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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el corazón pide una pausa: las señales que un cardiólogo dice que no hay que dejar pasar

El especialista Ben Alencherry, de Cleveland Clinic, repasó los síntomas que merecen consulta inmediata y los que justifican un control con el correr de los días. Dolor de pecho sin causa, desmayos con el ejercicio, falta de aire, palpitaciones y cansancio persistente aparecen en la lista, y los antecedentes familiares suman información clave.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Cuando el corazón pide una pausa: las señales que un cardiólogo dice que no hay que dejar pasar

En la puerta del consultorio, esta mañana, un vecino llamado Roberto, de San Isidro, se quedó parado un momento antes de entrar. Me dijo que el domingo pasado sintió un peso raro en el pecho mientras subía las escaleras del colectivo, que se le fue solo y que desde entonces le quedó una duda que no lo deja dormir bien. Casos como el suyo son los que motivaron a Ben Alencherry, cardiólogo de Cleveland Clinic, a repasar en voz alta cuáles son esas señales del cuerpo que conviene no pasar por alto, porque detrás de algunas se esconden problemas del corazón que pueden instalarse sin hacer ruido durante años, y porque un simple control a tiempo cambia por completo lo que viene después.

Las señales que no admiten demora

El especialista fue claro en dos situaciones que, según dijo, exigen consulta médica inmediata: un dolor de pecho que aparece sin una causa conocida y un desmayo que se produce durante el ejercicio o poco después de terminarlo. En cualquiera de los dos casos, Alencherry recomendó suspender la actividad física hasta identificar el origen del episodio, una medida que, en la práctica, es tan importante como el estudio que venga después.

Para entender por qué, vale la pena detenerse en qué puede estar ocurriendo. Alencherry explicó que esos síntomas pueden vincularse con distintos problemas cardíacos, y mencionó especialmente a la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad en la que el músculo del corazón se engrosa más de lo normal y que, en muchos casos, permanece inadvertida durante años. Ahora bien, ningún síntoma aislado alcanza para identificarla: el dolor torácico, por ejemplo, también puede aparecer durante un infarto o estar asociado a otras afecciones del corazón, y es justamente esa superposición la que hace indispensable la evaluación profesional antes de sacar conclusiones.

Los antecedentes familiares como pista

Hay un dato que el cardiólogo especialmente y que en las consultas suele quedar relegado: la historia clínica de la familia. Alencherry señaló que la miocardiopatía hipertrófica suele afectar a integrantes de una misma familia, y que esa herencia compartida convierte a los antecedentes en información valiosa aun cuando la persona no tenga molestias. Una evaluación motivada por ese motivo, explicó, puede permitir detectar la enfermedad en su forma no obstructiva incluso en personas que se sienten perfectamente bien, algo que los estudios de rutina, por sí solos, no siempre logran.

Los cambios que se sienten en el día a día

Fuera de las urgencias, hay un conjunto de señales que no gritan pero que, cuando aparecen, merecen al menos una conversación con un profesional. Alencherry las recorrió una por una y las resumió en cinco ejes que vale la pena tener presentes.

  • Actividades que antes se hacían sin problema y de pronto cuestan: quedarse sin aire al caminar, al subir una escalera o al hacer las compras cobra relevancia cuando representa un cambio inesperado o sostenido en el tiempo.
  • Cansancio que no se explica y se combina con dificultades respiratorias, distinto del agotamiento ocasional que aparece después de un esfuerzo puntual o una noche mal dormida.
  • Palpitaciones, es decir, la sensación de que el corazón late más rápido, con golpes más intensos o con un ritmo desparejo, cuya importancia aumenta si obligan a interrumpir las tareas o aparecen junto con falta de aire y fatiga marcada.
  • Sensación de desvanecimiento, que puede ir acompañada de debilidad, náuseas, sudoración o alteraciones visuales, y que Alencherry vinculó, cuando se presenta con el esfuerzo, con la variante obstructiva de la enfermedad, en la que el músculo engrosado dificulta que la sangre salga del corazón.
  • Antecedentes familiares de miocardiopatía hipertrófica o de muerte súbita, que justifican un control aun en ausencia total de síntomas.

El médico insistió en un punto que, mirado con detenimiento, ordena todo lo demás: cada una de esas señales puede tener causas muy distintas, y solo un profesional, con los estudios y la historia clínica de cada paciente sobre la mesa, está en condiciones de establecer qué está ocurriendo. La invitación, en definitiva, no es a alarmarse, sino a no naturalizar lo que cambia en el cuerpo, porque, como se vio en el caso de Roberto y se repite en consultas, la diferencia entre un susto y un problema serio suele estar en llegar a tiempo.

“Esos síntomas pueden estar relacionados con diferentes problemas cardíacos, y los antecedentes familiares son información clave aun cuando no haya molestias.”Ben Alencherry, cardiólogo de Cleveland Clinic
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Marta VillalbaSociedad

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