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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El pirata que comía corazones y el héroe enmascarado que viven detrás del nombre de Zoro

Eiichiro Oda mezcló a un corsario francés del siglo XVII conocido por su violencia extrema con el espadachín de la máscara para bautizar al segundo tripulante de los Sombrero de Paja. Una investigación sobre las dos fuentes que se cruzaron en un papel hasta dar con uno de los personajes más populares de la animación japonesa.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El pirata que comía corazones y el héroe enmascarado que viven detrás del nombre de Zoro

Si alguna vez te cruzaste con Roronoa Zoro en alguna de las miles de páginas del manga de Eiichiro Oda o en alguna de las temporadas de la serie animada, seguro te quedaste mirando esa banda verde que lleva atada en el antebrazo, los tres sables que empuña con una soltura casi obscena y esa obsesión por el entrenamiento que lo define más que cualquier otra cosa. Lo que probablemente nunca te detuviste a pensar es de dónde sale ese nombre tan particular, que suena a francés antiguo y a grito de guerra al mismo tiempo. Y la verdad es que la respuesta es una de esas historias que mezclan ficción con realidad de una manera tan caprichosa que cuesta creer que alguien las haya juntado a propósito.

La huella del enmascarado

El Zorro, el espadachín criado por Johnston McCulley en 1919 en el relato The Curse of Capistrano, lleva más de un siglo saltando de pantalla en pantalla. La primera adaptación cinematográfica llegó al año siguiente con El signo del Zorro, y a partir de ahí la cuenta no paró de crecer: más de cincuenta películas, series de televisión, cómics y versiones en distintos idiomas, incluidas producciones turcas que renovaron al personaje para audiencias nuevas. España, de hecho, produjo alrededor de catorce películas propias sobre el héroe, casi todas en coproducción con Italia, lo que habla del arraigo que tuvo la figura en la cultura popular de habla hispana. En el doblaje original al español de One Piece, el guiño fue tan directo que directamente lo llamaron Zorro Ronoa, sin molestarse en traducir el apellido del personaje.

La sombra del corsario

Del otro lado de la moneda aparece François l'Olonnais, un pirata francés del siglo XVII que no tiene nada de ficticio y al que le sobra oscuridad como para llenar varias novelas. En japonés su apellido se pronuncia Roronoa, y fue precisamente ese sonido el que le llamó la atención a Oda cuando estaba armando a su personaje. L'Olonnais llegó a comandar una flota de ocho barcos y unos 440 hombres, con los que atacó embarcaciones españolas a lo largo y ancho del Caribe. Cuando desembarcó en Maracaibo, la situación se le fue de las manos y torturó a los habitantes de la ciudad para que confesaran dónde habían escondido sus pertenencias, lo que le valió el nada cariñoso apodo de la plaga de España.

La anécdota más brutal que los registros de la época le atribuyen ocurrió cuando las fuerzas españolas estuvieron a punto de atraparlo: tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con su espada y, según cuentan los cronistas, comenzó a comerse el corazón frente a sus captores. El escuadrón retrocedió y l'Olonnais pudo escapar, aunque murió tiempo después en Panamá, también de forma violenta. La comparación con el Zoro del manga queda ahí, en la sonoridad del apellido y nada más, porque más allá de la destreza con la espada no hay ningún otro lazo temático entre el corsario real y el personaje de la serie.

Un nombre a la medida de un personaje

  • El Zorro apareció por primera vez en 1919 en el relato The Curse of Capistrano, de Johnston McCulley, publicado en la revista estadounidense All-Story Weekly.
  • François l'Olonnais comandó una flota de ocho barcos y 440 hombres y atacó embarcaciones españolas en el Caribe durante el siglo XVII.
  • Oda tomó la sonoridad del apellido del pirata francés como base para bautizar al espadachín de los Sombrero de Paja.
  • En el doblaje original al español de One Piece, al personaje se lo llamó directamente Zorro Ronoa.

A mí, cada vez que vuelvo a leer el manga o veo un arco nuevo en la serie, me sigue sorprendiendo que detrás de uno de los nombres más recordados de la animación japonesa se cruce un enmascarado de la literatura pulp y un pirata al que la historia le adjudicó atrocidades que ni el peor villano de ficción se animaría a dibujar. Oda no necesitaba ese currículum oscuro para construir a Zoro, y sin embargo lo eligió igual, como si el peso de esa historia lointaine le sirviera para darle al personaje una densidad que no sale de la pantalla chica. Y quizás, visto en perspectiva, eso termine diciendo más del autor que del propio personaje.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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