Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Caldenal Noticias

Caldenal Noticias

Portada — Vida —

Puchero, el perro que lleva más de una década patrullando Neuquén en bicicleta junto a los agentes

Tiene unos doce años, duerme en su propio colchón en la Comisaría Primera y se convirtió en una figura entrañable del patrullaje ciclista. Lo reconocen en toda la fuerza, los vecinos se detienen a fotografiarlo y hasta luce un chaleco impermeable hecho por voluntarias.

MV
Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Puchero, el perro que lleva más de una década patrullando Neuquén en bicicleta junto a los agentes

Lo veo apenas llego a la esquina de Ministro González y Mendoza, una mañana fresca en la que el viento patagónico se cuela entre los edificios del centro neuquino. Ahí está Puchero, sentado en la vereda con la lengua afuera y la mirada atenta, como si esperara la orden de salida. No es un perro cualquiera: según me cuentan los agentes que lo conocen, lleva más de una década acompañando a los bicipolicías en sus recorridas por la ciudad y ya es parte del paisaje tanto como las bicicletas verdes de la fuerza.

Nadie lo trajo a la Comisaría Primera. Un día apareció y nunca más se fue. Al principio fue uno más entre los perros que merodean las dependencias policiales, pero con el tiempo se ganó un colchón propio, vacunas al día y la compañía diaria de los agentes que salen a pedalear por Neuquén.

Un uniforme con leyenda

Sobre el torso lleva un chaleco impermeable con una frase que arranca más de una sonrisa: "No me lo robes... yo también tengo frío". La prenda se la cosieron integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, que se ocuparon también de mantenerlo abrigado en los crudos inviernos del Alto Valle. Cuando Puchero camina junto a los bicipolicías, muchos transeúntes asumen que busca un hogar. No es así: tiene cama fija, comida garantizada con los aportes del personal y controles veterinarios al día, aunque la edad ya se le nota y estiman que ronda los doce años, quizás algo más.

Su base oficial es la Comisaría Primera, pero su radio de movimiento es mucho más amplio. Cubre la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste y la Comisaría Segunda, y algunos días aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre las calles Petróleo e Intendente Carro. Como toda la fuerza lo reconoce, siempre tiene dónde y un agente dispuesto a convidarle agua.

La patrulla en dos ruedas

La modalidad de patrullaje en bicicleta nació en el año 2000 por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, junto a un grupo de agentes de Cutral Co que empezaron a cubrir el territorio pedaleando. Puchero llegó años después y adoptó la rutina como propia: cuando arranca el turno, ya está en la puerta esperando.

“Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención. Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado.”Nemesio Lagos, agente de la fuerza, nueve años en el servicio

Nemesio Lagos lo conoce desde su primer día como agente y se ríe cuando describe la coordinación: las paradas para que el perro descanse forman parte de la logística del recorrido, como cargar la botellita de agua o chequear los obstáculos en la calle.

  • Duerme en un colchón propio dentro de la Comisaría Primera.
  • Recorre a diario la zona del Jumbo, el corredor este-oeste y la Comisaría Segunda.
  • Sale siempre con los bicipolicías, que adaptan el ritmo para no cansarlo.
  • Se muestra indiferente con otros perros y solo ladra para alertar en procedimientos.
  • Ante cualquier intento de adopción, volvió siempre a la dependencia.
“Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso.”Aldana Campos, agente de la seccional, tres años en el servicio

La agente Aldana Campos me cuenta, mientras le rasca detrás de las orejas, que Puchero tiene un carácter sorprendentemente sereno. Con otros perros es indiferente y, si alguno lo provoca, directamente lo ignora. En procedimientos tensos ladra para marcar presencia, pero no escala la situación. Esa mezcla de calma y atención es, según los uniformados, lo que lo convierte en un compañero ideal para el trabajo en la calle.

Un perro de la casa

Hubo intentos de adoptarlo. Vecinos interesados se acercaron y más de un agente lo pensó, pero el perro nunca aceptó irse. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", resume Campos con una media sonrisa, como si la decisión la hubiera tomado él y no la dependencia. En cada recorrida por el centro, los vecinos se detienen a fotografiarlo y algunos le acercan galletas o restos de comida que los agentes agradecen y, si está permitido, aceptan.

Cuando me voy de la esquina de Ministro González y Mendoza, el viento sigue soplando y Puchero ya está de nuevo en la vereda, mirando hacia la calle como esperando que llegue la próxima patrulla. Es, me dicen los bicipolicías, el primero en estar listo cada mañana y el último en irse cuando cae el sol en Neuquén. Después de tantos años, ya no hace falta aclarar quién adoptó a quién.

MV
Marta VillalbaSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo