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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un sí chiquito y a pleno día: Julieta Prandi y Emanuel Ortega dieron el paso en San Isidro con apenas 36 testigos

La conductora y el músico sellaron su unión en el Registro Civil rodeados de familia y amigos íntimos, en una jornada que ellos mismos describieron como simbólica y a la vez muy personal.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Un sí chiquito y a pleno día: Julieta Prandi y Emanuel Ortega dieron el paso en San Isidro con apenas 36 testigos

Lo que pasó este martes 15 de septiembre en San Isidro fue, visto de cerca, una de esas escenas que a uno le reconcilian con la idea de que todavía existen los gestos simples en medio del ruido de las agendas: una pareja que ya comparte techo desde hace rato se anima a darle un marco legal a lo que siente, lo hace temprano, con un puñado de afectos y se vuelve a casa como si nada hubiera cambiado, aunque en realidad cambió todo. Julieta Prandi y Emanuel Ortega se casaron por civil en el Registro Civil de San Isidro y, al salir, ratificaron algo que se venía leyendo entre líneas: que esta historia venía madurando en silencio, con la misma calma con la que se cultivan las cosas que están destinadas a durar.

Una ceremonia chica, casi secreta

Emanuel Ortega se inclinó hacia la vereda de la solemnidad al hablar del momento. Agradeció las muestras de cariño que recibieron y confirmó, sin aspavientos, que la propuesta había sido de él, un detalle que a Prandi se le escapó en una sonrisa cuando lo escuchó repetir frente a los cronistas. La conductora, por su parte, eligió ponerles palabras al porqué de la decisión y lo hizo con esa honestidad fresca que la caracteriza: “Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo”. Y agregó, como quien se confiesa un secreto sin importancia: “Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme”. Ahí, en esa mezcla entre lo simbólico y lo concreto, quedó dibujado el ADN de la pareja.

La lista de invitados se mantuvo bajo siete llaves hasta último momento. Fueron apenas 36 personas, un número que a esta altura parece más propio de una reunión familiar que de un casamiento, y que habla de la decisión consciente de los novios de resguardarse del show. Entre los presentes estuvieron Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del músico, y Martín Ortega, el hermano. Prandi reconoció que avisaron con poca anticipación, casi sobre la fecha, justamente para preservar ese carácter íntimo que ellos imaginaron desde el principio.

Los looks, el ramo y un anillo con historia

Como buena conocedora del detrás de escena, Prandi contó cómo se armó cada detalle, sin prisa y sin diseñadores famosos de por medio. Para ella, un traje de seda blanco con blazer amplio y top a juego. Para él, lo que había quedado a mano después de revisar el pronóstico y su propio placard, una decisión que sonó tan doméstica como entrañable. Los aros azules que lució la conductora llegaron de regalo de una amiga, un detalle que a mí, particularmente, me arrancó una sonrisa de oreja a oreja, porque hay algo muy de pueblo en eso de llevar puesto un presente que no se compra en una vidriera.

  • Traje de seda blanco con blazer amplio y top a juego, elegido por Prandi sin diseñador.
  • Ramo encargado especialmente para la ocasión.
  • Aros azules, regalo de una amiga íntima de la novia.
  • Vestuario resuelto por Ortega luego de mirar el pronóstico y revisar su armario.

La pareja se conoció a mediados de 2020, durante largos meses del aislamiento, cuando el mundo entero parecía haberse detenido y las pantallas se transformaron en la única puerta de entrada al afuera. Prandi y Ortega empezaron a acercarse por Instagram, después cruzaron llamadas y finalmente pudieron verse cara a cara el 13 de agosto de ese año. Desde entonces no se separaron:convivieron, formaron una familia ensamblada y, ahora, decidieron ponerle el sello oficial a esa construcción cotidiana.

La conductora fue clara al aclarar que no hubo despedida de soltera, ni grandes jolgorios previos, ni una producción al estilo revista del corazón. Y dejó flotando una promesa que a más de uno le habrá acelerado el pulso: la luna de miel ya está en carpeta, aunque por ahora no trascendieron ni el destino ni la fecha, lo cual mantiene ese aire de misterio que a las parejas jóvenes y trabajadoras les gusta cultivar en los tiempos que corren.

Uno, que ya peina algunas canas y vio desfilar casamientos por todos los formatos imaginables, sale de esta noticia con una sensación rara, entre tibia y esperanzada. Ver a dos personas que ya están transitadas por la vida elegir dar este paso sin bombos, sin platillos y sin la presión del qué dirán, se siente casi como una pequeña rebelión silenciosa contra la lógica del espectáculo permanente. Que el “sí” haya sido en San Isidro, con los padres presentes, con un anillo, con un ramo, con apenas 36 testigos y con la convicción de que lo que se firma adentro del Registro Civil ya se vive hace rato afuera, me parece una de las noticias más bonitas que nos dejó la semana. Y por eso, con permiso del lector, me despido celebrando la decisión: que sean muy felices, Julieta y Emanuel, y que la luna de miel los encuentre donde les haga bien.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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