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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cortisol bajo la lupa: qué hace esa hormona en el cuerpo y por qué no conviene obsesionarse con ella

Endocrinólogos consultados sostienen que la sustancia que las redes presentan como villano es clave para sobrevivir el día; solo una exposición sostenidamente alta configura un cuadro clínico identificable, muy distinto a la preocupación habitual por el estrés cotidiano.

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Marta VillalbaSociedad · · 3 min de lectura
Cortisol bajo la lupa: qué hace esa hormona en el cuerpo y por qué no conviene obsesionarse con ella

Son las siete y media de la mañana en un café de la calle San Martín, en San Isidro, y María, que hace cuarenta años atiende el mostrador, ya lleva servidos tres cortados y dos medialunas. Mientras acomoda las tazas en la barra, me dice, sin que le pregunte, que ella no se mueve de ahí hasta que el cuerpo le pide parar: "Yo duermo poco, me levanto con los ojos abiertos y a las seis ya estoy cortando facturas; debe ser el cortisol alto, ¿no? Lo leí en una nota de Internet". La escena parece menor, pero condensa un fenómeno que terminó de instalarse en las conversaciones de sobremesa: la moda de endilgarle al cortisol casi cualquier mal del siglo, desde la panza persistente hasta el cansancio crónico, y de buscar soluciones exprés para domeñarlo.

Una hormona con horario, no una enemiga silenciosa

Antes de entrar en los mitos conviene ordenar qué es, fisiológicamente, el cortisol. Se trata de una hormona que fabrican las glándulas suprarrenales, dos estructuras pequeñas que tenemos apoyadas sobre los riñones. Su tarea es bastante más amplia que la de "generar estrés": participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a sostener la presión arterial; modula la respuesta inflamatoria y la actividad del sistema inmunitario; y tiene un papel central en el ciclo de sueño y vigilia. Sus niveles no son parejos a lo largo del día: trepan hasta un pico entre la madrugada y la mañana temprana y van bajando durante la tarde y la noche, siguiendo el ritmo circadiano que también gobierna la temperatura corporal o la secreción de melatonina.

María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, suele poner un ejemplo doméstico para graficar el asunto. "Si alguien se mide el cortisol justo antes de rendir un examen, es probable que le dé más alto de lo habitual, y eso forma parte de la adaptación fisiológica al estrés, no de una enfermedad", sostiene. La aclaración es importante porque muchas personas llegan al consult convencidas de que un valor puntual alterado ya es diagnóstico, cuando en realidad puede reflejar una mañana agitada, una noche en blanco o una discusión familiar.

El cuadro clínico real y los límites de la preocupación

El problema verdadero tiene nombre propio: síndrome de Cushing. Aparece cuando el cuerpo queda expuesto, durante mucho tiempo, a niveles excesivamente altos de cortisol. En esa situación el ritmo circadiano se desarma y los valores pueden ser igual de altos a la tarde o a la noche que a la mañana. El cuadro es poco frecuente y obedece a causas identificables, que van desde un tumor productor de corticotrofina hasta el uso crónico de ciertos corticoides en dosis altas, algo que el médico evalúa caso por caso.

"Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico", precisa Mallea Gil en línea con lo que repiten sus colegas de distintos países. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, fue igual de tajante al describir como una exageración al famoso cortisol cocktail, una preparación que mezcla jugos naturales, sales y, en algunas versiones, suplementos. Ciertos ingredientes pueden consumirse sin riesgo, reconoce la literatura, pero no existe evidencia científica que respalde un efecto directo sobre las glándulas suprarrenales ni sobre la concentración de la hormona en sangre.

Volvamos a María, en su barra de San Isidro, mientras acomoda la máquina de café y se seca las manos en el delantal. Le cuento que el pico matutino es esperable y que la actividad que ella misma describe, madrugar y empezar a cortar facturas antes de que salga el sol, es justamente la rutina de alguien que aprovecha esa curva hormonal en alza, no la víctima de un desorden. Ella se ríe, acepta el cortado que le sirven y, mientras limpia la bandeja, reflexiona en voz alta: "Entonces la culpa no es del cortisol, sino de Internet". Tiene más razón de la que parece: mientras la ciencia siga investigando con ensayos serios, lo prudente es escuchar al cuerpo, no a un reel de cuarenta segundos.

MV
Marta VillalbaSociedad

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