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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Veinte mil aliados con escamas: cómo dos peces nativos se convirtieron en una herramienta contra el dengue

Un equipo de la Facultad de Agronomía de la UBA entrega desde 2022 miles de madrecitas de agua a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias para controlar larvas del mosquito transmisor en reservorios donde las fumigaciones y el vaciado no siempre alcanzan. La experiencia ya cruzó los 20.000 ejemplares distribuidos.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Veinte mil aliados con escamas: cómo dos peces nativos se convirtieron en una herramienta contra el dengue

El sol cae sobre el barrio y la térmica todavía pesa cuando, en una tarde cualquiera de este enero porteño, una vecina de Castelar recibe una bolsa con agua y, adentro, unos pececitos que parecen no llegar a los cinco centímetros. No son mascota ni adorno: son la nueva avanzada de una estrategia que la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires viene empujando desde hace casi cuatro años para frenar al Aedes aegypti en los lugares donde las campañas de fumigación y el descacharrado clásico suelen quedar cortos. Hablo, claro, de los reservorios de agua estancada que se resisten al vaciado o al tratamiento químico, esos patios, bebederos y piletas donde las larvas del mosquito transmisor del dengue se crian con una tranquilidad que asusta.

La Cátedra de Acuicultura de la FAUBA trabaja con dos especies de agua dulce que ya estaban en la región mucho antes que cualquier plan de salud pública: Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas vulgarmente como madrecitas de agua. La idea es tan concreta como parece: cada ejemplar adulto puede llegar a comer hasta 100 larvas de mosquito por día, y como están adaptados a vivir en ambientes chicos, se adaptan sin mayores problemas a estanques domiciliarios, piletas de lona, bebederos de animales y hasta tanques donde el agua no se puede tirar fácilmente. Ahí donde el repelente y la fumigación llegan con el pie cambiado, estos peces hacen el trabajo fino.

Una red barrial que ya repartió más de 20.000 peces

El programa funciona desde 2022 en el marco de UBANEX, la línea de extensión universitaria que conecta a las facultades con organizaciones del territorio, y se articula con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO). Entre 2024 y 2025, el equipo repartió más de 20.000 ejemplares a vecinos, escuelas y centros comunitarios, y la Legislatura porteña lo declaró de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires. Lo más interesante, me parece, es que cualquier persona puede pedir sus peces: la Cátedra los entrega a demanda, de manera gratuita, y después hace un seguimiento para ver cómo se instalan en cada reservorio.

“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto

Por qué sirven justo donde todo lo demás falla

  • Son especies nativas, ya presentes en cuerpos de agua de la región, lo que evita introducir fauna exótica.
  • Toleran volúmenes chicos de agua, donde otros métodos de control son difíciles de aplicar.
  • Pueden comer hasta 100 larvas de mosquito por día en su etapa adulta.
  • No requieren infraestructura compleja: piletas, bebederos y estanques domésticos les alcanzan.
  • Reducen el uso de insecticidas químicos, con menor impacto ambiental y costo muy bajo.
  • Se entregan gratis a través de un canal universitario articulado con organizaciones barriales.

La coordinadora del proyecto, Ana Paula Baldonedo, me insiste con una idea que repite cada vez que habla del tema: la herramienta está pensada para sumarse, no para reemplazar nada. Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico, aclara, como quien pasa una receta de cocina. Eso significa que, mientras la calurosa tarde cae sobre Castelar y el viento apenas mueve las hojas de los jacarandás, la vecina de la bolsa todavía tiene que seguir sacando recipientes que junten agua, limpiando el bebedero del perro y usando repelente. Los peces no hacen magia, pero laburan en silencio donde nadie más quiere meter la mano.

“Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo.”Alejandro López

El contexto ayuda a entender la urgencia. La temporada 2023-2024 cerró en la Argentina con más de 580.000 casos confirmados de dengue y 419 fallecidos, la cifra más alta de la serie, un dato que dejó a las provincias del centro y del norte del país con los sistemas de salud al límite. Frente a ese escenario, el equipo de la FAUBA decidió no esperar otro verano explosivo: lo que empezó como una experiencia puntual en aulas y laboratorios hoy llega a escuelas rurales, centros de jubilados y organizaciones sociales que piden sus peces con un formulario y, muchas veces, con la ilusión de tener, por fin, una aliada con escamas contra el mosquito que no deja dormir.

MV
Marta VillalbaSociedad

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