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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La extraordinaria playlist de Zoey: cuando lo que callamos termina convertido en canción

La serie de dos temporadas usa el repertorio de clásicos como The Beatles, Queen, Cyndi Lauper y Taylor Swift para mostrar lo que sus personajes no se animan a decir.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
La extraordinaria playlist de Zoey: cuando lo que callamos termina convertido en canción

Imaginate por un momento caminando por la calle y que, de repente, cada persona que se cruza en tu camino empiece a cantar en la cabeza lo que realmente siente. Eso, ni más ni menos, es lo que le pasa a Zoey Clarke, la protagonista de La extraordinaria playlist de Zoey, una serie que tiene esa extraña costumbre de meterse en los pliegues más íntimos de sus personajes para dejarlos al desnudo, pero siempre con una melodía de fondo. Lo que arranca como un disparate absoluto —una chica común y corriente que un día empieza a escuchar los sentimientos ajenos en formato de canción— termina funcionando como una excusa preciosa para hablar de lo que casi nunca hablamos: el miedo, la culpa, el deseo contenido, las cosas que nos guardamos para no romper la convivencia.

La serie, que cuenta con dos temporadas, combina comedia romántica, fantasía y un costado familiar que se va haciendo cada vez más fuerte a medida que pasan los capítulos. No estamos ante una producción que se limita al recurso del musical como adorno: acá las canciones cumplen una función narrativa concreta. Cada número musical funciona como una radiografía emocional del personaje que está cantando, y muchas veces le revela a Zoey —y al espectador— algo que ese personaje jamás diría en voz alta.

Un repertorio pensado para emocionar

  • The Beatles
  • Queen
  • Cyndi Lauper
  • Taylor Swift
  • Billy Joel
  • David Bowie

La elección del repertorio no es casualidad ni capricho: son temas que cualquier persona de entre 40 y 60 años reconoce casi sin pensar, y esa familiaridad es la que hace que el golpe emocional funcione con tanta precisión. Cuando un personaje canta Because de los Beatles o se arranca con una balada de Queen, no hace falta explicar demasiado: la canción ya trae consigo una carga afectiva que el espectador adulto reconoce al instante. La serie apela a esa memoria musical compartida para contar historias que, si las contara con diálogos convencionales, sonarían a seriadoazo lacrimógeno; pero envueltas en una melodía pop, se vuelven emocionantes sin caer en el golpe bajo.

El planteo tiene una trampa interesante y muy bien aprovechada: saber qué siente el otro no resuelve nada. De hecho, muchas veces lo complica. Zoey recibe información que no había pedido y se encuentra con emociones para las que no estaba preparada. Una cena familiar puede terminar con una revelación incómoda; un café con un amigo puede destapar algo que ese amigo lleva años callándose. La serie se niega a convertir su premisa en una solución mágica y, en cambio, insiste en algo bastante más realista: entender lo que el otro siente no nos dice automáticamente cómo acompañarlo. Esa es, a mi entender, la parte más interesante de toda la propuesta, la que la separa de las comedias románticas con giro fantástico más convencionales.

El costado familiar gana peso con el correr de los capítulos. No es lo mismo al principio, cuando la habilidad parece un juego simpático, que hacia el final de cada temporada, cuando Zoey empieza a cruzarse con el dolor de los suyos y se da cuenta de que hay cosas que no se arreglan con saberlas. Aparecen ahí el temor a perder a alguien querido, las discusiones pendientes con los padres, la dificultad de acompañar a alguien que está pasando por un momento oscuro. Son temas que, contados así, sin que nadie levante la voz ni haga un discurso, terminan calando hondo.

A eso se suma un romance que no se impone sobre el resto sino que convive con los demás vínculos, y una galería de personajes secundarios que tienen sus propios números musicales y sus propios secretos. Es una serie para mirar con el control remoto lejos, porque cada capítulo suele cerrar con una escena cantada que deja pensando. Sus dos temporadas la dejan acotada y resuelta, algo que hoy se agradece: no hay estiramiento ni relleno, la historia entra, sacude y se retira a tiempo.

Si te gustan las series musicales, sos de los que todavía tararean cuando suena Let It Be en algún bar, o si simplemente te pasa eso de no poder decir lo que sentís y querés ver cómo otros lo hacen —aunque sea cantando—, La extraordinaria playlist de Zoey es de esas propuestas que aparecen de vez en cuando y uno agradece. A mí, personalmente, me dejó con ganas de poner el disco de Queen y llamar a alguien a quien le debo una conversación pendiente. Te la recomiendo sin dudarlo.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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