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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Manganiello, el actor que se cansó de esperar a Deathstroke mientras DC le cambiaba el plan cada seis meses

El intérprete de Slade Wilson repasó seis años de llamadas, proyectos anunciados y cancelaciones que lo dejaron a la deriva dentro del universo cinematográfico de DC. Entre el Batman de Affleck que nunca fue, un Aquaman 2 que lo dejó afuera y una serie de promesas que se evaporaron, el actor eligió abrirse en una entrevista. confesiones: ¿qué hago si un día me pasa algo así?

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Manganiello, el actor que se cansó de esperar a Deathstroke mientras DC le cambiaba el plan cada seis meses

Me imagino la escena: un set enorme, luces que tardan una eternidad en calibrarse y Joe Manganiello con el traje de Deathstroke puesto, esperando una indicación que, otra vez, no termina de llegar. Esa imagen, más que cualquier número o estadística, resume los seis años que el actor atravesó dentro del universo cinematográfico de DC, una etapa que él mismo describió como una sucesión de promesas que se desvanecieron una tras otra, como si el guion se reescribiera en su espalda sin pedirle permiso. Y lo contó, con una crudeza que sorprende, en el podcast del conductor Rich Roll, donde se permitió repasar cada llamada, mirada atrás y capítulo pendiente de una saga que nunca terminó de encontrar su lugar.

Una escena poscréditos que abrió una herida de seis años

Para entender el calvario de Manganiello hay que retroceder hasta 2017, cuando apareció como Slade Wilson en la escena poscréditos de Liga de la Justicia, la versión dirigida por Joss Whedon. En aquel momento, el plan parecía sólido y hasta atractivo: Deathstroke sería el villano principal de una película de Batman que iba a tener a Ben Affleck detrás de cámara y, probablemente, también delante. La idea era que ese filme funcionara como una suerte de punta de lanza para expandir al personaje, un mercenario con un ojo que se gana enemigos solo con respirar fuerte y una motivación personal que daba para rato. Pero el proyecto se canceló, el tono del estudio cambió de un día para otro y el lugar de Manganiello en la franquicia quedó, como suele decirse en la industria, en el limbo. Esa palabra, limbo, aparece una y otra vez cuando uno repasa su testimonio, porque describe con precisión lo que fue su vínculo con DC durante los siguientes seis años: una presencia permanente sin hacer presente.

“Durante los seis años siguientes no pararon de lloverme proyectos y llamadas a mi agente, una tras otra. Vas a ser el villano en Aquaman 2. Vas a salir en Escuadrón Suicida 2 con este director. No, con este otro. No, tú contra Will Smith. Va a ser una película independiente.”Joe Manganiello

Esa cadena de anuncios empezó a ser vertiginosa, pero sobre todo agotadora, porque cada llamado encendía una expectativa y cada silencio posterior la apagaba sin dar demasiadas explicaciones. El actor mencionó la posibilidad de cruzarse con Jason Momoa en Aquaman 2, de sumarse a una nueva entrega de Escuadrón Suicida con distintos realizadores a la cabeza, incluso una eventual pulseada con el personaje de Will Smith, una idea muy, muy de Hollywood. También deslizó la chance de una película independiente sobre Deathstroke, un formato que, en teoría, habría permitido explorar al mercenario sin ataduras a la trama central del universo. Ninguno de esos caminos prosperó, y Manganiello terminó aceptando que el lugar que le habían prometido en la mesa grande de DC se había convertido, como suele pasar en estos casos, en una silla que nadie se molestó en reservar.

El propio Manganiello dejó entrever una mezcla rara entre gratitud y resignación, como si no terminara de decidir si fue un ganador o un perdedor de la película jugada con el personaje. Tengo suerte de haber conseguido ese papel, pero en aquel momento me sentí con mala suerte porque me dieron ese proyecto que luego se canceló y se esfumó, reconoció, una frase que funciona casi como un diagnóstico generacional de cómo se manejan las franquicias grandes: se promete mucho, se concreta poco y, cuando el balance llega, el actor queda pagando los platos rotos. El ciclo del universo extendido de DC se cerró en 2023 con Aquaman y el reino perdido, y Deathstroke volvió a quedar afuera, esta vez sin escena poscréditos que lo rescatara del freezer. Hoy, mientras DC arranca un nuevo capítulo bajo el paraguas de James Gunn, el papel de Manganiello queda como una de las grandes deudas que el estudio dejó pendientes, un personaje con potencial enorme que nunca tuvo su lugar propio bajo los reflectores. Y aquí me permito una licencia, la primera para mí, y les confieso algo que me cuesta admitir: me da lástima genuina por Manganiello, porque pocas cosas hay más desgastantes en esta profesión que quedarte a la espera de una llamada que nunca termina de llegar, especialmente cuando el proyecto que te prometieron era, encima, un villano con gancho. A veces pienso que el verdadero Deathstroke de esta historia no usó una espada, sino un teléfono, y que las llamadas, jamás marcan a quien tiene que marcar.

LB
Lorena BergamascoCultura y espectáculos

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