La presión alta avanza en silencio: por qué medírsela puede cambiarlo todo
En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez no lo sabe. Controles periódicos, alimentación y movimiento aparecen como las claves para detectarla a tiempo y evitar complicaciones cardiovasculares.

Son las nueve de la mañana en el centro de salud de San Pedro y el aire todavía guarda algo del frío que dejó la noche. María, de 52 años, se acomoda en una silla de plástico y estira el brazo para que le coloquen el manguito. Viene cada tres meses, dice, desde que una médica le dijo que su presión estaba alta. "Yo me sentía bien, nunca me dolía la cabeza ni nada, y cuando me lo dijeron casi no lo podía creer", cuenta mientras mira cómo la aguja del tensiómetro se va deteniendo. Su caso, lejos de ser una excepción, es la regla que preocupa a los especialistas: la hipertensión suele instalarse sin dar señales hasta que ya dejó huella.
Medirse la presión de forma periódica parece un gesto menor, pero es la única manera de saber cómo están funcionando las arterias en el día a día. El procedimiento es rápido, indoloro y está al alcance de cualquier consultorio, farmacia o centro comunitario. Esperar a que aparezca un síntoma, en cambio, es darle tiempo a un problema que avanza de manera silenciosa: cuando el cuerpo finalmente se queja, el daño en el corazón, los riñones o el cerebro ya puede estar encaminado.
Cifras que invitan a no postergar el control
El Registro Nacional de Hipertensión Arterial muestra que el 36,3% de los adultos mayores de 18 años en la Argentina vive con presión elevada. Se trata de cerca de doce millones de personas, de las cuales casi cuatro de cada diez lo desconocen. Y el dato se completa con otra cara del problema: entre quienes ya reciben tratamiento, apenas alrededor del 44% logra mantener los valores dentro de los rangos recomendados. Detectar y sostener el control son, entonces, los dos pendientes centrales.
La escena se repite a escala mundial. El segundo informe global sobre hipertensión de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, advierte que mil cuatrocientos millones de adultos conviven con presión alta y que solo uno de cada cinco la tiene controlada. Las consecuencias, cuando el cuadro se prolonga sin atención, pueden ser tan graves como un infarto o un accidente cerebrovascular, complicaciones que en buena parte de los casos podrían haberse prevenido con un seguimiento adecuado.
Qué se puede hacer en la vida cotidiana
- Reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados,opting por preparaciones caseras con hierbas y especias para dar sabor.
- Sostener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres y grasas de buena calidad como las del aceite de oliva o los frutos secos.
- Realizar actividad física de manera regular, aunque sea caminar treinta minutos por día a ritmo sostenido.
- Atender el estrés crónico con espacios de descanso, buen sueño y, cuando hace falta, acompañamiento profesional.
- Cumplir con los controles médicos periódicos y, si hay diagnóstico, tomar la medicación exactamente como fue indicada, sin suspenderla por decisión propia.
Vuelvo a María mientras se baja la manga del saco y guarda el turno para julio. Afuera, el sol ya calienta la vereda de San Pedro y empieza a soplar una brisa tibia que mueve las hojas de los jacarandás. Ella repite, como si fuera una fórmula que la sostiene, que controlarse la presión es "un acto de amor propio". No le falta razón: tomarse unos minutos para conocer un número tan sencillo como la presión arterial puede ser la diferencia entre un problema a tiempo y una complicación que cambie la vida para siempre. Y ese gesto, al alcance de cualquiera, bien vale incorporarlo a la rutina antes de que el cuerpo, demasiado tarde, lo recuerde por su cuenta.
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