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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Travis Knight, el artesano de Laika que se planta frente a la inteligencia artificial antes del estreno de Wildwood

El director vuelve al stop motion con una película de 140 minutos filmada cuadro a cuadro y reivindica el oficio humano como el corazón del estudio.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 2 min de lectura
Travis Knight, el artesano de Laika que se planta frente a la inteligencia artificial antes del estreno de Wildwood

La cuenta regresiva ya está en marcha en las oficinas de Laika, en Portland, y se siente en cada rincón del set: las mesas de iluminación todavía humedecidas por el café de la madrugada, los muñecos articulados esperando su turno en estanterías que parecen sacadas de un taller de relojería, y en el centro de todo, supervisando los últimos ajustes, Travis Knight, el director que hace casi una década le devolvió al stop motion un lugar de privilegio en la conversación sobre animación de autor. A sus 52 años, Knight se apresta a debutar en la pantalla grande con Wildwood, una película que el propio estudio no duda en describir como lo más difícil que encararon en su historia, y lo hace en un contexto que vuelve su elección casi una declaración de principios: mientras la inteligencia artificial avanza sobre casi todas las industrias creativas, él apuesta por una técnica que se jacta, según sus propias palabras, de ser profundamente humana.

El arte de mover un muñeco un centímetro a la vez

Wildwood tiene 140 minutos y fue filmada cuadro a cuadro, a mano, como se hacía en los tiempos en que la animación era una artesanía heredada de padres a hijos. Para quien haya seguido la carrera de Knight, el dato no sorprende: su debut como director fue Kubo y las dos cuerdas mágicas, aquella película de 2016 que lo llevó directo a la alfombra del Oscar y lo instaló como uno de los nombres ineludibles de la animación contemporánea. Después vinieron los desvíos hacia la acción real, con Bumblebee y el anunciado regreso de He-Man y los Masters del Universo, pero el hilo conductor de su obra siempre volvió al mismo lugar: la convicción de que el cine, cuando es arte, lleva la firma inconfundible de quien lo hace.

“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista.”Travis Knight

Esa convicción fue la que llevó al director a marcar una línea tajante frente al avance de las herramientas automatizadas. En diálogo con la prensa especializada, Knight reconoció que la inteligencia artificial es una tecnología asombrosa y que sería necio ignorarla, pero sostuvo que le falta exactamente lo que él considera indispensable para hacer arte: una cuota de humanidad irrepetible. El contraste que plantea no es menor ni caprichoso: de un lado, el stop motion, con sus imperfecciones a la vista, sus marcas de proceso, sus jornadas de trabajo que se cuentan en fotogramas y en tazas de café compartido; del otro, una tecnología capaz de producir imágenes sin dejar rastros de quién las pensó, las que las sintió o las que las imaginó.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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