La mujer que le enseña a un robot a cortar verduras y le pagan por eso
Divya filma desde India las tareas de su propia cocina para entrenar sistemas con inteligencia artificial. El trabajo es más lento, no todo queda aprobado y, aun así, le permitió dejar de pedirle plata al marido hasta para recargar el celular.

¿Quién le iba a decir a la señora que cortar cebollas iba a terminar siendo un trabajo para la inteligencia artificial? A Divya, vecina del distrito de Karur, en India, le pagan por hacer exactamente eso: grabar con un celular atado a la cabeza cómo pela, corta y limpia en su propia cocina. El material no va a parar a un canal de cocina ni a una red social: termina en bases de datos que se usan para entrenar robots, esos aparatitos que un día prometen limpiarnos la casa mientras nosotros miramos el partido.
La idea es bastante terrenal. Para que un robot con IA (inteligencia artificial, o sea, programas que intentan imitar lo que hace una neurona nuestra, pero en versión chiquita y con menos café) aprenda a manejarse en una casa, necesita ver cómo lo hace un humano. Los videos sirven para analizar cómo se agarran los objetos, cómo se mueve la mano, cuánto hay que forcejear con una tapa que no sale. Es, en criollo, enseñarle al robot con el ejemplo, como cuando uno le muestra a un pibe cómo se pela una papa.
¿Por qué filma desde la cabeza y no desde un trípode?
Porque lo que les interesa a quienes entrenan estos sistemas es ver las cosas desde los ojos de quien las hace. Divya lleva el teléfono sujeto a la frente y, mientras corta verduras o limpia, la cámara captura la tarea en primera persona. Después manda el material y listo: una tarea doméstica cualquiera se convierte en insumo tecnológico. Lo cotidiano, vendido por centavos al por mayor.
Eso sí, no todo lo que filma queda en pie. Ella misma cuenta que, de cuatro horas de grabación en un día, solo le aprueban entre dos y dos horas y media. O sea: casi la mitad del laburo se va a la basura. Y como si fuera poco, hacer la tarea filmando lleva más tiempo que hacerla a lo pavote.
“Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video.”Divya, operadora de Karur
¿Y qué gana con esto, además de un dolor de cuello?
Plata propia, que no es poca cosa. Divya relata que antes dependía de su marido hasta para recargar el celular: le tenía que pedir saldo. Con lo que cobra por los videos aprobados, hoy paga esa recarga y se hace alguna que otra compra sin tener que dar explicaciones. En una economía donde el ingreso de las mujeres suele pasar por la chequera del marido, eso es bastante más que un extra: es autonomía de la buena.
Mientras las grandes empresas del norte global prometen robots asistentes para el año que viene o para el otro, el entrenamiento fino, el de los detalles, el de cómo se lava una vereda o se abre un frasco, se terceriza en personas como ella, en sus casas, con sus ollas y sus trapeadores. Es el lado B de la inteligencia artificial: no hay glamour, hay un celular con cinta en la frente y una mujer aprendiendo a filmar su propia rutina.
Mientras tanto, la señal sigue sin llegar.
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