La novela de Puig que encontró su segunda vida entre luces, palabras y escenario
Claudia Piñeiro convierte en teatro “Maldición eterna a quien lea estas páginas”, la novela escrita por Manuel Puig durante su exilio en Nueva York, en una puesta que rescata su estructura dialogada y su vigencia.

La escena aparece casi desde la primera página: dos voces se cruzan, se provocan y se descubren sin abandonar nunca el centro del relato. Claudia Piñeiro advierte hoy que “Maldición eterna a quien lea estas páginas”, la novela que Manuel Puig escribió durante su exilio en Nueva York, estaba construida casi por completo como un diálogo y pedía a gritos un escenario.
El acercamiento de Piñeiro al texto fue lateral, pero decisivo. Hace unos años, la escritora aceptó escribir el prólogo de una reedición de la obra completa de Puig y, para hacerlo, volvió a leer una novela que ya conocía. Esa nueva lectura le reveló una teatralidad que no estaba dispuesta a dejar pasar: el vínculo entre un argentino amnésico y un joven neoyorquino podía cobrar otra vida con cuerpos, luces, silencios y tiempo presente.
Un libro escrito en el exilio y conectado con el presente
La novela nació en Nueva York, durante el exilio de Puig, pero Piñeiro considera que su mirada alcanza con notable claridad el presente. “Me impresionó cómo le habla al presente el texto”, señaló la autora, convencida de que hay libros cuyo momento de mayor comprensión llega más tarde que su publicación. La puesta de Moncarz, con Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi en el elenco, vuelve a comprobar esa capacidad de la obra para desplazarse en el tiempo sin perder su potencia.
Para Piñeiro, Puig fue un artista integral que siempre mantuvo presentes al cine y el teatro, y que además supo capturar como pocos la idiosincrasia de una clase media argentina que ella describe como “casi arqueológica”. El mérito estaba en fijarse en el lenguaje cotidiano: cartas, conversaciones y formas de dirigirse que no buscaban la corrección, sino la fidelidad con la que hablaba esa gente.
“Todos somos claroscuros.”Claudia Piñeiro
La adaptación también cambió la lectura de Piñeiro. El personaje mayor, áspero y a veces hiriente, ganó sensibilidad con el trabajo de Luis Campos. Esa tensión entre la rudeza y la ternura, visible con una fuerza que la página no siempre alcanza,resume para mí una de las grandes potencias de este regreso: ver cómo un texto que parecía conocido se transforma cuando encuentra cuerpos que lo habitan y un escenario que lo vuelve compartido.
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