Una ensalada templada de garbanzos y zanahoria que se resuelve en el horno con tahini y aceite de sésamo
La preparación combina una legumbre, verduras de raíz y un aderezo batido en dos etapas, y admite hojas verdes, un cereal o crackers como acompañamiento.

El periodista Juan Cruz Larrañaga, en su sección Ambiente y monte, presenta una receta que toma como eje los garbanzos cocidos y los trabaja al horno junto con zanahoria y cebolla de verdeo, con un aderezo final a base de tahini, limón y salsa de soja. La cocción lleva alrededor de 30 minutos e incorpora el sésamo en dos momentos: como pasta, dentro de la salsa, y como aceite, en la terminación del plato.
El armado de la fuente y la cocción
La preparación comienza en una fuente adecuada, donde los garbanzos se distribuyen en la zona central. Alrededor se acomodan las zanahorias cortadas en láminas delgadas y el verdeo picado. Sobre ese conjunto se suman pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, más dos cucharadas de aceite de oliva. Luego se mezcla para repartir los condimentos y la grasa entre los ingredientes.
La cocción se realiza en horno durante 30 minutos, con una pausa a la mitad del tiempo para revolver. El material de base no precisa la temperatura del horno ni las cantidades exactas de garbanzos y verduras, por lo que queda a criterio de quien cocine ajustar esos parámetros según la fuente utilizada y la cantidad de comensales.
La salsa de tahini, en dos tiempos
El aderezo se prepara por separado en un bol pequeño. Allí se unen el tahini, el jugo de limón, la salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. A esa base se añade agua caliente y se bate con energía. Aunque al principio la mezcla puede parecer cortada, al seguir revolviendo adquiere una consistencia cremosa y un tono blanquecino, producto de la emulsión entre la pasta de sésamo y los líquidos.
Cuando la fuente sale del horno, la salsa se incorpora sobre los garbanzos y las verduras y se mezcla hasta distribuirla de manera pareja. El cierre es simple: pimienta negra recién agregada y una pequeña cantidad de aceite de sésamo, que aporta aroma y un punto tostado característico.
Cómo llevarla a la mesa
- Con hojas verdes, para una versión más ligera y fresca, que aporta volumen sin sumar otra cocción.
- Con una porción de cereal cocido, como arroz o quinoa, para convertir la ensalada en una comida más completa.
- Con crackers de semillas, sin agregar otra preparación, como opción para comer directamente la mezcla de la fuente.
La receta, en definitiva, propone una ensalada templada con identidad propia: la cremosidad del tahini equilibra la textura firme de los garbanzos y la dulzura de la zanahoria, mientras que el aceite de sésamo del final deja una huella breve en el aroma. Se trata de un plato versátil, apto como entrada compartida o como plato principal, según el acompañamiento que se elija.
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