Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Caldenal Noticias

Caldenal Noticias

Portada — Vida —

Un museo de adobe que se esconde entre los cerros de la Quebrada de Huichaira

El Museo Entre los Cerros funciona sin carteles ni publicidad en un pueblo jujeño. Lo creó un fotógrafo porteño hace más de una década y hoy atrae visitantes de todo el país con una colección pensada para detenerse.

MV
Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Un museo de adobe que se esconde entre los cerros de la Quebrada de Huichaira

El viento baja seco desde los cardones y arrastra polvo fino sobre la ruta 9. El cielo está limpio, de un azul que parece pintado a mano, y el termómetro marca apenas unos grados a esta altura. En la Quebrada de Huichaira, frente a Tilcara, una construcción de adobe se mimetiza con el paisaje hasta tal punto que uno puede pasar por delante sin advertir que allí funciona un museo de fotografía. No hay carteles en el camino, no hay un letrero luminoso, no hay gigantografías prometiendo maravillas. El lugar se llama Museo Entre los Cerros y existe, literalmente, porque alguien decidió que había que descubrirlo por cuenta propia.

Lo fundó Lucio Boschi, un fotógrafo de 60 años nacido en la provincia de Buenos Aires que recaló en el norte argentino hace ya varios años. Cuenta que llegó a la zona siguiendo el curso del río Huichaira, se topó con una formación de cerros que lo dejó sin aliento y resolvió comprar un terreno. Primero levantó una casa de barro para vivir; después, con paciencia de artesano, fue dándole forma al museo. Las paredes son de adobe, los pisos respetan el color de la tierra y la arquitectura está pensada para que la luz natural ingrese de manera filtrada a las salas, como si el propio cerro formara parte de la exhibición. La idea, dice Boschi, fue siempre que el entorno dialogue con las fotografías colgadas.

Una colección armada a fuerza de cartas y de buena fe

La colección permanente reúne obras donadas por fotógrafos argentinos y latinoamericanos de primer nivel. Están Marcos López y Graciela Iturbide, el maestro cusqueño Martín Chambi, la dupla de Alessandra Sanguinetti, la mirada de Irina Werning y los registros de Rodrigo Abd, entre otros. Lo notable es cómo se construyó ese acervo: sin dinero para comprar, Boschi escribió cartas a colegas, contactó a galerías y apeló a relaciones que había cultivado durante años de trabajo internacional. La respuesta fue casi unánime. Todos dijeron que sí, y las paredes del museo se fueron llenando de imágenes que cuentan medio siglo de fotografía regional.

La decisión de no señalizar el museo en la ruta fue tan deliberada como la de buscar donaciones. Boschi estaba convencido de que el público debía encontrar el lugar por sus propios medios. Por eso al principio no llegaba nadie. Los primeros visitantes fueron los chicos de la escuela del pueblo, que cruzaban la ruta para curiosear entre las paredes de adobe. Después vinieron guías locales, grupos de aficionados a la fotografía y, con el correr de los años, curadores y directores de museos internacionales que escucharon hablar del sitio y quisieron comprobarlo en persona.

Más que una sala de exposición

  • Una biblioteca especializada en fotografía argentina y latinoamericana, abierta a la consulta.
  • Talleres y residencias artísticas para fotógrafos que llegan de distintas provincias.
  • Un programa gratuito de formación destinado a jóvenes fotógrafos del interior del país, becados para producir en la zona.
  • Un espacio de encuentro para la comunidad de Huichaira, que lo utiliza para reuniones y actividades culturales.

María Condorí, vecina de Tilcara que concurre casi todos los meses, lo resume con una frase que se repite entre los lugareños. En el pueblo, cuenta, se sabe que cuando alguien necesita un rato de calma cruza la ruta y se sienta en los bancos del museo, debajo del adobe, a mirar las fotos con el silencio de los cerros como única compañía. Para visitarla recomienda ir con tiempo, porque las salas invitan a caminar despacio y porque la luz cambia a cada hora, lo que modifica la lectura de las obras. La referencia más práctica sigue siendo la ruta 9 desde Tilcara; los navegadores, advierte, suelen quedar desactualizados en los tramos finales de los caminos de cornisa.

El sol empieza a caer sobre la quebrada cuando la visita termina. El viento arrastra otra vez polvo sobre la ruta 9 y el adobe del Museo Entre los Cerros vuelve a confundirse con el color del cerro. Quien haya llegado hasta aquí entiende por qué Lucio Boschi no quiso ponerle un cartel: hay hallazgos que sólo tienen sentido cuando uno los hace propios, y este museo, escondido a 2.700 metros de altura, parece decidido a seguir premiándole la paciencia a quien se anime a buscarlo.

MV
Marta VillalbaSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo