Esa caja de fotos que duerme en el placard ya tiene cómo digitalizarse sin escáner
Con el celular, buena luz y un par de aplicaciones gratuitas o pagas, las imágenes impresas pueden pasar al teléfono en minutos. El verdadero truco está en lo que casi nadie hace después.

¿Cuántas veces abrimos esa caja con fotos del viejo, le sacamos polvo con la mano y la cerramos otra vez pensando que algún día nos vamos a ocupar? Bueno, ese día puede ser hoy y sin comprar un escáner. El celular que llevamos en el bolsillo alcanza y sobra, aunque conviene saber un par de cosas antes de empezar a disparar.
¿Por dónde empiezo si nunca digitalicé nada?
La regla más vieja del periodismo —y de la fotografía— sigue valiendo: empezar por lo chico. Antes de tirarse a digitalizar las trescientas fotos de la comunión del hermano, conviene agarrar diez o veinte imágenes de un mismo evento y practicar hasta que el resultado banque. Después se ataca el resto. La superficie tiene que ser plana —una mesa, una mesada— y la luz, lo más pareja posible, porque las sombras y los reflejos son los enemigos número uno.
Acá aparece la primera sigla que casi nadie entiende: HDR. En criollo, significa Alto Rango Dinámico, o sea, varias fotos juntas para que no queden zonas negras y zonas quemadas. Aplicaciones como PhotoScan, de Google —sí, el buscador más grande del mundo—, sacan varias capturas de la misma imagen y las combinan solitas para sacar los brillos y corregir la perspectiva. Funciona bastante bien y es gratis.
- PhotoScan de Google: gratis, corrige brillos y perspectiva en forma automática. Ideal para una o dos fotos por vez.
- Photomyne: permite fotografiar toda una página del álbum y separa cada imagen sola. Anda por suscripción, o sea, se paga mes a mes.
- Pic Scanner Gold: digitaliza varias fotos de una vez y las manda a un álbum. Se compra con un pago único y solo anda en iPhone y iPad, los aparatos de Apple.
¿Y el reverso de la foto cuenta algo?
Cuenta, y mucho. Las dedicatorias escritas a mano, las fechas garabateadas con fibrón y los nombres con letra de apuro son, muchas veces, la única manera de saber quién aparece en la imagen o en qué año se sacó. Por eso conviene darle vuelta a cada foto y sacarle una toma al dorso antes de guardarla. Si la funda de plástico genera reflejos imposibles, lo mejor es retirarla con cuidado. Si está pegada al álbum, mejor no tocar nada y consultar a alguien que sepa, sobre todo si la foto tiene valor documental o emocional.
¿Y después qué hago con el archivo en el teléfono?
Acá viene el paso que casi nadie cumple y es, justamente, el más importante. No alcanza con tener las fotos en el celular: hay que ordenarlas, rotularlas y, sobre todo, respaldarlas. Un álbum con nombre descriptivo —del tipo Casamiento 1978 o Vacaciones en Bariloche— sirve más que una carpeta genérica que después nadie encuentra. Y fundamental: guardar una nota con los nombres de las personas y el lugar, aunque sea aproximado, porque la imagen sola no cuenta la historia entera.
El respaldo es donde la mayoría se tropieza. Tener todo en un servicio en la nube —Google Fotos, iCloud de Apple, el que sea— está bueno, pero borrar una imagen del celular si está sincronizada puede borrar también la copia de la nube. Sí, pasa. Por eso conviene tener una copia adicional en un pendrive, un disco externo o una computadora aparte. La regla es simple: si las fotos existen en un solo lugar, no existen.
Mientras tanto, la señal sigue sin llegar.
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