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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un parásito que cruza la frontera entre la caja de arena y la mesa familiar: la Giardia que viven los gatos y que también puede enfermar a las personas

Un estudio sobre más de 157.000 muestras de gatos en Estados Unidos y Canadá detectó que casi uno de cada cinco infectados porta variantes del protozoo Giardia duodenalis capaces de saltar a los humanos. Especialistas recomiendan controles veterinarios periódicos y hábitos simples de higiene para reducir riesgos, sobre todo en hogares con gatitos pequeños.

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Marta VillalbaSociedad · · 5 min de lectura
Un parásito que cruza la frontera entre la caja de arena y la mesa familiar: la Giardia que viven los gatos y que también puede enfermar a las personas

Son las ocho de la mañana en un barrio residencial del conurbano bonaerense y la rutina empieza como siempre: el termómetro marca once grados, hay una brisa fresca que se cuela por la ventana entreabierta y Lola, una gata común de un año y medio que recogimos de la calle cuando era una cría, entra desde el patio con las patas húmedas del rocío y salta directo a su bandeja. Mientras limpio el arenero, pienso cuántas veces al día uno toca ese plástico, los granos de arena, los restos que deja el animal, y cuántas veces se lava las manos después. Esa pequeña escena hogareña es el punto de partida de una investigación que acaba de sacudir a la comunidad veterinaria y que vuelve a poner sobre la mesa un tema que muchos dueños prefieren mirar de costado: la Giardia duodenalis, un parásito intestinal que viven los gatos en silencio y que, en ciertas variantes, puede pasar a las personas.

El trabajo, publicado en la revista PLOS One, analizó 157.616 muestras fecales de gatos domésticos procesadas por un laboratorio comercial de referencia que opera en 49 estados de Estados Unidos y en cinco provincias canadienses, con registros tomados entre marzo de 2022 y agosto de 2023. El hallazgo central es que el 6,3 por ciento de los animales analizados dio positivo para Giardia, lo que equivale a unos 9.962 gatos. Y dentro de ese grupo, el 18,5 por ciento, es decir 1.840 felinos, portaba los llamados ensamblajes A y B, las variantes genéticas del parásito que pueden infectar tanto a humanos como a otros mamíferos, a diferencia de otros linajes más restringidos a la especie felina.

Los más chicos, los más expuestos

La edad fue una de las variables más elocuentes del estudio. Los gatos menores de un año presentaron una tasa de infección del 10,7 por ciento, muy por encima del 1,3 por ciento registrado en los adultos. Entre los positivos jóvenes, el 19,7 por ciento llevaba las variantes A o B, las que pueden saltar de especie. La explicación que manejan los investigadores combina dos factores que suelen darse la mano: por un lado, los cachorros gatitos tienen mayor exposición a entornos compartidos, camadas, guarderías, criaderos o incluso hogares donde conviven varios animales; por el otro, su sistema inmunitario todavía está madurando, lo que los vuelve más permeables a distintos agentes intestinales.

  • El 6,3 por ciento de los gatos analizados en el estudio dio positivo contra la cepa de Giardia duodenalis en general.
  • El 18,5 por ciento de los infectados portaba los ensamblajes A y B, que pueden transmitirse a personas.
  • Los gatos menores de un año fueron los más afectados, con una prevalencia del 10,7 por ciento.
  • La variante predominante fue el ensamblaje F, asociado sobre todo a los felinos.
  • La detección no implica contagio automático, pero sí indica la necesidad de una consulta veterinaria.

El mecanismo de contagio es bastante conocido por los veterinarios pero no tanto por los dueños. La Giardia se transmite mediante quistes, unas estructuras de resistencia que se eliminan con las heces y que pueden sobrevivir en el ambiente durante semanas si las condiciones de humedad lo permiten. Esos quistes terminan en el agua, en los alimentos, en los pisos, en los objetos que el gato lame o en la propia arena de la bandeja. Y desde allí pueden llegar, por vía oral, a otros animales o a las personas del hogar. La buena noticia es que la higiene cotidiana reduce mucho el riesgo: lavarse las manos después de manipular la bandeja, mantener los areneros limpios, evitar que el gato beba agua de fuentes dudosas y controlar periódicamente la materia fecal del animal son medidas simples que marcan una diferencia real.

Ahora bien, ¿cómo se sabe si un gato tiene Giardia? Acá aparece otro dato que preocupa y que a la vez tranquiliza: tanto los animales como las personas pueden ser portadores sin presentar ningún síntoma visible. Cuando los signos aparecen, suelen ser deposiciones blandas o directamente líquidas, abdomen distendido, variaciones en el apetito y un descenso en el nivel de actividad habitual del felino. Pero ninguno de esos indicios, por sí solo, confirma la presencia del parásito. El diagnóstico se realiza mediante un examen coproparasitario de la materia fecal o, con mayor precisión, a través de técnicas moleculares como la PCR, que detecta el material genético del protozoo. En criaderos, refugios o casas donde conviven varios gatos, los especialistas recomiendan repetir los estudios para evitar falsos negativos, ya que la eliminación de quistes no es constante.

“En casa siempre decimos que Lola nos eligió a nosotros, no al revés. La adoptamos chiquita, con la panza inflamada y miedo a todo. La llevamos al veterinario, le hicimos todos los estudios, y aprendimos que la limpieza diaria y los controles periódicos no son un capricho: son la manera que tenemos de quererla bien. Si uno mira a su gato como parte de la familia, tiene que cuidarlo como parte de la familia, y eso incluye estar atento a estos parásitos que no se ven pero que están.”Graciela, vecina de Quilmes

El sol ya entró franco por la ventana del living, el viento fresco de la mañana se aplacó y Lola duerme hecha un ovillo sobre una de las sillas del comedor, todavía con las patas tibias del rocío que pisó hace un rato. Cuando despierte, le voy a servir el desayuno, le voy a revisar la bandeja y me voy a lavar las manos como cada día. No es paranoia ni exageración, es apenas un recordatorio de que compartir la vida con un animal también es hacerse cargo de los microorganismos que conviven con él. Y de que, mientras la ciencia avanza y los laboratorios publican cifras como las de este trabajo, la mejor herramienta sigue siendo la misma de siempre: información, consulta veterinaria y un poco de sentido común hogareño. La Giardia está ahí afuera, en muchos gatos, en muchos barrios, en muchos países. Lo que hacemos con esa información, en cada casa, es lo que termina marcando la diferencia.

MV
Marta VillalbaSociedad

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