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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Seis espectadores y treinta dólares: la película más solitaria de la historia del cine estadounidense

La rareza comercial de «Zyzzyx Road», el thriller que Penney rodó en el desierto y que Heigl y Sizemore protagonizaron en silencio comercial, vuelve a circular como una de las anécdotas más insólitas de Hollywood. Una función diaria durante una semana, un cine alquilado en Dallas y una estrategia pensada para el mercado internacional que, al menos en papel, terminó rindiendo.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Seis espectadores y treinta dólares: la película más solitaria de la historia del cine estadounidense

Lo primero que uno imagina cuando escucha la palabra «estreno» es una sala llena, una alfombra roja, palomitas y el murmullo típico de una función nocturna. Pero el debut de «Zyzzyx Road» rompió cualquier expectativa: el telón se levantó al mediodía en el Highland Park Village Theater de Dallas y, del otro lado, apenas seis butacas ocupadas. La imagen es casi cinematográfica en sí misma, una de esas postales que cuesta sacarse de la cabeza.

Yo había escuchado mil veces la historia, pero siempre viene bien refrescarla porque parece inventada y no lo es. La película que John Penney escribió, produjo y dirigió durante veinte días del verano de 2005 en el desierto de Mojave llegó a las salas el 25 de febrero de 2006 y se mantuvo en cartel hasta el 2 de marzo. Un único cine, una función diaria, entradas a cinco dólares. La recaudación, como ya se volvió leyenda, fue de treinta dólares.

Una semana en una sala alquilada

La cifra se entiende mejor cuando se conocen los números detrás. La sala fue alquilada por mil dólares para ofrecer una función al mediodía durante toda la semana, con localidades a cinco dólares. En ese período asistieron seis personas, lo que dejó los famosos treinta dólares. Entre los espectadores estaban la maquilladora Sheila Moore y una amiga; el protagonista y productor Leo Grillo les reintegró el importe de las dos entradas, así que, hecha esa devolución, lo que efectivamente quedó en caja fueron veinte dólares.

  • Producción con presupuesto de 1,2 millones de dólares.
  • Rodaje de veinte días en el verano de 2005, en el desierto de Mojave.
  • Estreno limitado en el Highland Park Village Theater de Dallas.
  • Función diaria al mediodía durante una semana, con entradas a cinco dólares.
  • Recaudación de treinta dólares, reducida a veinte tras la devolución a dos espectadoras.
  • Venta de derechos internacionales para DVD por unos 368.000 dólares en veintitrés países.

Un elenco que todavía pesaba

Más allá del affaire comercial, la película tenía argumentos propios para no pasar tan inadvertida. El elenco reúne a Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore, tres nombres que en 2006 empezaban a ocupar lugares muy distintos en la conversación de Hollywood. Heigl había filmado poco antes el piloto de «Anatomía de Grey» y aceptó el papel después de que Thora Birch lo rechazara. Sizemore, por su parte, llegaba con una trayectoria que incluía títulos como «Rescatando al soldado Ryan» y «Heat».

La trama, por lo demás, es bien directa: una pareja, un crimen y un cadáver que desaparece. Después de matar al exnovio de ella, los protagonistas deciden enterrarlo en la carretera que da nombre a la película. Cuando regresan a buscar el cuerpo, ya no está. Suficiente para sostener un thriller de bajo presupuesto filmado en el desierto y pensado, sobre todo, para el mercado internacional.

Porque acá viene el otro capítulo, el que suele olvidarse cuando se repite la anécdota de los treinta dólares. Grillo buscaba generar ingresos afuera para financiar futuros proyectos cinematográficos vinculados con animales, y la exhibición estadounidense fue apenas una pieza dentro de esa estrategia. Los derechos internacionales para DVD terminaron sumando unos 368.000 dólares en veintitrés países, una cifra que, comparada con el presupuesto inicial, le dio otro aire a la operación.

Cada vez que vuelvo a esta historia no puedo evitar pensar en cómo conviven las dos versiones en un mismo relato. Por un lado, la postal de una sala casi vacía en Dallas, con seis personas mirando una función al mediodía, dos de ellas recibiendo la entrada de vuelta. Por el otro, un negocio que se cerró del otro lado del mostrador, en los catálogos internacionales, donde la película encontró su público real. Las dos cosas son verdad, y las dos forman parte del mismo título.

A mí, particularmente, lo que más me interesa de una película como «Zyzzyx Road» no es el récord ni la rareza comercial, sino lo que la historia de su realización cuenta sobre cómo se hace cine por afuera de las grandes majors. Hay algo profundamente humano en ese productor que alquila una sala para cumplir con la letra chica de un estreno, devuelve entradas y, a la vez, negocia DVD por veintitrés países. Es el reverso exacto del sueño de Hollywood, y por eso, tal vez, sigue dando tanto para conversar.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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