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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El cielo neuquino se abre a dos pueblos: 50 minutos para llegar a Chos Malal y a San Martín de los Andes

Una aerolínea local conecta desde esta semana la capital con el norte y el sur de la provincia. Hay pocas frecuencias y la demanda de septiembre ya muestra casi todo vendido.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
El cielo neuquino se abre a dos pueblos: 50 minutos para llegar a Chos Malal y a San Martín de los Andes

El lunes a las diez de la mañana, con un viento frío que bajaba de la cordillera y un cielo limpio sobre el aeropuerto de Neuquén capital, despegó el primer vuelo de una nueva etapa para dos pueblos que viven mirando el reloj cuando quieren encontrarse: Chos Malal, allá en el norte, y San Martín de los Andes, en el sur. La iniciativa es de una aerolínea neuquina que decidió apostar por lo que hasta ahora parecía una quimera, conectar dos puntos de la provincia en apenas cincuenta minutos, cuando por tierra el colectivo se come seis horas y hasta seis horas y media, según el destino.

La propuesta es concreta y los números ya están sobre la mesa: la empresa opera aviones biturbohélice de diecinueve plazas, un modelo pensado para rutas cortas de montaña, y puso en marcha dos ramales que parten desde el aeropuerto capitalino. El primero llega a Chos Malal, con dos frecuencias semanales; el segundo aterriza en Chapelco, el aeropuerto que sirve a San Martín de los Andes, con tres frecuencias. Los pasajes ya se consiguen en el sitio web de American Jet y en agencias de viajes de Neuquén que fueron habilitadas especialmente para la operación.

Horarios, precios y cómo se compara con el colectivo

  • Chos Malal: lunes, salida 10:00 y regreso 11:20; jueves, salida 13:10 y regreso 14:25. Tramo $140.000; ida y vuelta $280.000. El colectivo cobra $99.600 el tramo y tarda seis horas.
  • San Martín de los Andes: martes, jueves y sábados, salida 10:00 y regreso 11:20. Tramo $175.000; ida y vuelta $350.000. El servicio cama por tierra ronda los $137.000 el tramo y demora seis horas y media.

La diferencia económica, claro está, no es menor: volar cuesta bastante más que viajar sentado en un micro, incluso en la versión cama. Pero lo que se compra, en rigor, es tiempo, y en esta provincia donde las distancias son traicioneras y la geografía se encarga de estirar todo, cincuenta minutos frente a seis horas cambia cualquier planificación. Por eso no extraña que la disponibilidad de septiembre ya muestre muy pocos asientos, según reconocieron en la empresa, y que la recomendación sea reservar con la mayor anticipación posible.

“Los vuelos están pensados para que perduren en el tiempo, no sólo para fomentar el turismo sino para ayudar a la comunidad a estar más conectada por temas laborales o de salud. La idea es empezar con aviones chicos para garantizar ocupación y, si la demanda lo justifica, escalar a aeronaves más grandes.”Sergio Sciacchitano, subsecretario de Turismo de Neuquén

El funcionario explicó que la provincia acompaña el esfuerzo con un aporte que cubre un piso del ochenta por ciento de ocupación por vuelo. Es decir, si de las diecinueve plazas se venden al menos quince, el subsidio desaparece y la operación se autofinancia. Esa ecuación, que en otros tiempos parecía inviable, es la que está poniendo a prueba este lunes de septiembre que ya pasó a la historia para los vecinos de Chos Malal que ven cómo su pueblo, de pronto, queda a un suspiro de la capital.

En San Martín de los Andes, el fenómeno se repite. Quienes conocen el camino saben que las seis horas y media no son una exageración: la ruta serpentea entre lagos, bosques y pasos cordilleranos, y el micro termina siendo, para muchos, una jornada entera. Cuando uno conversa con vecinos que viven del cruce permanente entre ambas ciudades, por trabajo, por trámites de salud o por familia, la sola mención del vuelo de cincuenta minutos despierta una sonrisa todavía increduliza. Carlos, comerciante en el centro de San Martín de los Andes, me dijo mientras preparaba un café que esto le cambia la vida a mucha gente, sobre todo a los abuelos que tienen que ir a hacerse estudios a Neuquén y antes terminaban durmiendo en el colectivo.

La apuesta, según reconocieron en la propia compañía, es crecer de forma gradual. Empezar con aeronaves pequeñas que aseguren un piso razonable de pasajeros, sostener los precios mientras se consolida la demanda y, recién cuando el mercado lo justifique, sumar aviones de mayor capacidad. Es una lógica prudente, casi artesanal, que contrasta con la lógica de laslow cost que suelen escucharse en otras provincias, y que aquí, por ahora, parece ser la única manera de hacer viable un servicio que para muchos neuquinos pasa de ser un lujo a una herramienta cotidiana.

El viento del lunes, ese frío que suele cortar la cara a esta hora del año en la capital neuquina, era el mismo que imaginó Sciacchitano cuando firmó los papeles de la prueba piloto. Mientras el avión de las diez se perdía rumbo a Chos Malal, en la terminal quedaban los primeros pasajeros que empezaban a acostumbrarse a una idea simple pero revolucionaria para esta provincia: que el tiempo, en Neuquén, también puede volar.

MV
Marta VillalbaSociedad

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