Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Caldenal Noticias

Caldenal Noticias

Portada — Vida —

Terapia acuática: cuando la pileta se convierte en consultorio

La rehabilitación dentro del agua gana terreno como complemento de tratamientos médicos para dolores articulares, recuperaciones quirúrgicas y ciertas patologías neurológicas. Especialistas explican cómo actúa la flotabilidad, la resistencia y la temperatura en el cuerpo.

MV
Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Terapia acuática: cuando la pileta se convierte en consultorio

El termómetro del pueblo marca una mañana fresca y algo ventosa cuando uno llega al centro de rehabilitación y se cruza con Marta, una vecina de San Fernando que concurre tres veces por semana a la pileta de la clínica para seguir un tratamiento por una artrosis de rodilla. Viene con el pelo todavía húmedo y un mate en la mano, y mientras se acomoda en el banco de entrada me cuenta que antes de empezar las sesiones casi no podía subir la escalera de su casa sin que la articulación le pidiera a un quejido. Hoy, dice, la molestia no desapareció, pero la rutina en el agua le devolvió algo que el consultorio de paredes blancas no terminaba de darle: la confianza para moverse otra vez sin miedo a caer.

Esa experiencia resume, en buena medida, de qué se habla cuando se habla de terapia acuática o hidroterapia: una modalidad de rehabilitación que se realiza en piletas de poca profundidad, siempre bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales, y que está pensada como complemento de un tratamiento médico, nunca como reemplazo. No es una clase de natación ni una rutina deportiva convencional. Las sesiones se diseñan a partir de una evaluación individual y se adaptan al estado de salud, a la condición física y a los objetivos de cada paciente. Saber nadar no es un requisito excluyente, porque el trabajo se concentra en movimientos controlados a baja altura de agua.

Por qué el agua cambia la manera en que se mueve el cuerpo

Por qué el agua cambia la manera en que se mueve el cuerpo

Cuatro propiedades del medio acuático son las que sostienen su uso terapéutico: flotabilidad, resistencia, presión hidrostática y temperatura. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones. Con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal, y si se sumerge hasta el cuello la descarga trepa hasta cerca del noventa por ciento. Esa descarga parcial permite ejecutar ejercicios que en tierra serían dolorosos o directamente inviables, sobre todo cuando hay compromiso de rodillas, caderas o columna.

La resistencia del agua, por su parte, ofrece hasta setecientas veces más oposición que el aire, lo que permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas ni máquinas. La presión hidrostática actúa como un guante que comprime de manera pareja los tejidos blandos y puede contribuir a reducir hinchazones, mientras que el agua tibia, en general entre treinta y tres y treinta y seis grados, favorece la relajación muscular y disminuye los espasmos. Sobre ese cóctel físico, la fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, definió a la modalidad como una fisioterapia con el aporte de la ingravidez, y suele insistir en que la pileta funciona como un puente: se empieza adentro, se fortalecen el tronco y el equilibrio, y después se pasa a los ejercicios en superficie firme.

Para qué cuadros se indica

Para qué cuadros se indica

  • Artritis y osteoartritis, donde la descarga de peso disminuye el dolor al mover la articulación.
  • Dolor crónico y fibromialgia, donde el agua tibia ayuda a relajar la musculatura y a tolerar mejor el ejercicio.
  • Lesiones de rodilla, cadera, tobillo, hombro, cuello y zona lumbar, ya sea en etapa aguda como en la fase de vuelta a la actividad.
  • Recuperación previa y posterior a cirugías ortopédicas, como reemplazos de cadera o rodilla y reparaciones ligamentarias.
  • Patologías de columna como hernias de disco y estenosis espinal, donde la flotación reduce la compresión.
  • Cuadros neurológicos como Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular, donde el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menos riesgo de caídas.

Los programas suelen organizarse en ciclos cortos, de entre dos y ocho sesiones como punto de partida, y la frecuencia se ajusta según la evolución. Una sesión típica puede combinar movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio estático y dinámico, y práctica de marcha dentro de la pileta. Cada bloque se dosifica para que el paciente se fatigue sin sobrepasarse, y la temperatura ambiente del agua cumple un papel clave: en cuadros neurológicos suele recomendarse agua más fresca para estimular la atención, mientras que en casos de dolor crónico se busca el agua más cálida para favorecer la relajación. Como me dijo Marta antes de volverse a su casa, con la térmica todavía baja en el pueblo, lo que se entrena en la pileta después se nota en las cosas más simples: cruzar la calle, levantar una bolsa, sentarse y levantarse sin pensarlo tanto.

MV
Marta VillalbaSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo