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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cinco ideas erróneas sobre el corazón que todavía circulan y que un cardiólogo estadounidense se encarga de desmentir una por una

Las enfermedades cardiovasculares explican casi un tercio de las muertes en el mundo, y pourtant muchas personas siguen creyendo que el infarto es cosa de hombres grandes o de familias marcadas por la genética. Un especialista de Cleveland Clinic repasó los mitos más comunes y dejó recomendaciones concretas para cada caso.

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Marta VillalbaSociedad · · 3 min de lectura
Cinco ideas erróneas sobre el corazón que todavía circulan y que un cardiólogo estadounidense se encarga de desmentir una por una

El aire de Buenos Aires apenas se mueve esta mañana de octubre, un poco húmedo, un poco cargado de ese olor a hojas secas que se queda pegado a la vereda, y yo vengo pensando en una frase que escuché mil veces en la mesa familiar, mientras alguien servía el mate y otro acomodaba las medialunas: "Yo de eso no me preocupo, porque en casa nadie tuvo problemas del corazón". Esa seguridad, que parece tranquilizadora, es justamente la que pone en alerta a los cardiólogos, porque parte de un supuesto falso. Las enfermedades cardiovasculares mataron a 19,8 millones de personas en el mundo durante 2022, según la Organización Mundial de la Salud, lo que equivale al 32 por ciento de la mortalidad global. Y pourtant, persisten cinco creencias muy arraigadas que pueden hacer que alguien llegue tarde a la consulta.

Los cinco mitos que un especialista desmiente

El doctor Luke Laffin, cardiólogo de la Cleveland Clinic, una de las instituciones de referencia en cardiología de los Estados Unidos, repasó esos errores con datos y con la claridad del consultorio. Yo quiero traerlos aquí, ordenados, porque me parece que vale la pena que los repitamos en voz alta, como se repiten las recetas de la abuela, hasta que queden incorporados a nuestra propia lista de cuidados.

  • El corazón no es cosa de hombres. Las mujeres también están expuestas, y a veces más invisibilizadas: la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y las complicaciones durante el embarazo son factores propios de riesgo. Además, suelen postergar los chequeos por atender otras responsabilidades del día a día. "El corazón no discrimina por sexo", afirmó Laffin.
  • No se trata de esperar a los 50 para empezar a cuidarse. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden aparecer a los 20, 30 o 40 años sin dar síntomas. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas, por eso los análisis de sangre y los chequeos periódicos son recomendables también en adultos jóvenes.
  • Tener antecedentes familiares no es una sentencia. Aumentan el riesgo, pero no determinan el desenlace. Una alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que bajan esa probabilidad. Si los cambios de hábito no alcanzan, hay medicamentos seguros para controlar la presión y el colesterol.
  • Sentirse bien no equivale a estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza lento y en silencio; la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no avisan. En algunos casos, el primer aviso es un infarto o un accidente cerebrovascular. Las consultas anuales con el médico de cabecera y los análisis periódicos permiten seguir esos indicadores antes de que se transformen en una urgencia.
  • El deterioro cardiovascular no es un destino inevitable del paso de los años. Tampoco conviene naturalizarlo como si fuera parte del envejecimiento normal sin más. La buena noticia es que gran parte de los factores que lo empujan se pueden modificar con prevención, controles y tratamientos oportunos.

Lo que más me queda dando vueltas, mientras afuera empieza a levantarse una brisa tibia que mueve las cortinas, es esa costumbre tan nuestra de creer que la salud se demuestra sintiéndose bien. Jorge, un vecino de San Telmo con el que hablé mientras esperaba el colectivo, me dijo algo que resume bastante esta idea: "Yo estoy fenómeno, nunca me duele nada, así que para qué voy a ir al médico". Esa frase, repetida en miles de kitchens del país, es la que Laffin busca desarmar con evidencia. La recomendación final del especialista es bastante concreta: conocer los propios factores de riesgo, conversar con un médico de cabecera y, si hace falta, pedir la derivación al cardiólogo. Los controles anuales y los análisis de sangre son las herramientas más simples para detectar a tiempo lo que todavía no dio señales. Y esa, me parece, es la mejor forma de cuidarnos entre todos, sin esperar a que el cuerpo avise.

MV
Marta VillalbaSociedad

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