Tres viajes a las islas para contar lo que casi nadie cuenta: la vida de los kelpers en tiempos de paz
Pablo Aparo pasó cinco meses entre 2020 y 2024 conviviendo con los habitantes civiles de las Malvinas. El resultado es "Los vencedores", un documental que obtuvo dos premios en el BAFICI y todavía se proyecta en salas de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.

El viento pega de costado contra la fachada de chapa de la granja de Matt, en pleno corazón de las Malvinas, y la cámara de Pablo Aparo tiembla apenas antes de enfocar la cara curtida de un terrateniente que mira al visitante argentino como se mira a alguien que todavía no terminó de decir todo lo que vino a decir. Son las cuatro de la tarde de un día de enero reciente, el termómetro marca doce grados y la llovizna horizontal convierte cualquier conversación al aire libre en un desafío. Aparo, cineasta porteño de cuarenta años, está por tercera vez en las islas. Esta vez llegó para quedarse cinco meses y terminar lo que empezó en 2020, cuando pasó apenas diez días preguntándose algo muy simple: cómo hace la gente común de las Malvinas para vivir a pocos kilómetros de la base aérea militar más grande de la región.
La pregunta no es menor. Las islas tienen alrededor de tres mil quinientos habitantes civiles, una cifra casi calcada a la cantidad de efectivos que permanecen estacionados de manera permanente en esa base. Aparo necesitaba entender esa convivencia, y para eso pidió los permisos de filmación ante la Administración de Malvinas y se instaló en Stanley con una mochila, dos baterías de repuesto y una libreta donde iba anotando los nombres de quienes le abrían la puerta y los de quienes le pedían que guardara la cámara. La respuesta fue despareja: algunos vecinos colaboraron con entusiasmo, otros directamente le cerraron el acceso a ciertos lugares.
Matt, el único que dijo que sí
El único que aceptó la solicitud de filmación fue Matt, un criador de ovejas dueño de una estancia extensa en medio de las montañas, conocido en la isla por expresar sin vueltas su rechazo hacia la Argentina. Esa misma tarde, Aparo ya estaba durmiendo en la granja. Lo que siguió fueron semanas de mate compartido, de caminatas bajo la lluvia fina y de conversaciones donde la guerra de 1982 aparecía no como una efeméride lejana sino como una herida todavía abierta. Matt le mostró las marcas de la inundación que arruinó parte del campo en el último temporal, le señaló las colinas donde se ven los campos minados que el Reino Unido todavía no removió y le contó cómo su familia fue una de las encerradas por el Ejército argentino en mayo de 1982.
El documental registra con detalle la visita de ambos al Salón de la Pradera del Ganso, el edificio donde los soldados argentinos mantuvieron cautivos durante varias semanas a los isleños de la zona, entre ellos a Matt y a sus padres. La presencia de un argentino dentro de ese lugar provocó que varios asistentes abandonaran la sala antes de que se pudiera terminar la charla prevista. Aparo no apela al golpe bajo: muestra el momento con la misma cadencia paciente con la que muestra el resto de la rutina isleña, y deja que el espectador saque sus propias conclusiones.
Lo que casi no se conoce del otro lado
La película recoge además testimonios sobre el período bélico que circulan poco en la Argentina. Varios isleños cuentan que, después del cese del fuego, abrieron galpones donde los soldados argentinos habían dejado donaciones de ropa de invierno y alimentos enviadas desde el continente para las tropas que llevaban semanas expuestos al frío sin haberlas recibido. También aparecen cartas que soldados argentinos escribieron a los propios kelpers, redactadas en un inglés elemental, pidiendo comida o abrigo. Son papeles guardados durante cuatro décadas en casas de chapa, y que la película rescata por primera vez para el público argentino.
“Yo no vine a buscar una reivindicación ni a discutir soberanía en la pantalla. Vine a mostrar cómo vive la gente, cómo piensa y qué recuerdos guarda de aquellos meses. La política se resuelve en otro lado.”Pablo Aparo, director de "Los vencedores"
- Premios obtenidos: dos reconocimientos en el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).
- Funciones previas: pasó por la sala del Malba y por muestras de cine en distintos puntos del país.
- Ciudades donde se proyecta actualmente: Ciudad de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.
- Recomendación práctica: confirmar la cartelera de cada sala porque la programación cambia semana a semana, y las funciones suelen limitarse a uno o dos horarios por día.
Afuera vuelve a soplar el viento de las islas, esa constancia que hace que las puertas cierren solas y que la conversación se incline hacia el lado contrario del que sopla. Aparo ya está de vuelta en Buenos Aires, en una redacción prestada donde edita los últimos planos, pero cuando le pregunto qué le cambió personally ver las Malvinas desde el lado de los kelpers, se queda callado un momento largo. Después responde con una frase que suena a síntesis de estos cinco meses: uno termina entendiendo que la historia que le contaron de chico es solo una de las versiones, y que al lado de la suya hay otras que también merecen ser escuchadas, aunque duelan, aunque incomoden, aunque cambien de un plumazo la imagen que uno traía armada desde el continente. La pregunta que Aparo dejó flotando al final de cada proyección, la misma que cierra esta nota, sigue siendo la más honesta: ¿cambiaría algo en tu manera de pensar las Malvinas conocer esta historia desde la perspectiva de quienes viven allá?
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