Dientes que se caen, memoria que se apaga: por qué la salud bucal importa más de lo que se cree en la vejez
Una revisión internacional revisó datos de adultos mayores y encontró que perder más de un diente se asocia con un riesgo sensiblemente mayor de deterioro cognitivo y demencia. Una guía de Harvard describe qué hacer en la práctica para reducir ese y otros peligros que muchas veces pasan inadvertidos.

En el barrio de San Justo, donde el viento de la tarde mueve las cortinas del consultorio de la doctora Herrera, María Antonia Ledesma, jubilada de 72 años, espera su turno con la lista de medicamentos en la mano. Viene por una molestia en la encía que arrastra desde hace semanas, pero confiesa algo que la preocupa aún más. "Últimamente me olvido de los nombres de los vecinos, y mi hija dice que debería revisar si tiene que ver con los dientes que perdí", cuenta María Antonia mientras se acomoda en la sala de espera, con la calefacción del ambiente todavía encendida pese a que afuera la mañana amenaza lluvia. Su comentario, casi al pasar, resume una pregunta que la medicina empezó a tomarse en serio: hasta qué punto la salud bucal condiciona la salud general cuando se cruza la línea de los sesenta.
Lo que dice la revisión de 14 estudios
La revista JAMDA publicó una revisión que agrupó 14 estudios sobre adultos mayores y encontró un patrón consistente: quienes habían perdido más de un diente en la adultez presentaban cerca de un 50 por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28 por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los propios autores aclararon que se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada, y que pesan otros factores como la inflamación prolongada, la alimentación, el acceso a atención odontológica y enfermedades previas.
"En el consultorio lo veo seguido: el paciente que dejó de ir al dentista hace años, dejó de masticar bien, cambió la dieta y después aparece con anemia, con bajos nutrientes o con un cuadro cognitivo que no esperábamos. No es que un diente provoque alzhéimer, sino que todo se va encadenando", explica a este portal la doctora Herrera, que desde hace treinta años atiende vecinos de San Justo y ahora insiste, casi como una cruzada personal, con que cada consulta médica de cabecera incluya una pregunta sobre la boca.
Encías inflamadas, un problema que va más allá de la boca
La inflamación de encías, conocida como gingivitis, también aparece en distintos estudios vinculada con enfermedades cardiovasculares, pulmonares, con obstrucciones en los vasos sanguíneos y con accidentes cerebrovasculares. En estos casos tampoco se estableció causalidad directa, pero la asociación es lo suficientemente firme como para que las sociedades médicas recomienden incluir los controles odontológicos dentro del seguimiento habitual del adulto mayor.
Cuando la gingivitis avanza y aparecen otras molestias
Si la gingivitis no recibe tratamiento, puede progresar hacia los tejidos que sostienen los dientes y convertirse en periodontitis, una afección que en sus etapas avanzadas provoca la pérdida de piezas dentales. Ese es justamente el escenario asociado al deterioro cognitivo en la revisión publicada en JAMDA. Pero la pérdida de dientes tiene además un costado social que a menudo se subestima: algunas personas dejan de conversar, de sonreír o de ir a reuniones por incomodidad con su dentadura, y eso alimenta el aislamiento, un factor que la literatura médica reconoce como riesgo para la salud mental del adulto mayor.
La guía de Harvard Health Publishing que circuló en las últimas semanas también describe otros problemas frecuentes en esta etapa. La sensibilidad dental aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando hay bruxismo, el hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño. En ese último caso, una férula nocturna reduce la presión sobre las piezas; la evaluación profesional es clave, porque no siempre el origen es el mismo. La boca seca, en tanto, ocurre cuando disminuye la producción de saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y percibir sabores: es un efecto secundario habitual de varios medicamentos y puede aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades que afectan el sistema inmune, lo que vuelve imprescindible no naturalizarla.
María Antonia Ledesma sale del consultorio con la receta para una férula y la indicación de volver en tres meses. En la puerta, el viento de San Justo mueve las hojas del calendario de pared que alguien olvidó colgado, y la despedida llega con una frase que se queda dando vueltas. "A esta edad -dice mientras se ajusta el pañuelo- uno se da cuenta de que cuidar la boca no es vanidad, es cuidarse entero". La recomendación que repiten los autores de la revisión coincide con esa intuición: en la adultez mayor, mirar la dentadura puede ser una manera de mirar la salud completa, y conviene empezar antes de que los avisos aparezcan tarde.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



El núcleo interno de la Tierra es menos sólido de lo que se creía y está cambiando
