Una remera, un tapado y la historia entera: cómo la ropa argentina cuenta lo que el país no siempre dice
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y la Fundación IDA inauguran "Vestir mundos", una muestra que recorre tres décadas de diseño nacional como si fueran páginas de un diario íntimo.

Volví del museo con una sensación rara, de esas que te quedan cuando algo te cambió la mirada sin que te dieras cuenta. Afuera, en la explanada del ModMA, el viento de septiembre movía las hojas de los jacarandíes y la tarde se mostraba espléndida, casi de postal porteña, y uno piensa que no, que ese clima tan amable no tiene nada que ver con lo que se cuenta adentro, donde una remera, un tapado y hasta un guardapolvo blanco se rebelan como documentos de época, como papeles firmados por un país que aprendió a diseñar entre crisis, restricciones y golpes de creatividad. Esa es, justamente, la invitación de "Vestir mundos", la nueva exposición del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizada junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), que abrió sus puertas el 10 de septiembre y va a quedarse hasta el 1 de julio de 2027, un plazo largo que parece decirnos que el tema merece tomarse en serio, sin apuro.
Seis núcleos para leer la ropa como se lee un diario
La curaduría, a cargo de Franco Chimento y Raúl Flores, ordena el recorrido en seis núcleos temáticos, y lo hace con una idea que está en el corazón de la muestra: los diseñadores argentinos convirtieron la restricción y la crisis en materia de trabajo, en lugar de tomarlas como una excusa para bajar los brazos. "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", me dijo Chimento en una de las salas, mientras dos visitantes se sacaban fotos con un tapado intervenido.
Entre los primeros núcleos, la exhibición repasa las respuestas creativas a las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y comienzos de los dos mil, esa etapa que muchos tenemos atravesada en la memoria. Firmas como Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, experimentaron con fusiones textiles, con el quemado de plásticos y con materiales descartados para redefinir qué se entiende por sofisticado en un país que no siempre pudo darse lujos. Y hay un capítulo especialmente conmovedor: la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre", de 2004, realizada junto a la Cooperativa La Juanita, que resignificó el guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado, como un uniforme que dejó de ser obediencia para pasar a ser bandera.
- Trosmanchurba (Martín Churba y Jessica Trosman): fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados como materia de sofisticación.
- Colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), con la Cooperativa La Juanita: el guardapolvo blanco resignificado como símbolo de trabajo autogestionado.
- Colectivo 12NA (Mariano Breccia y Mercedes Martínez): prendas de segunda mano desarmadas y recompuestas desde el suprarreciclaje.
- Juliana García Bello: ropa heredada y manteles donados convertidos en piezas de diseño.
- Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín: suprarreciclaje para las subculturas nocturnas, sin distinción de género ni de temporada.
- MANTO (Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug): desde 1996, trabajo con hilanderas del norte argentino en lana de oveja y pelo de llama, combinado con sastrería contemporánea.
- Roxana Liendro, salteña: técnicas de orfebrería como el repujado y el cincelado aplicadas sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
La sostenibilidad, las raíces y un futuro que ya se está tejiendo
El segundo gran eje es la sostenibilidad, y lo que se ve en las paredes y las vitrinas es un mapa de oficios que se reinventan. El colectivo 12NA, integrado por Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano como si fueran puzzles; Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, dándole una segunda vida a lo que muchos tirarían sin pensarlo; y la firma Therapy Recycle and Exorcise, con sede en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas, sin distinción de género ni de temporadas, en una declaración de principios que es también una declaración estética.
La muestra, además, se anima a un cruce que suele ser esquivo: el diálogo con las tradiciones regionales del norte argentino. MANTO, el proyecto que Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug sostienen desde 1996, trabaja con hilanderas del norte para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea, en un ejercicio que es puente entre oficios ancestrales y pasarelas actuales. A su lado, la salteña Roxana Liendro traslada técnicas de orfebrería como el repujado y el cincelado sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo, y el resultado es una prenda que se lleva puesta como se lleva puesta una historia familiar.
En los últimos núcleos, la exposición se asoma a las búsquedas más recientes, donde la biotecnología y la producción circular dejan de ser promesas y empiezan a verse en las telas. El recorrido termina, según me contaron los guías, con apuestas que miran hacia adelante sin renunciar al hilo que ata toda la muestra: entender que la indumentaria argentina es, también, una forma de archivo, una manera de registrar crisis, debates ambientales e identidades culturales que de otro modo se nos pasarían por alto.
Salí del museo cuando ya caía la tarde y el viento había bajado, y mientras caminaba hacia la parada del colectivo pensé en algo que me dijo una visitante, una mujer de unos cincuenta años que se presentó como Beatriz, de Morón: "Yo vine por curiosidad y me voy entendiendo un poco más el país". No supe si fue una frase dicha al pasar o una pequeña lección de historia, pero me quedó resonando, como resuenan los tapados, las remeras y los guardapolvos de esta muestra que, durante casi dos años, va a estar ahí para quien quiera leer la ropa como se lee un diario, una carta de amor o un parte meteorológico de un país que, incluso cuando escasea, todavía se da el lujo de inventar belleza.
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