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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La generación que creció a la sombra de las Torres Gemelas: Netflix les da voz veinticinco años después

"Turning Point: Generation 9/11" sigue a los hijos de las víctimas de los atentados y a jóvenes afganos y marines marcados por la guerra que vino después. Una película que se mete en lo más íntimo del duelo y de las consecuencias geopolíticas.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
La generación que creció a la sombra de las Torres Gemelas: Netflix les da voz veinticinco años después

A esta altura ya perdí la cuenta de cuántas veces vi aquella imagen repetida hasta el hartazgo: las dos columnas de humo recortadas contra un cielo de septiembre, la segunda torre por caer, la gente corriendo por las calles de Manhattan con el polvo del World Trade Center pegado a la ropa y a la cara. Pero hay algo que nunca se agota, por más que pasen los años, y es la pregunta por lo que vino después. No solo en la geopolítica, no solo en las guerras que se desataron en respuesta, sino en la vida íntima de miles de familias que aquel 11 de septiembre de 2001 quedaron partidas en dos, como un álbum de fotos arrancado por la mitad. De eso, justamente, se ocupa el documental que Netflix acaba de estrenar, a veinticinco años exactos de los atentados que derrubaron las Torres Gemelas, dañaron el Pentágono y dejaron caer un cuarto avión en un campo de Pensilvania, luego de que los pasajeros lograran contener a los secuestradores.

La película se llama "Turning Point: Generation 9/11" y dura una hora con treinta y nueve minutos, aunque a mí se me pasó volando, les soy honesta. Es la entrega más reciente de la serie documental que dirige el estadounidense Brian Knappenberger, un director que ya venía metiéndose con estos temas en "Turning Point: 9/11 and the War on Terror", en "The Bomb and the Cold War" (2024) y en "The Vietnam War" (2025), esta última nominada al Emmy y disponible en la misma plataforma.

Hijos que eran bebés o niños cuando todo se derrumbó

Lo que más me sacudió, mientras lo veía, es que la cámara no apunta a los heridos ni a los bomberos ni a los políticos que tomaron decisiones aquella mañana. Apunta hacia abajo, hacia los hijos. Hacia los que en ese momento eran bebés en sus cunas, nenes que iban a la guardería, criaturas que todavía no sabían ni hablar y que de un día para el otro se quedaron sin mamá, sin papá o sin ambos. Algunos de sus padres trabajaban en las torres, otros en el Pentágono y otros venían en el Vuelo 93, aquel avión que jamás llegó a su destino gracias al coraje de los pasajeros. La película reconstruye, a través de los testimonios de esos jóvenes que hoy tienen entre veinte y treinta y pico de años, cómo aquel día les marcó la vida para siempre.

  • Hijos de víctimas del World Trade Center, del Pentágono y del Vuelo 93, que perdieron a uno o ambos padres el 11-S.
  • Jóvenes afganos que crecieron en el país que terminó invadido a raíz de los atentados y que después fue testigo de la retirada estadounidense.
  • Marines y ex marines que combatieron en la guerra posterior y que también son protagonistas del documental.
  • Las consecuencias emocionales, familiares y hasta económicas que esa herencia inesperada les dejó.

Y acá viene lo que, a mi criterio, le da una densidad particular al documental: no se queda solo en el costado estadounidense. También le da espacio a la voz de jóvenes afganos que crecieron bajo el peso de la guerra desatada como consecuencia de los ataques, y a marines que pelearon en ese conflicto. La retirada de Estados Unidos de Afganistán, que terminó de completarse hace pocos años, los atravesó a todos de maneras muy distintas, y la producción se ocupa de mostrarlo sin condescendencia, con respeto por lo que cada uno tiene para contar.

“Es increíblemente profundo comprender lo que vivieron los hijos de quienes perdieron a sus padres y seres queridos el 11 de septiembre. Pero es aún más profundo pensar en cómo cambiaron sus vidas y cómo esos acontecimientos los marcaron a lo largo de la evolución que también experimentó nuestro país.”Brian Knappenberger, director del documental

Knappenberger lo dijo en una de las presentaciones del documental, y la frase me parece que condensa bastante bien lo que se propone la película: "no solo mostrar lo que significó el terrorismo y lo aterrador que resultó, sino también cómo las decisiones tomadas en los días, semanas y años posteriores nos transformaron como país". O sea, no es un filme para alimentar conspiraciones ni para revisitar las imágenes de impacto que ya vimos mil veces. Es, ante todo, un retrato generacional, una forma de preguntarse cómo se crece cuando el día más traumático de la historia reciente de tu país te toca en el cuerpo antes de que tengas uso de razón.

Si me permiten una opinión, y sé que siempre me lo permiten porque esta columna es un espacio de conversación: me parece que lo más valioso de "Turning Point: Generation 9/11" es que les devuelve la palabra a los que menos la tuvieron. Los hijos de las víctimas del 11-S crecieron a la sombra de un relato ajeno, el de sus padres ausentes convertidos en héroes o en números de una estadística terrible, y recién ahora que son adultos jóvenes empiezan a poder contar lo suyo. A mí, que tengo la edad como para haber visto aquellos atentados por televisión con la sensación de que el mundo se caía a pedazos, se me hizo un nudo en la garganta más de una vez mientras lo miraba. Y me quedó dando vueltas una idea que quizá ustedes compartan o no: que las guerras, los ataques y las decisiones que se toman en nombre del miedo no las pagan los que aprietan el botón ni los que dan la orden, sino los que todavía no habían nacido cuando todo pasó y les toca heredar el mundo que les dejaron.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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