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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la despedida se vuelve fiesta: cinco rituales que transforman el duelo en celebración

Música en las calles de Nueva Orleans, altares en México, craneos bendecidos en La Paz, ataúdes con forma de pez en Ghana y cenizas dispersas sobre las olas: asi se honra a los muertos en distintos rincones del mundo, con la idea de que llorar no es la unica forma de transitarlos.

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Marta VillalbaSociedad · · 4 min de lectura
Cuando la despedida se vuelve fiesta: cinco rituales que transforman el duelo en celebración

El viento sopla tibio este martes sobre el cementerio de Santa Maria, en las afueras de un pueblo que no viene al caso nombrar todavia, y una vecina llamada Rosa, de cincuenta y seis años, se acomoda el panuelo y me dice, mientras acomoda un ramito de flores sobre una lapida, que a su mama siempre le gusto el tango y que por eso el dia del entierro pidio que sonara en la calle. Yo la miro y le pregunto si no le parecio raro, y ella me responde, con una calma que contagia, que llorar no es la unica manera de despedir a alguien y que en su casa aprendio que el duelo tambien se puede bailar. Esa frase, que se repite en distintas lenguas y latitudes, es el hilo que recorre lo que sigue: cinco tradiciones funerarias que convierten la perdida en una celebracion de la vida, con musica, comida, color y movimiento, y que cumplen una funcion social y psicologica concreta, porque permiten compartir el dolor, expresar emociones y transitar la ausencia en comunidad.

Nueva Orleans: banda, baile y un cortejo que se vuelve fiesta

En esa ciudad del sur de Estados Unidos, cuando alguien muere, una banda de jazz acompana el cortejo desde la iglesia hasta el cementerio. La musica arranca lenta, casi como un lamento, y se va volviendo festiva a medida que avanza el recorrido, hasta que familia, amigos y vecinos terminan bailando junto al feretro. No es una falta de respeto: es una manera de honrar la vida que se fue y, al mismo tiempo, de acompanar a los que quedan, porque la despedida se transforma en un acto colectivo en el que el llanto y el aplauso conviven sin contradecirse.

Mexico, Bolivia y Ghana: altares, craneos y ataudes con forma de pasion

En Mexico, el Dia de Muertos, reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural intangible, parte de una idea central: que las almas regresan por unas horas al mundo de los vivos. Las familias arman altares con la comida favorita del difunto, con flores, con velas y con objetos personales, y los cementerios se llenan de colores y de gente que pasa la noche entera junto a las tumbas, porque alla la muerte no se vive como ausencia sino como presencia, aunque sea breve. En Bolivia, cada 8 de noviembre se celebra la festividad de las Natitas, en la que los creyentes llevan craneos humanos al Cementerio General de La Paz para recibir bendiciones, y los agasajan con flores, hojas de coca, cigarrillos y velas, porque la tradicion sostiene que esos craneos cuidan el hogar y pueden interceder por quienes los veneran. Y en Ghana la creatividad aparece en el ataud: es frecuente que la familia encargue un feretro con la forma del oficio o la pasion del difunto, un pescado para un pescador, un avion para un piloto, y la ceremonia puede durar hasta tres dias e incluye coreografias durante el traslado del feretro, como si el cuerpo estuviera atravesando su propia coreografia final.

Sobre las olas: el ritual de los surfistas del Pacifico

Entre los surfistas, en cambio, la despedida ocurre en el agua. Los deudos forman un circulo sobre sus tablas en el mar, arrojan flores al centro y cada uno dice algo sobre el fallecido; si hubo cremacion, las cenizas se dispersan en ese mismo lugar, mezcladas con la espuma. La escena, que parece sacada de una postal, tiene algo de ceremonia sagrada y algo de abrazo colectivo, y muestra que el mar, para esa comunidad, tambien puede ser una iglesia.

Por que funcionan estos rituales: el marco que contiene el dolor

Mas alla de su forma, todos estos rituales cumplen una funcion concreta: dan un marco colectivo a una experiencia que, de otro modo, puede resultar abrumadora. Compartir el dolor con otros, tener un momento y un lugar preciso para expresarlo, ayuda a transitar la perdida, y por eso estas tradiciones no niegan el duelo sino que lo procesan de manera activa y compartida, entre vecinos, musicos, familiares y desconocidos que se suman al paso del cortejo. Lo que vuelve a quedar claro, cuando uno repasa cada caso, es que no hay una sola manera correcta de despedirse: hay tantas como culturas, y todas, en el fondo, dicen lo mismo. Antes de irme del cementerio le pregunto a Rosa que ritual le parece mas cercano al de su casa, y ella se queda pensando un instante, mira el ramito de flores que dejo sobre la lapida de su mama, y me dice que el de los surfistas, porque a su vieja le hubiera encantado que la despidieran en el mar, aunque despues se rie y agrega que, total, en cualquier lugar donde haya musica y alguien que te quiera, ya estas despedido como corresponde.

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Marta VillalbaSociedad

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