Raccoon City, de nuevo en llamas: la nueva Resident Evil que imagina Zach Cregger desde cero
El director de Barbarian propone una historia original ambientada en el universo de Capcom, con Bryan como protagonista y los guiños a los videojuegos como motor del recorrido.

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que prendí la PlayStation y escuché esa puerta chirriando en la mansión de los Spencer. Eran los años noventa y el terror tenía otra textura: silenciosa, agobiante, con una linterna que apenas iluminaba lo que tenías delante. Casi treinta años después, esa misma sensación vuelve a aparecer en la pantalla grande, pero esta vez de la mano de Zach Cregger, el director que se ganó los elogios con Barbarian, y con una particularidad que me parece muy atractiva: no se trata de una secuela, ni de un remake ni de un reboot. Es, simplemente, una historia original ambientada en el universo de Resident Evil, escrita desde cero para que el público que nunca tocó un joystick pueda disfrutarla sin perder nada esencial.
El protagonista se llama Bryan y su recorrido por Raccoon City funciona como una columna vertebral que conozco bien cualquiera que haya jugado la saga: hay que conseguir armas, encontrar municiones y atravesar pasillos oscuros donde la amenaza puede aparecer en cualquier esquina. Esa mecánica de supervivencia, que en los videojuegos organiza el ritmo de las partidas, acá se traslada al lenguaje cinematográfico sin que se note la costura. Las calles de Raccoon City, una alcantarilla, una granja y un hospital son los escenarios por los que avanza Bryan, y cada uno tiene su propio clima, su propia trampa, su propio sobresalto.
Raccoon City, otra vez en el centro de la historia
Para quien se perdió los primeros capítulos de la franquicia, vale una aclaración que me parece importante: Raccoon City no es un decorado cualquiera. Es el lugar donde funciona el laboratorio de Umbrella, la farmacéutica responsable de los experimentos biológicos que desataron el brote. En la nueva película, dos científicos interpretados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry intentan frenar el desastre que ellos mismos ayudaron a provocar. Esa dupla, por lo poco que se conoció del adelanto, promete uno de los puntos más interesantes del filme: la culpa corporativa traducida en caras concretas, en diálogos tensos, en decisiones que ya llegan tarde.
Los guiños a los videojuegos, escena por escena
- Puertas bloqueadas y cerraduras tramposas: el clásico recurso de la saga para obligar al jugador a buscar objetos antes de avanzar, que acá funciona como obstáculo narrativo.
- El arsenal que se va ampliando en el camino: Bryan consigue una pistola, una escopeta y un rifle de asalto a medida que progresa.
- La búsqueda de cartuchos en una granja para poder usar la escopeta, un detalle que los fans van a reconocer al instante.
- La linterna que ilumina la nieve, las alcantarillas y las calles, útil pero peligrosa porque puede delatar la posición del personaje.
- Criaturas que homenajean a los enemigos más recordados: un perro con tentáculos que sale de su cabeza, un monstruo que vomita ácido en un ascensor y una masa de cuerpos fragmentados que crece con cada nueva víctima.
La saga nació en 1996 con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión llena de zombis. Un año después llegó la segunda entrega, que sumó a Claire Redfield y a Leon Kennedy y mudó la acción a Raccoon City. Cregger toma ese universo ya construido, esos escenarios ya cargados de historia, y los pone al servicio de un personaje nuevo. No hay cameos forzados ni guiños baratos: lo que hay es una decisión de sostener el tono de la franquicia, su respiración, su manera de contar el miedo.
Si me dejan opinar, me quedo con una sensación rara mientras escribo esta nota: la de estar frente a una película que, paradójicamente, puede funcionar mejor para el público nuevo que para el fanático de toda la vida. El que llega sin saber nada va a encontrar un survival cinematográfico bien armado, con ritmo, con monstruos memorables y con dos científicos de Umbrella que prometen aportar el costado más dramático. El que ya recorrió Raccoon City en la pantalla del televisor, en cambio, va a estar permanentemente mirando de reojo, buscando la referencia, reconociendo la mecánica. Y eso, lejos de molestar, es parte del encanto: es como volver a esa casa de la infancia y descubrir que la puerta sigue chirriando igual.
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