Los cinco rincones del planeta donde la gente corre con ventaja y vive más años: qué hacen distinto
Fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana son las claves que comparten las comunidades más longevas del mundo. El cardiólogo Jorge Tartaglione pasó por Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa y volvió con una conclusión que, según dice, depende más de cada uno de nosotros de lo que imaginamos.

Es una mañana cualquiera de otoño en Buenos Aires y el aire ya empieza a pegar fresco, de ese que invita a quedarse un rato más debajo de la frazada. Pero antes de que el termómetro termine de subir, uno ya se pregunta cuántos años le quedan por delante y, sobre todo, cuántos de esos años van a ser vividos con buena salud. La pregunta no es nueva, pero sí tiene una respuesta que el cardiólogo Jorge Tartaglione se encargó de ir a buscar personalmente a cinco lugares del mundo donde la gente, se sabe, corre con unos cuantos cuerpos de ventaja en el calendario.
"Definimos nosotros el 75%", dice el especialista, y la frase se cae de simple como para pasarla por alto. Apenas un cuarto de la longevidad se explica por la genética con la que cada uno llega al mundo. El resto, el grueso, queda en manos de cada persona y de las decisiones que toma desde los cincuenta y tantos, que es la franja donde, según Tartaglione, todavía hay tiempo de sobra para sumar entre veinte y veinticinco años más sin enfermedad, si se adoptan ciertos hábitos a tiempo.
Cinco geografías, un mismo patrón
El médico recorrió Loma Linda, en California; la zona rural de Costa Rica; la isla griega de Icaria; Cerdeña, en Italia, y Okinawa, en Japón. Son lugares distantes, con climas y culturas que poco tienen que ver entre sí, pero que comparten un denominador común que él se obsesionó en encontrar.
- En Loma Linda, la comunidad es mayoritariamente religiosa, y Tartaglione les atribuye a esa fe hasta diez años más de expectativa de vida comparados con la media.
- En Costa Rica, el consumo cotidiano de frutas tropicales y un ritmo de vida apacible hacen que buena parte de los habitantes pasen los 80 años.
- En Icaria, la propia geografía obliga: la isla tiene subidas y bajadas pronunciadas y los vecinos caminan durante casi todo el día, sin necesidad de gimnasio.
- En Cerdeña, la mesa se arma con lo que da la tierra, sin envasar ni procesar.
- En Okinawa, los días se ordenan alrededor de un propósito, por mínimo que parezca.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
Con esa definición, casi poética, el cardiólogo quiso marcar la diferencia entre los alimentos frescos y sin aditivos que sostienen a los centenarios de Cerdeña y los ultraprocesados que abundan en las góndolas de cualquier ciudad occidental. Y Okinawa, el quinto punto del recorrido, le dejó la imagen más fuerte: personas de noventa años que se levantan a cantar, a bailar o a tocar música, no por obligación ni por disciplina, sino porque tienen un motivo para pararse de la cama cada mañana. "No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo", describió.
Visto en conjunto, el patrón que cruza a estas cinco comunidades es bastante terrenal: movimiento integrado a la vida diaria, comida lo más natural posible, vínculos sociales activos y alguna motivación que organice la jornada. Nada de eso exige plata, gimnasios de lujo ni condiciones excepcionales. Exige, sí, una decisión cotidiana que, como dice Tartaglione, termina pesando mucho más que la lotería genética con la que nos tocó nacer. Y a esta altura de la nota, mientras afuera sigue entrando ese frío de otoño por la ventana, uno empieza a sospechar que el mejor momento para empezar es hoy mismo.
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