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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Le pidió a una IA una idea contra el cáncer y se topó con la realidad del laboratorio

Una investigadora del Whitehead Institute probó Co-Scientist, el sistema de Google para generar hipótesis científicas. La herramienta sorprendió con una propuesta creativa, pero al sumarle los límites de un doctorado real se quedó sin respuestas viables. El caso deja una pregunta incómoda: ¿sirve la inteligencia artificial cuando hay que gastar tiempo, plata y reactivos?

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Pablo GorositoTecnología · · 2 min de lectura
Le pidió a una IA una idea contra el cáncer y se topó con la realidad del laboratorio

¿Una máquina puede pensar como una científica? Anna Pertl, bioquímica del Whitehead Institute, en Cambridge, Massachusetts, decidió averiguarlo por las malas: le pidió a la inteligencia artificial una hipótesis nueva para atacar a MYC, una proteína clave en la mayoría de los cánceres y que durante décadas viene sacando chispas a los investigadores.

¿Qué pasó cuando la IA se puso a trabajar?

Co-Scientist, el sistema de Google para generar hipótesis científicas, masticó durante una noche más de 700 estudios sobre MYC. Escupió 108 estrategias y se quedó con una sola. La idea era tan rara como llamativa: en vez de disolver los cúmulos de proteínas que activan el gen, la herramienta propuso unirlos todavía más, hasta tapar la lectura del ADN.

“Nunca habíamos pensado en nada parecido”, resumió Kalon Overholt, colega de Pertl. Y acá viene el primer detalle que cualquiera puede entender: la herramienta no la pegó al primer intento. Antes de llegar a esa propuesta, el sistema confundía el blanco con el fármaco y le asignaba siempre a las proteínas una función de activación, cuando algunas hacen justo lo contrario. Corregir esos dos errores les llevó casi una hora.

¿Y cuándo aparecieron los problemas de verdad?

Semanas después, Pertl repitió la consulta. Esta vez le agregó los límites que impone un doctorado cualquiera: tiempo, plata y reactivos finitos. Lo que tenía que ser la prueba final dejó a la herramienta sin respuestas viables. Es decir: la idea creativa existía, pero no se podía llevar al banco con el presupuesto de una tesis.

  • Generar hipótesis puede ser rápido: la IA masticó 700 estudios en una noche.
  • Comprobar esas hipótesis sigue siendo lento: Anton Sinitskiy, químico computacional de la Universidad Northeastern, lo dejó claro.
  • Los protocolos que arma la IA suelen ser más recetas que instrucciones ejecutables, según Ross King, biólogo computacional de la Universidad de Cambridge.
  • MYC sigue siendo una proteína esquiva: alterada en la mayoría de los cánceres y con terapias fallidas durante décadas.

Entonces, ¿sirve la IA en el laboratorio? El caso reúne tres tareas que, por ahora, siguen pidiendo a un humano sentado en la silla: definir bien el problema, revisar las ideas que tira la máquina y decidir si los experimentos que sugiere se pueden pagar y sostener en el tiempo. MYC es una sigla que designa a una familia de proteínas que regulan la lectura de genes clave para el crecimiento celular; cuando se descontrola, la célula se multiplica sin freno.

MIENTRAS TANTO, LA SEÑAL SIGUE SIN LLEGAR.

PG
Pablo GorositoTecnología

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