La momia, la aventura de Brendan Fraser y Rachel Weisz que reanimó a un clásico de Universal
A 25 años de su estreno, la película de Stephen Sommers que juntó a un trotamundos, una egiptóloga y un sacerdote maldito sigue siendo una de las cintas de aventuras más queridas del cine de los noventa. Acá te contamos por qué.

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que vi La momia: era un sábado a la tarde, con el living a oscuras y el ventilador de pie haciendo ruido de fondo, y la imagen de Brendan Fraser colgado de una soga en medio de unas ruinas egipcias fue la puerta de entrada a un cine de aventuras que yo, ya entrado en los cuarenta, había dejado de frecuentar. A esa altura uno cree que ya vio todas las fórmulas posibles del género, y sin embargo Sommers encontró la manera de reanimar a un monstruo clásico de Universal y de convertirlo en una experiencia que mezcla acción, terror y romance sin pedir permiso.
La película, estrenada en 1999, sigue a Rick O'Connell, un aventurero con más suerte que dinero, y a Evelyn Carnahan, una egiptóloga despistada pero obsesionada con descifrar jeroglíficos. Los dos terminan en Hamunaptra, la mítica ciudad de los muertos, donde se cruzan con la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una maldición milenaria. Cuando esa maldición se rompe y la momia vuelve a la vida con poderes que no son de este mundo, lo que arrancó como una búsqueda arqueológica se transforma en una carrera por salvar a la humanidad.
Una trilogía que se estiró hasta 2008
Esa primera entrega, dirigida con pulso firme por Stephen Sommers, fue tan bien recibida en las salas que la historia tuvo continuidad. En 2001 llegó El regreso de la momia, donde Rick y Evelyn ya forman una familia y la amenaza sobrenatural vuelve a cruzarse en su camino, con nuevas secuencias de acción en el desierto y en Londres. El cierre de la saga llegó en 2008 con La momia: La tumba del emperador Dragón, que cambió de pareja protagónica y se mudó a China para sumar otra camada de maldiciones y de criaturas imposibles.
- La momia (1999): el origen de la saga, con Fraser y Weisz recorriendo Hamunaptra y desatando la maldición de Imhotep.
- El regreso de la momia (2001): la pareja ya consolidada enfrenta nuevos horrores y la momia regresa a la vida en Londres.
- La momia: La tumba del emperador Dragón (2008): el cierre de la trilogía, con cambio de elenco y un emperador enterrado en China.
Lo que a mí siempre me fascinó de esta película es cómo Sommers recupera al monstruo clásico de Universal y lo pone a convivir con el cine de aventuras estilo Indiana Jones, con esa alquimia tan particular entre exploración, riesgos físicos y romance. La química entre Fraser y Weisz hace el resto: él resuelve todo a los golpes y con cara de pícaro, ella descifra lo que ningún académico se animó a descifrar, y entre los dos sostienen el corazón de la película mientras la momia avanza como una locomotora de arena y de insectos.
Si te pasó como a mí, que volviste a verla varias veces y cada una te sigue sacando una sonrisa, La momia es de esas cintas que vale la pena revisitar. Forma parte de ese club selecto de películas de aventuras que no necesitan explicaciones complicadas para funcionar: hay ruinas, hay una maldición, hay una pareja improbable y hay un monstruo al que es imposible no mirar. A más de dos décadas de su estreno, sigue siendo una invitación a volver a creer que, del otro lado de la pantalla, todavía puede aparecer una momia con ganas de vengarse.
“La momia es, para mí, la prueba de que el cine de aventuras clásico no está muerto: solo espera a que algún director se anime a mezclar acción, terror y romance sin pedir disculpas.”Lorena Bergamasco
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