Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Caldenal Noticias

Caldenal Noticias

Portada — Vida —

Vivir en alerta: cuando el cansancio deja de ser solo cansancio y empieza a cobrar factura en el cuerpo y en la cabeza

Despertar agotado, perder el hilo a mitad de una frase o estallar por cualquier cosa pueden ser señales de un estado de alerta que ya no se apaga. Especialistas de los CDC y de universidades de Estados Unidos describen un patrón silencioso que afecta el sueño, la concentración y el ánimo, y que muchas personas atraviesan sin terminar de reconocerlo.

MV
Marta VillalbaSociedad · · 5 min de lectura
Vivir en alerta: cuando el cansancio deja de ser solo cansancio y empieza a cobrar factura en el cuerpo y en la cabeza

Son las siete y cuarto de la mañana en una calle todavía gris de Adrogué y el viento del Río de la Plata se cuela fresco por la ventana del departamento de María, una vecina de 52 años que se sienta en la punta de la cama con la sensación de haber corrido una maratón sin moverse de la pieza. Me cuenta que se acuesta a las once, que duerme, dice, pero que se despierta como si le hubieran dado la alarma varias veces durante la noche, y que por las tardes le cuesta encontrar las palabras que antes le salían solas. María trabaja en la administración de un estudio contable, cuida a su madre los fines de semana y lleva meses postergando un análisis de sangre que la médica le pidió en marzo. Cuando le pregunto cómo está, me mira y se ríe con una mueca cansada: "Llego a todo, pero no llego a nada".

La diferencia entre una semana pesada y un estado de alerta permanente

Hay una diferencia, y es enorme, entre pasar una semana difícil y vivir en alerta permanente. La segunda situación es más difícil de detectar, porque la rutina puede seguir en pie mientras el cuerpo y la mente ya están operando al límite. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, conocidos por su sigla CDC, vienen advirtiendo que el estrés sostenido en el tiempo puede provocar dificultades para dormir, problemas de concentración, cambios de humor y una menor capacidad para tomar decisiones, y lo hacen en un lenguaje que está lejos de la exageración: describen un cuadro silencioso, de esos que avanzan de a poco y que la mayoría de las personas atribuye a la edad, a la mala suerte o a un mal momento laboral.

Estos síntomas, además, no siempre aparecen juntos ni de forma evidente. La mayoría de las veces se presentan dispersos: una persona se despierta a las tres de la mañana sin motivo aparente, olvida lo que iba a decir a mitad de una frase, reacciona con más intensidad de la habitual ante algo menor, o nota que una película que antes la entretenía ahora le pesa. Tomados de a uno, parecen cosas sin importancia. Sumados, empiezan a dibujar un patrón.

  • Sueño fragmentado: dormir las horas necesarias pero despertar igual agotado, con la sensación de no haber descansado de verdad.
  • Dificultades de concentración: perder el hilo de una conversación, olvidar lo que se iba a buscar a otra habitación o leer tres veces el mismo párrafo sin retenerlo.
  • Irritabilidad creciente: reaccionar con una intensidad que sorprende hasta a la propia persona ante contratiempos menores.
  • Decaimiento del ánimo: sentir que las actividades cotidianas, incluso las que antes daban gusto, cuestan más de lo que deberían.
  • Tensión física: contracturas en el cuello, mandíbula apretada, dolor de cabeza frecuente o una sensación de que el cuerpo está "en guardia" sin razón clara.

Qué dice la ciencia que todavía no sabemos

Una revisión publicada este año en la revista científica Frontiers in Psychology se propuso ordenar lo que se sabe hasta ahora sobre el tema: analizó 45 revisiones previas y más de 2.000 estudios, y encontró que las alteraciones del sueño y los problemas cognitivos, en especial los vinculados con la atención, la memoria y las llamadas funciones ejecutivas, aparecen de manera consistente en los cuadros de estrés crónico. Las funciones ejecutivas, para decirlo en criollo, son las que nos permiten organizar el día, planificar, priorizar y pasar de una tarea a otra sin perdernos. Otro estudio, publicado en 2024 en la revista Neurobiology of Stress, agregó que la exposición prolongada puede afectar la memoria de trabajo, es decir, la que usamos para retener un número de teléfono mientras lo marcamos, y también la flexibilidad cognitiva y el control de la conducta, dos habilidades que damos por sentadas hasta que empiezan a fallar.

“El problema aparece cuando la respuesta de estrés no logra apagarse. En ese punto, el cerebro deja de administrar bien recursos básicos: organizar, recordar, priorizar y responder con calma se vuelven tareas que consumen más energía que antes.”Leah Doane, profesora de Psicología de la Universidad Estatal de Arizona

Una de las razones por las que este cuadro pasa tan desapercibido es que la continuidad de la rutina actúa como señal engañosa. Alguien puede seguir llegando a tiempo al trabajo, respondiendo mensajes al minuto y cumpliendo con todos los compromisos, aunque por dentro esté conviviendo con un sueño fragmentado y con una tolerancia cada vez menor a la frustración. Es el famoso caso de la persona que, como María, "llega a todo pero no llega a nada": por fuera la vida sigue, por dentro algo se está gastando.

El llamado "modo supervivencia" y por qué importa el patrón más que el nombre

En los últimos tiempos empezó a circular en espacios de bienestar y en notas de divulgación el concepto de "modo supervivencia", una expresión que no es un diagnóstico clínico, pero que a mucha gente le sirve para ordenar señales que, tomadas por separado, parecen insignificantes. Lo que importa, coinciden los especialistas, no es el nombre que le pongamos al estado, sino el patrón: dormir peor varias semanas seguidas, que la concentración ya no es la misma, notar que la irritabilidad se volvió más frecuente o sentir que el cuerpo está en tensión permanente. Si esas señales se sostienen en el tiempo, conviene tomar el tema en serio y conversar con un profesional de la salud, porque la detección temprana es la que marca la diferencia entre una etapa agotadora y un desgaste que puede terminar afectando la salud física y mental.

Antes de cerrar la libreta paso otra vez por lo de María, que ya está desayunando con su madre mientras mira de reojo el celular lleno de mensajes del trabajo. El viento afuera sigue fresco y la mañana todavía está gris, pero algo cambió en su cara cuando se lo dije, en buen tono, casi como un consejo de vecina: "No es flojera, y no es la edad, es una señal de que el cuerpo te está pidiendo bajar un cambio". Me mira, se queda un segundo en silencio, y me responde con la media sonrisa de quien sabe que tiene que hacer algo al respecto pero todavía no sabe por dónde empezar. Le sugiero que empiece por la consulta médica postergada y por contarle a alguien de confianza lo que siente. A veces, el primer paso es el más difícil.

MV
Marta VillalbaSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo