Remediar se quedó con apenas seis medicamentos y en los barrios del interior ya se siente el recorte
El programa nacional que abastece a los centros de atención primaria pasó de distribuir 128 productos a solo seis, todos vinculados a enfermedades cardiovasculares. Antibióticos, antiinflamatorios, jarabes pediátricos y medicación para diabetes dejaron de llegar a los dispensarios y, según las provincias, la demanda se vuelca ahora a los hospitales públicos.

Son las nueve de la mañana en el dispensario del barrio y la señora que cruza la calle todavía cree que va a poder retirar la amoxicilina para el nene, el ibuprofeno para la abuela y las pastillas para la presión del marido. Pregunta en la ventanilla, le explican con paciencia que ya no hay, que el programa Remediar que durante más de veinte años garantizó esos medicamentos en el primer nivel de atención hoy distribuye apenas seis productos en todo el país. La mujer se da vuelta, se acomoda el bolso y empieza a pensar cómo llega hasta el hospital municipal. La escena se repite, con distintos matices y distintos nombres propios, en cientos de pueblos y ciudades argentinas desde que el recorte se profundizó.
Lo que hasta hace poco era una herramienta cotidiana para los centros de salud, los dispensarios y las salas municipales de atención primaria quedó reducido a una mínima expresión. El programa Remediar, que llegó a repartir 128 medicamentos, hoy entrega apenas seis y todos están vinculados a tratamientos cardiovasculares. El cambio implica que antibióticos, antiinflamatorios, jarabes pediátricos, vitaminas y fármacos para personas con diabetes dejaron de llegar a los centros barriales donde se atienden pacientes sin obra social ni prepaga.
La mirada de las provincias
El secretario de Salud de Córdoba, Gustavo Klein, describió el proceso con crudeza y agregó una referencia temporal que preocupa al interior: "Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento". El funcionario advirtió que la reducción de la oferta en los centros del primer nivel puede terminar reventando las guardias y los consultorios externos de los hospitales públicos provinciales. "Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema", señaló, y aclaró de inmediato que los hospitales provinciales cuentan con farmacia hospitalaria propia y están funcionando, pero advirtió que absorber lo que antes resolvía el centro barrial es otra cosa.
“Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba
Qué dejó de llegar a los centros de salud
- Antibióticos de uso ambulatorio, clave para infecciones comunes en chicos y adultos.
- Antiinflamatorios y analgésicos, que suelen ser lo primero que se retira en una consulta barrial.
- Jarabes pediátricos, el formato que necesitan las madres para los cuadros respiratorios y de los más chicos.
- Vitaminas y suplementos, incluidos los que se entregan durante el embarazo y la lactancia.
- Medicación para diabetes, una de las más críticas porque su interrupción tiene consecuencias rápidas y graves.
Klein contó además que Córdoba pidió formalmente una reunión con autoridades sanitarias nacionales para discutir el alcance del recorte y que, en los últimos encuentros del Consejo Federal de Salud, la posición del gobierno nacional fue que el programa debía concentrarse en patologías cardiovasculares. Esa definición deja afuera la enorme mayoría de los motivos por los cuales alguien concurre a un centro de salud del primer nivel: una angina de pecho es la excepción, no la regla, en la consulta diaria de un dispensario.
Para los usuarios, el impacto no es abstracto ni estadístico. Es muy concreto: medicación que antes se retiraba a la vuelta de la manzana, ahora se busca, si existe, en el hospital. Eso significa un viaje más largo, una espera mayor y, en muchos casos, la decisión descremada de comprar lo que se pueda, dejar lo que no se pueda o directamente interrumpir un tratamiento. En las barriadas del interior, donde el colectivo pasa cada forty minutos y la economía del hogar viene ajustada desde hace rato, el dato se siente en la mesa y se siente en la farmacia.
En Córdoba, Klein insistió en que el sistema provincial está respondiendo como puede, pero sostuvo que la lógica nacional terminó por romper un eslabón clave: el primer nivel de atención. Cuando un centro barrial no puede dar un antibiótio, un antiinflamatorio o una insulina, el paciente no desaparece, aparece en otro lado, y ese otro lado es el hospital público, que no fue pensado para reemplazarlo. El funcionario graficó esa migración con una palabra que en la jerga sanitaria suena técnica pero en el barrio se entiende sin diccionario: colapso.
La mañana en el dispensario del barrio sigue su curso. La señora del principio se va caminando despacio, con la receta en la mano y la lista de lo que ya no consigue en el bolsillo. Del otro lado de la ventanilla, la enfermera anota lo que falta, lo que sobra y lo que los vecinos empiezan a preguntar. Afuera, un viento frío de julio se mete entre los jacarandáes y la rutina del barrio se acomoda, como siempre, alrededor de lo que falta.
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