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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El Coyote se anima a los tribunales: una a la rioplatense entre lo real y el dibujo

La película que cruza al Coyote con el personaje de Will Forte llega con humor físico, picardía legal y más de noventa minutos de intentos fallidos que, esta vez, prometen llegar a buen puerto.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El Coyote se anima a los tribunales: una a la rioplatense entre lo real y el dibujo

Imaginen la escena: un salón de juicios a la vieja usanza, con jurado, juez de mirada cansada y, en lugar de un abogado de carne y hueso, un Coyote despeinado que ajusta su mejor corbata imaginaria mientras despliega un plan que, sabemos de antemano, puede salir muy mal. Esa imagen, que condensa todo el ADN de los Looney Tunes, es el corazón de Coyote vs. Acme, la película que cruza al clásico personaje animado con el actor Will Forte en una historia que combina acción real y dibujos con un humor tan físico como emotivo, y que me tuvo pegada a la butaca durante algo más de noventa minutos, una duración que, créanme, se siente mucho menos cuando uno está pendiente de cómo va a terminar la siguiente trampa.

El planteo es sencillo y, al mismo tiempo, bastante ocurrente: el Coyote, harto de perseguir al Correcaminos sin éxito, decide cambiar de táctica y llevar a Acme, la famosa fábrica de artefactos explosivos, a los tribunales, convencido de que la culpa de sus fracasos no es del todo suya. Para eso suma como abogado a un personaje humano interpretado por Forte, un tipo con cara de cansado y vocación de perdedor que termina embarcándose en el juicio más absurdo de su carrera.

Una fórmula clásica estirada a formato de película

El dibujo animado ya nos tiene acostumbrados a un mecanismo tan simple como infalible: plan ingenioso, ejecución desastrosa, caída estrepitosa y vuelta a empezar. Esa coreografía, que en los cortos dura apenas siete minutos, acá se estira a lo largo de un relato que incorpora todos los recursos del cine de juicios, con declaraciones, testigos inesperados y objeciones de la parte demandada. Lo bueno es que la película nunca traiciona el espíritu del personaje: las trampas siguen explotando en la cara del Coyote, los resortes siguen saliendo en el momento equivocado y la física sigue siendo una sugerencia que los animadores ignoran a voluntad.

Hay un detalle que me parece clave y que la película trabaja con bastante inteligencia: la perseverancia como motor emocional. El Coyote no se rinde nunca, ni siquiera cuando todo indica que debería, y ese empecinamiento se contagia al personaje de Forte, que también atraviesa sus propios fracasos personales. Los dos comparten, sin decirlo demasiado, la certeza de que seguir intentando es la única manera de salir adelante. Esa es, a mi entender, la columna vertebral de una historia que podría haber quedado en un simple gag estirado y termina funcionando como una pequeña comedia con corazón.

Cruces entre dibujos y personas reales, un recurso con antecedentes

  • Space Jam, donde los Looney Tunes se juntan con Michael Jordan para un partido de básquet con destino deportivo improbable.
  • Looney Tunes: De nuevo en acción, otra aventura compartida entre personajes animados y figuras del mundo real.
  • Coyote vs. Acme, que lleva esa mezcla al terreno del humor físico y del sistema judicial estadounidense.

La diferencia con aquellos cruces es que acá el Coyote ocupa el centro absoluto de la historia. No es un personaje de reparto ni una mascota de la trama: es quien lleva adelante la pelea, con su característico maletín vacío, sus notas garabateadas y esa fe inquebrantable en que, esta vez sí, la va a romper. Will Forte, por su parte, compone a un abogado despistado, un poco perdedor y muy entrañable, que termina aprendiendo del Coyote tanto como el Coyote aprende de él. La química entre los dos, dicho sea de paso, es de esas que se notan: cuando comparten plano, el filme respira de otra manera.

Voy a serles sincera, porque me cuesta disimularlo: salí de la sala con una sonrisa que no me pude sacar en todo el viaje de vuelta. Me pasó algo que no me pasaba desde chico, que es celebrar las derrotas del Coyote como si fueran victorias. Esa es la magia de un personaje que lleva casi ocho décadas cayendo por acantilados y siempre vuelve a pararse, sacudiéndose los restos de dinamita con una dignidad que, visto en perspectiva, es casi una lección de vida. Coyote vs. Acme entiende eso mejor que muchas películas que se toman demasiado en serio y, por eso, funciona: es un disparate con patas de palo, pero con un corazón enorme.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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