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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La agresión que ya no se corta en la puerta de la escuela: pediatras alertan por el bullying que se muda al celular

La Sociedad Argentina de Pediatría publicó un documento que describe cómo el acoso escolar y el ciberbullying se volvieron inseparables: lo que empieza en el aula puede continuar durante horas por WhatsApp, redes sociales o videojuegos y llegar hasta el cuarto del chico sin que haya forma de desconectarse. Especialistas piden a familias, escuelas y equipos de salud que actúen antes de que el daño se cronifique.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
La agresión que ya no se corta en la puerta de la escuela: pediatras alertan por el bullying que se muda al celular

Son las siete de la tarde de un martes de septiembre en Morón y el viento del sur se mete por la ventana del comedor de la casa de Analía, una vecina de cuarenta y pocos que todavía lleva el delantal de maestra jardinera colgado del respaldo de la silla. Tiene enfrente a su hijo de doce años, Mateo, que en vez de jugar en la vereda como ella a su edad está con la mirada clavada en la pantalla del celular y el ceño tan fruncido que parece un chico grande. —Mamá, no quiero ir mañana. —Pero mañana tenés lengua, tenés matemática, tenés todo. —No quiero ir, repite él, y deja el teléfono boca abajo sobre la mesa, como si esa sola decisión pudiera cortar lo que sea que le llegó en las últimas horas por ese aparato.

Una continuidad que ya no distingue entre el aula y la pantalla

El caso de Mateo, con sus variaciones, es exactamente lo que describe el nuevo documento de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), elaborado por ocho de sus comités y subcomisiones: una agresión que empieza en el recreo puede seguir esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver con el chico al aula a la mañana siguiente, sin pausa, sin respiro, sin ese antiguo alivio de cruzar la puerta de casa y sentir que el día, finalmente, había terminado.

“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
  • Mensajes de odio y burlas enviadas por chat o redes sociales.
  • Acoso repetido (acecho) a través de cuentas o perfiles.
  • Votaciones para humillar a un compañero o sumarle una etiqueta.
  • Creación de perfiles falsos y suplantación de identidad.
  • Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
  • Exclusión deliberada de grupos y listas de mensajería.
  • Manipulación de imágenes y videos, incluyendo memes, con ayuda creciente de herramientas de inteligencia artificial que facilitan la edición y difusión de contenidos alterados.

El listado no es menor y a la lista la atraviesa, además, una novedad que los pediatras miran con atención: las herramientas de inteligencia artificial que permiten alterar fotos y videos de manera cada vez más accesible hacen que una publicación alcance audiencias mucho mayores que las del aula y que resulte muy difícil de borrar una vez que tomó volumen en la red.

El documento aclara algo que en los patios y en las mesas familiares se confunde una y otra vez: no toda pelea entre compañeros es bullying. Para que el acoso escolar exista, tienen que cumplirse tres condiciones al mismo tiempo: intención de causar daño, repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que deja a quien lo sufre sin herramientas reales para defenderse o para ponerle un freno. El maltrato puede ser físico, verbal o relacional —excluir, aislar, dejar afuera— y se vuelve todavía más grave cuando se monta sobre la conectividad permanente del celular.

“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”documento de la Sociedad Argentina de Pediatría

Las consecuencias que la SAP enumera en su informe abarcan desde dolores físicos recurrentes y alteraciones del sueño hasta cuadros de ansiedad, baja en el rendimiento escolar y, en los casos más graves, depresión, y remarcan que el impacto se potencia cuando la víctima no encuentra un momento del día en el que la agresión se detenga. Por eso el llamado de la entidad no apunta solamente a las familias sino también a las escuelas y a los equipos de salud, para que estén atentos a las señales y no naturalicen lo que durante años se dismissed como cosas de chicos.

Volver a la mesa del comedor

En la casa de Analía, en Morón, mientras afuera el viento sigue empujando contra las persianas, Mateo finalmente levanta la vista del celular y le dice, con una mezcla de cansancio y vergüenza, que en el grupo de la clase lo cargan por algo que dijo el lunes y que eso no paró en toda la semana. La madre escucha, respira hondo y antes de prometerle que lo va a resolver entiende, como le pasa a tantas familias argentinas en este septiembre, que ya no alcanza con acompañar hasta la puerta de la escuela: hoy el recreo se metió en el comedor y sigue, insistente, del otro lado de la pantalla.

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Marta VillalbaSociedad

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