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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una editora, un manuscrito y el canto de los pájaros: Piñeiro vuelve a la novela con El canto invisible

La autora argentina recupera el mundo de la edición y lo cruza con la ornitología en una historia de amistad, duelo y secretos que publicó Alfaguara.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Una editora, un manuscrito y el canto de los pájaros: Piñeiro vuelve a la novela con El canto invisible

Volví a leer la novela de Claudia Piñeiro en una tarde ventosa de Buenos Aires, con la ventana entreabierta y el ruido de un motor que no se decidía a arrancar en la esquina, y me pareció que el libro entero estaba hecho de esa clase de silencios: los que deja una amiga cuando se va, los que se esconden dentro de un manuscrito y los que cantan en los árboles sin que nadie los registre. Esa semana presenté El canto invisible en una librería del centro, y la sensación se confirmó: la autora de Las viudas de los jueves vuelve a poner el oído donde casi nadie lo pone, en el mundo íntimo de las editoras y en un misterio que sobrevuela, literalmente, las páginas.

La historia sigue a Julia Muntaner, una editora de 64 años que recibe el borrador que dejó Marina Martinelli antes de morir en un accidente de tránsito. Marina era una de las biólogas más importantes del país y estaba obsesionada con el canto de las aves, ese hilo sonoro que conecta selvas, ciudades y jardines. Julia se sumerge entonces en un trabajo de edición que es también un viaje por los recuerdos: las cenas compartidas, las discusiones sobre libros, la certeza de haber conocido a alguien a fondo, y de pronto el descubrimiento de que hay zonas enteras de la otra que permanecieron ocultas.

Editar como recordar, recordar como editar

Piñeiro contó que el personaje de Julia es un pequeño homenaje a editoras que la acompañaron en su carrera. Mencionó a Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne, cinco nombres que orbitan detrás de cada uno de sus libros y que rara vez aparecen en las solapas. Esa decisión le da a la novela un aire de retrato del oficio: las ediciones que se demoran, las dudas que se discuten por mail, las cenas donde se define si un capítulo se corta o se reescribe, y el momento, casi sagrado, en que un manuscrito deja de ser del autor para volverse de quien lo lee.

En una entrevista reciente, la escritora explicó cómo nació el interés por las aves: lo hizo durante una cena en Madrid, cuando alguien le mostró una aplicación para teléfonos que identifica especies por su canto. Se trata de Merlin Bird ID, una herramienta del Cornell Lab of Ornithology de la Universidad de Cornell. Desde entonces empezó a prestar atención a los pájaros que escuchaba en sus propios paseos y a anotar diferencias, timbres y repeticiones, hasta entender que ese universo tenía una densidad narrativa que muy pocas veces aparece en la ficción en castellano.

  • Protagoniza Julia Muntaner, una editora que debe armar el libro póstumo de su amiga Marina Martinelli, bióloga especializada en el canto de las aves.
  • La novela cruza el duelo, la amistad entre mujeres y la trastienda del trabajo editorial con un secreto que cambia lo que Julia creía saber.
  • Piñeiro incorpora un glosario de mujeres ornitólogas para discutir el mito de que las hembras no cantan.
  • La autora investigó con la aplicación Merlin Bird ID, del Cornell Lab of Ornithology, y tomó clases con ornitólogos como Ricardo Figueroa y Bernabé López Lanús.
  • La edición de Alfaguara se completa con un trabajo visual de Paula Tato y un diseño de cubierta de Julio Pérez Palavecino que dialoga con el universo sonoro del relato.
“En el mundo del libro siempre se habla de los autores, pero detrás de cada novela hay un equipo enorme que la hace posible. Esta novela es también un homenaje a esas personas que trabajan en silencio.”Claudia Piñeiro, en la presentación en la librería El Ateneo Grand Splendid

El costado más sensible de El canto invisible es su retrato de la amistad entre mujeres adultas, esa etapa en la que los afectos ya no se miden por la cantidad de horas compartidas sino por la cantidad de años en los que se estuvo ahí. Piñeiro construye ese vínculo sin golpes bajos, con esa mirada contenida que ya había mostrado en Elena sabe o en Tuya, y deja que el secreto opere como una hendija por la que se cuela una pregunta incómoda: cuántas cosas de las personas que más queremos, en realidad, nunca supimos.

La autora, además, atraviesa un año prolífico: además de esta novela, publicó Mi miedo xixi, un libro ilustrado para chicos, y participó en las adaptaciones teatrales de Como bestias, de Violaine Bérot, y de Maldición eterna a quien lea estas páginas, de Manuel Puig, dos operaciones muy distintas que muestran la versatilidad de una escritora que lleva más de dos décadas en el centro de la escena literaria argentina. Fuera de la sala, el viento seguía soplando y los pájaros del plátano de la plaza, esos que ningún vecino de la zona se molesta en identificar, seguían cantando como si el libro recién los hubiera nombrado.

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Marta VillalbaSociedad

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