecciones por herpes simple que ya no respondían a los antivirales disponibles o directamente eran refractarias. Después de 28 días de tratamiento, el 62,7 por ciento de los pacientes que recibieron pritelivir logró la cicatrización completa de las lesiones, casi el doble que el 34 por ciento del grupo que siguió con las alternativas vigentes. Para personas como doña Elsa, acostumbrada a que cada afta se transforme en una llaga que no cierra, esa diferencia estadística se traduce en algo muy concreto: semanas menos de dolor, menos curaciones, menos idas a la guardia.

El fármaco fue desarrollado originalmente por AiCuris, una farmacéutica alemana, y el medicamento se administra por vía oral, en comprimidos, lo que en la práctica significa que muchos de estos pacientes podrían evitar internaciones o tratamientos endovenosos prolongados. No es una cura ni una vacuna, y no está pensado para la enorme mayoría de la población que convive con el herpes sin mayores sobresaltos, pero para ese grupo chico y vulnerable que no responde a nada conocido, esta aprobación representa, después de casi treinta años, una herramienta nueva en la mesa de los médicos. Me queda dando vueltas la idea de que, de haber existido antes, quizá la última etapa de doña Elsa habría sido un poco más liviana, y eso, en temas de salud, no es poca cosa.

MV
Marta VillalbaSociedad

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