La inteligencia artificial se comió la red eléctrica y ahora Estados Unidos no sabe cómo enchufarla
Los centros de datos pasaron de consumir el 1,9% al 4,4% de la electricidad estadounidense en apenas cinco años. El Departamento de Energía proyecta que para 2028 podrían tragarse hasta el 12%. Mientras los algoritmos crecen a toda velocidad, las turbinas y los cables van a paso de tortuga.

¿A quién se le ocurrió que entrenar una máquina para que redacte mails iba a necesitar media represa detrás? Bueno, a casi nadie. La revolución de la inteligencia artificial llegó montada en servidores que beben electricidad como un equipo de aire acondicionado en plena ola de calor de enero, y nadie avisó a la red eléctrica que venía el baile.
Según un estudio del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, difundido por el Departamento de Energía de Estados Unidos, los centros de datos consumieron unos 176 teravatios hora en 2023. Para entender la cifra con un ejemplo de tranquera: un teravatio hora equivale a lo que gasta una ciudad como Rosario en varios meses. Ese volumen representó el 4,4% de toda la electricidad que se usó en el país. En 2018, la participación era del 1,9%. O sea: se multiplicó por más de dos en apenas cinco años.
¿Y hacia dónde va esa cifra?
Las proyecciones oficiales para 2028 son de entre 325 y 580 teravatios hora, lo que equivale a entre el 6,7% y el 12% del consumo eléctrico total. El rango es enorme porque depende de qué tan rápido crezca la inteligencia artificial y de cuán eficientes sean los nuevos chips. Aun en el escenario más conservador, el salto es brutal.
El cuello de botella no es solo cuánto se consume, sino a qué velocidad se puede ampliar la oferta. Un centro de datos se levanta en meses. Una línea de transmisión de alta tensión, una subestación o una central generadora llevan años, con permisos, licitaciones y obras civiles incluidas. La infraestructura eléctrica corre a una velocidad y el negocio tecnológico, a otra muy distinta.
¿Quién paga la fiesta y por qué no la frenan?
El dinero explica parte del apuro. NVIDIA, la sigla que identifica al fabricante de chips conocido por sus unidades de procesamiento gráfico o GPU, esas plaquetas que originalmente servían para dibujar videojuegos y hoy son el corazón de la inteligencia artificial, cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con ingresos por 96.221 millones de dólares, un 106% más que un año atrás. Su división de centros de datos facturó 89.000 millones, casi el 93% del total, con un crecimiento interanual del 117%. Jensen Huang, fundador y CEO de la compañía, dijo en la presentación de resultados que la capacidad de cómputo se transformó en una fuente de ingresos por sí misma. Las cifras muestran que las empresas no tienen ningún incentivo para pisar el acelerador: cada trimestre construyen más, y cada construcción exige más megawatts.
¿Por qué los vecinos ya les están cortando el camino?
Porque nadie quiere la usina al lado de la escuela. Durante 2025, al menos 48 proyectos por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por oposición de comunidades locales. Las razones van desde el ruido de los ventiladores hasta el miedo a que suba la tarifa de luz del barrio, pasando por el uso de agua para refrigerar los servidores. Cuando el pueblo se organiza, el, perdón, el centro de datos no se hace.
La foto completa es esta: la inteligencia artificial crece más rápido que la red que la alimenta, factura más rápido que cualquier industria previa y choca con comunidades que no quieren ser vecinas de una fábrica de cómputo. El Departamento de Energía ya tiene los números sobre la mesa. Falta ver quién se sienta a resolver el problema antes de que la demanda supere de verdad la oferta.
Mientras tanto, la señal sigue sin llegar.
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