Dulce de membrillo en el running, una golosina con letra chica: cuánta energía entrega y por qué no alcanza sola
Cada vez más corredores suman el dulce de membrillo como combustible casero para tiradas largas. Especialistas en nutrición deportiva explican cómo calcular los carbohidratos por trozo, qué tener en cuenta con la fibra y la grasa, y por qué este alimento nunca reemplaza la hidratación ni la reposición posterior.

La mañana del domingo amaneció fresca en La Plata, con una brisa tibia que empujaba las hojas por la calle 50 y un sol todavía bajo que se colaba entre las copas de los jacarandás. En la plaza Islas Malvinas, un puñado de corredores terminaba su tirada larga de la semana; entre ellos, Fabián, un vecino de Tolosa que entrena para los 42 kilómetros, abrió un taper y repartió cuadrados de dulce de membrillo envueltos en papel film. Vamos probando, me dice mientras se acomoda el dorsal imaginario en el pecho, porque correr con algo dulce en el bolsillo ayuda cuando el cuerpo empieza a pedir.
La escena resume una costumbre cada vez más frecuente entre los corredores amateurs: sumar el dulce de membrillo como parte del combustible para carreras de fondo, una opción casera frente a geles y barritas industriales. Pero el entusiasmo con esta golosina tradicional convive con una advertencia de los especialistas en nutrición deportiva: su aporte de carbohidratos no es evidente a simple vista, y por sí solo no alcanza para cubrir las necesidades de una prueba exigente.
La energía no se ve a ojo
El primer punto clave es el cálculo. Un trozo de membrillo cortado con cuchillo puede tener un tamaño engañoso: parecer mucho y entregar poco, o viceversa. A diferencia de los productos empaquetados, que detallan los gramos de carbohidratos por unidad, el dulce casero obliga a consultar la etiqueta del comercio o a estimar la composición según los ingredientes. Por eso, una porción elegida a ojo no equivale necesariamente a un gel comercial.
Para dimensionar la energía que se necesita, la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva maneja una referencia orientativa para actividades de más de una hora: entre 30 y 60 gramos de carbohidratos por hora, con ajustes individuales según la tolerancia intestinal, la exigencia y el ambiente. La Asociación Dietética Británica coincide en que consumir carbohidratos puede beneficiar el rendimiento cuando el esfuerzo intenso se extiende más allá de los sesenta minutos.
Probarlo antes, no durante la carrera
El membrillo se lleva bien con el paladar argentino, pero no siempre se lleva bien con el estómago en movimiento. Una mezcla de membrillo, avena y frutos secos puede funcionar como desayuno o como merienda previa al entrenamiento, y resultar menos tolerable mientras se corre. La fibra y las grasas presentes en esas combinaciones hacen más lenta la digestión y favorecen molestias durante esfuerzos exigentes.
La cantidad consumida, la temperatura ambiente y la intensidad del ejercicio también influyen en la respuesta digestiva. Por eso, cualquier incorporación de un alimento nuevo en la alimentación durante la carrera debe pasar primero por entrenamientos largos, donde se pueda evaluar cómo se tolera sin poner en juego el resultado de una competencia.
Lo que el dulce no resuelve
El dulce de membrillo aporta energía rápida, pero no sustituye los líquidos ni resuelve las necesidades de sodio que se pierden con el sudor. En sesiones prolongadas, sobre todo con calor o humedad, la alimentación y la hidratación deben pensarse de manera conjunta, y los electrolitos ingresan cuando las condiciones lo requieren. En una mañana húmeda como la que se vio este domingo en La Plata, esa recomendación cobra especial sentido.
Después del esfuerzo, además, reponer energía es solo una parte de la recuperación. Según el desgaste realizado y el intervalo hasta la próxima sesión, la comida posterior puede necesitar proteínas, líquidos y minerales, además de los carbohidratos. El membrillo puede estar en ese menú, pero no como único protagonista.
Fabián, antes de guardar el taper, mira el parque y se acomoda los auriculares. Cuidarse es esto, resume mientras el viento mueve las hojas a su alrededor, probar mucho, hidratarse bien y entender que lo casero también necesita su protocolo. La golosina de la infancia puede ser aliada del corredor, siempre que se la trate con la misma seriedad que a cualquier otro insumo deportivo.
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