El corn potage, una crema de maíz con raíz francesa y destino japonés
La sopa cremosa que Japón incorporó a su mesa diaria a partir de la cocina europea y que rescata el dulzor del maíz trabajando también las mazorcas en el caldo.

El corn potage integra la familia del yoshoku, la tradición culinaria japonesa que tomó platos de influencia francesa y europea, los reinterpretó con técnica local y los instaló en el repertorio doméstico. Junto al omurice, el hambagu y el katsudon, esta preparación se mantiene en la mesa nipona desde hace generaciones y conserva rasgos que la acercan más a una crema delicada que a una sopa convencional.
La base de la receta
El punto de partida son dos mazorcas de maíz fresco (Zea mays). Los granos se desprenden con cuchillo y se reservan; las mazorcas ya desgranadas se cocinan junto a los granos y el resto de los ingredientes para aportar sabor al caldo. Ese paso, que aprovecha los restos de la espiga como soporte aromático, es el que distingue al corn potage de una crema de maíz tradicional.
Procedimiento paso a paso
- Rehogar media cebolla pequeña (Allium cepa) cortada en láminas finas con una cucharada de manteca y media de aceite de oliva, con una pizca de sal, hasta que quede blanda y transparente.
- Incorporar los granos reservados, las mazorcas desgranadas y unos 400 mililitros de agua; llevar a hervor y cocinar a fuego suave entre 25 y 30 minutos, retirando la espuma de la superficie.
- Descartar las mazorcas una vez finalizada la cocción.
- Dejar atemperar la preparación, triturar con batidora de mano y pasar por colador fino, presionando para extraer todo el líquido y dejar fuera las pieles del maíz.
- Devolver la crema a la olla, corregir la sal e incorporar leche en la cantidad necesaria para alcanzar la textura deseada.
Servicio y terminación
Al emplatar, la preparación se termina con un hilo de crema de leche, un hilo de aceite de oliva y perejil fresco (Petroselinum crispum) picado. En Japón, el corn potage no suele presentarse como plato principal, sino como entrada o acompañamiento dentro de un menú de estilo occidental. Su particularidad más práctica es la versatilidad térmica: en invierno se sirve caliente y en verano puede enfriarse y presentarse frío, sin necesidad de modificar la receta base, que rinde para dos personas y no demanda equipamiento especial.
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